Bolivar Hernandez*
Hace muchos años, en México usaba camisas con cuello tipo Mao, y en colores llamativos. Y visitaba con frecuencia a una amiga que tenía un restaurante hindú que ofrecía deliciosa comida.
Si bien los clientes eran en su mayoría mexicanos, a veces había ahí algunos comensales hindúes.
Me hicieron muchas reverencias y entonaron cantos en mi honor, siempre con las manos juntas a la altura de sus corazones.
Mi amiga, que sí hablaba su idioma, me tradujo las palabras de estos seguidores de aquel gurú, que no era yo.
Cuando veo fotografías de la India y su gente, observo que yo podría ser uno de ellos…
*La vaca filósofa.
