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El día que me vi con Pinochet y los Chilmex

falco
Bolivar Hernandez*
Hace 32 años estaba viviendo en Santiago de Chile, trabajando como agregado de prensa en la embajada de México en ese país sudamericano.
Habían concluido 18 años de dictadura después de un golpe de estado ocurrido el 11 de septiembre de 1973, donde fue derrocado el compañero presidente socialista Salvador Allende, por parte de los militares encabezados por el general Augusto Pinochet.
En el plebiscito que convocó Pinochet para consultar al pueblo chileno, si querían que él continuara gobernando o no, el veredicto en las urnas fue un rotundo NO.
Pinochet previó ese posible resultado del plebiscito y se aseguró que en caso de que el No triunfara, él sería entonces el Comandante supremo de las Fuerzas Armadas.
Cuando llegué a Chile
Había una incipiente democracia bajo el mandato del presidente constitucional, el demócrata cristiano Patricio Aylwin, pero aún se respiraban aires de dictadura.
La gente se movía silenciosamente en la vía pública y en el transporte colectivo, era impresionante observar a ese pueblo receloso, desconfiado, poco comunicativo, con una actitud hermética.
Por cierto, no había vida nocturna, ya en democracia, por un acto reflejo de tantos estados de sitio del pasado.
México abrió de nuevo las puertas de su embajada, después de 18 años de la dictadura de Pinochet, y fue Venezuela el país que nos representó durante todo ese periodo. Nos tocó hacer la apertura de las relaciones diplomáticas entre México y Chile en el año 1990, una vez que ganó la presidencia Patricio Aylwin.
El mes de septiembre está cargado de fechas simbólicas importantes para los chilenos, el 18 se conmemora la fiesta nacional, la independencia alcanzada en el año 1811.
El excelentísimo embajador de México en Chile fue el diplomático de carrera, don Horacio de la Peña, con quien tuve una relación muy cercana y un trato preferente hacia mi persona.
Nuestra fiesta de independencia
La ceremonia de El Grito, el 15 de septiembre, la celebramos con una gran fiesta en la residencia oficial de la embajada mexicana, en el elegante barrio de Las Condes. Los invitados fueron los mexicanos residentes en Chile y los chilenos retornados de México, que eran mayoría. Los denominados Chilmex, exiliados con hijos o parejas mexicanas que volvieron a su país .
En la ceremonia del 15 de septiembre de 1990, el embajador me solicitó enarbolar la enseña nacional mientras él pronunciaba la arenga patriótica, con los consiguientes gritos de ¡Viva México!, por tres veces sucesivas.
Para las fiestas patrias chilenas, el día 18 del mismo mes de septiembre, el cuerpo diplomático acreditado en Chile fue invitado por el presidente de la República, Patricio Aylwin, a acompañarlo a los festejos militares en el Parque O’Higgins.
El embajador mexicano me pidió acompañarlo al festejo, y yo acepté gustoso, aunque debo confesar que los desfiles militares me producen cierta alergia, que no alegría.
En este caso nos instalamos en la tribuna principal del Parque O’Higgins frente a una calzada extensa, donde ocurren los desfiles militares tradicionalmente.
Llegamos muy temprano al festejo militar, vestidos de traje negro, tanto hombres como las mujeres también.
En primer lugar, un desfile de la Fuerza Área Chilena, la FACH, aviones volando a baja altura sobre nuestras cabezas.
Y empezó el desfile del ejército, la marina, y la fuerza aérea y de los Carabineros. Tropas de infantería con un armamento sofisticado y moderno.
Según comentaban los funcionarios chilenos ahí presentes, que Chile tiene un ejército mejor dotado que el argentino o el peruano, que son sus enemigos históricos.
Un largo y aburrido desfile de soldados
Eso sí, muy disciplinados y bien uniformados, vistosamente, como los soldados prusianos del siglo XIX.
Después de varias horas sentados en el palco de honor, el embajador mexicano y yo, nos percatamos que que en la primera fila de la tribuna estaba el general Augusto Pinochet, al lado derecho del presidente de la República, Patricio Aylwin, y todo el gabinete civil y militar en pleno.
Me dice el embajador:
Al terminar el desfile, tendremos que saludar al presidente y al general Pinochet, no me agrada eso. Aprovechemos el momento de la culminación del desfile militar y nos escabullimos de aquí, sugirió el embajador.
En el tumulto que se produjo para la salutación al general Pinochet
Aprovechamos para emprender una huida veloz hacia el auto de la embajada mexicana, y así fue como no saludamos de mano al dictador chileno.
En esta ocasión pude constatar la admiración y la simpatía del pueblo chileno hacia Pinochet, ya que una multitud estaba presente en el Parque O’Higgins, aclamándolo y lanzando vivas al general y al ejército.
Y 32 años después, la constitución del gobierno militar sigue vigente en Chile, porque la sociedad no aceptó la nueva constitución política en un plebiscito reciente.
Vendrán tiempos mejores y se abrirán nuevamente las alamedas.
*La vaca filósofa.
Foto: falco
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