Mario Lettieri y Paolo Raimondi, desde Roma
El continente africano tiene su propia agencia de calificación de riesgo crediticio, la Sovereign Africa Ratings (SAR). Esta es una importante novedad en el panorama financiero africano, y no solamente de ahí.
La SAR fue creada en África del Sur por iniciativa de un grupo de empresarios locales con el objetivo de contrarrestar las acciones especulativas y la dependencia hacia las tres principales agencias estadounidenses, Moody’s, Fitch y Standard & Poor’s.
El modelo de calificación de crédito de la SAR
Abarca una serie de variables clásicas, los consabidos aspectos fiscales, económicos, monetarios, ambientales y de gobernabilidad, cambios climáticos y crecimiento del PIB. El elemento innovador reside en el hecho de atribuir un peso significativo a la riqueza mineral del territorio como un indicador adicional de desempeño. Por lo tanto, no solamente las fuentes de energía, sino también las materias primas escondidas en las entrañas del continente –oro, diamantes, cobalto, cobre, zinc y las llamadas tierras raras.
Hasta hoy, los países africanos han sido perjudicados por los criterios y los grados concedidos por el oligopolio conformado por las “tres hermanas” estadounidenses, quienes controlan 95% del mercado global de calificación. Las tres son empresas privadas cuyo capital social es controlado por grandes fondos de inversión.
En 2022, ellas divulgaron calificaciones de solvencia bastante negativas para los títulos africanos, tanto de gobiernos, como de privados. Sus evaluaciones se basaron en previsiones insuficientes y muy superficiales. Los gobiernos, comenzando por el de África del Sur, reclamaron las políticas invasivas de las agencias estadounidenses.
Las rebajas llevan al aislamiento financiero
Con un efecto devastador en las economías. De hecho, es conocido que una calificación baja incide en la necesidad de ofrecer tasas más elevadas para obtener crédito o colocar títulos en los mercados. De igual manera, debilita la oferta de capital por inversionistas extranjeros. Para los gobiernos, esto implica alternativas muchas veces impopulares: transferencia de fondos presupuestales de gastos sociales para el servicio de la deuda pública, por ejemplo.
Las rebajas generalmente aumentan el costo de los especuladores de commodities y multinacionales, lo cual se traduce en pobreza, inestabilidad social y subdesarrollo.
La calificación de crédito de S&P para África del Sur es BB- con perspectiva positiva. BB- es equivalente a “basura” (“junk”, en la jerga de los mercados). En consecuencia, sus títulos son considerados especulativos. Los bancos centrales, tipo Banco Central Europeo (BCE), no aceptan títulos con esa calificación como garantía. Las aseguradoras y los fondos de pensiones no pueden comprarlos y están obligados a deshacerse de los que poseen.
En lugar de esto, la SAR atribuyó a África del Sur la calificación BBB (grado de inversión, digno de inversión), lo mismo que la S&P concede a Italia.
David Mosaka, director de calificación de SAR, cree que la economía de África del Sur está creciendo a una tasa de 1.9% en el año y 1.4% en 2023, lo cual ciertamente no favorece el empleo y los nuevos ingresos fiscales. Sin embargo, el piensa que una perspectiva de evaluación diferente de la del pasado puede contener los impulsos especulativos. En la medida en que la agencia crece en los mercados internacionales, podrá producir evaluaciones para los países africanos, a fin de reducir la depreciación de las “commodities” y de las economías nacionales.
El 15 de mayo pasado
El presidente de Senegal, Macky Sall, actual presidente de la Unión Africana, también pidió la “creación de una agencia pan-africana de calificación financiera”.
Según dijo, la calificación de las agencias internacionales es muchas veces arbitraria, exagerando el riesgo de invertir en África y aumentando el costo del crédito. Sall denuncia que por lo menos 20% de los criterios de evaluación de los países africanos son “factores culturales o lingüísticos bastante subjetivos, inadvertidos a los parámetros medidores de la estabilidad de una economía.
La iniciativa de África del Sur se inserta en los programas de los BRICS, del cual el país es parte. Una de sus iniciativas es la creación de una agencia de calificación del grupo. Es también una lección de independencia y emprendurismo con relación a la Unión Europea, donde, después de la gran crisis de 2008, en la cual las “tres hermanas” desempeñaron un papel central y nefasto, se habló mucho de la creación de una agencia de calificación europea, pero la intención se quedó en el papel. Se ignoran los motivos.

