Bolivar Hernandez*
En mi vida, larga vida, he tenido algunos tropiezas económicos debido a periodos cortos de desempleo, nunca por deudas ya que procuro comprar solo lo necesario e indispensable en efectivo, jamás en cuotas.
La peor temporada de carencia de dinero fue durante mi etapa de estudiante universitario. En esa época ganaba 575 pesos mensuales como ayudante de investigación en el recién estrenado Museo de Antropología en el Bosque de Chapultepec.
Yo caminaba todos los días una distancia kilométrica entre mi casa y la escuela, porque no me alcanzaba para el autobús. Viví en muchas casas de estudiantes en las colonias Roma y San Miguel Chapultepec. En esas pensiones estudiantiles, negocio de viudas, vivía mal en cuartos dobles o triples, sin ninguna privacidad, y comía poco y nada nutritivo.
Ahí aprendí a sobrevivir al estilo de San Francisco, con austeridad absoluta, sin lujos
Esta historia que relató a continuación tiene que ver con mi pasión por la Ópera, actividad musical que es muy costosa para sus seguidores.
Durante muchos años, mi amistad con una soprano y su marido, el pianista de la compañía nacional de Ópera, me permitía obtener gratuitamente boletos para toda la temporada de la Ópera en el Palacio de Bellas Artes.
Y no siempre en la luneta sino en el tercer piso. Yo feliz en cualquier sitio de Bellas Artes.
Veinte años después, mi amiga la soprano y mi amigo el pianista, se separaron para siempre, y también se jubilaron como músicos de esa compañía nacional de la Ópera. Se me acabó la fiesta gratis y el deleite por el bel canto.
Ahora me tocaba a mí comprar los boletos de la temporada a precios exorbitantes para mi apretado presupuesto de hombre soltero, recién divorciado.
Después de mi último divorcio, pues encontré al amor de mi vida, una vez más. Y pues vivo un tórrido romance y que vuelvo a cometer un nuevo matrimonio, que reconozco era una debilidad mía. Me caso por enésima vez, y juré no volverlo a hacer…
Mi nueva esposa era amante de la música clásica, pero no de la Ópera. La convencí que me acompañara a Bellas Artes, y yo muy contento.
Llegó la temporada de la Ópera y yo deseaba no perderme ninguna función y me puse a ahorrar para tal fin. Estaban muy caros los boletos para el tercer piso, que se supone son los más baratos. Ahorré y ahorré y no lograba juntar lo de los dos boletos.
Igual, me fui a buscar los ansiados boletos del tercer piso, y no traía completo el importe de ellos, me faltaban como 500 pesos.
Llegué al palacio de Bellas Artes y la fila era inmensa; primero la recorrí entera con la ilusión de encontrar a una cara conocida, un amigo, y nada.
Y ahí mismo tomé la decisión de pedir limosna para tan noble fin:
Ver la Ópera Turandot. Me armé de valor, y empecé a caminar viendo los rostros de posibles donantes, y veía puras caras duras. Después de dos horas logré reunir la cantidad total de los dos boletos. Varios se sorprendieron de mi insólita solicitud y me dieron buenas cantidades de dinero.
Llegó el ansiado día de la inauguración de la temporada de la Ópera, y nos presentamos mi amada esposa y yo, muy arregladitos para la ocasión.
Subimos hasta el tercer piso, y una acomodadora nos llevó hasta nuestros asientos, le di las gracias y ni un solo peso le pude dar, no traía.
El tercer piso tiene las butacas en tal grado de inclinación que produce mareo ver hacia el escenario.
Empieza el primer acto, avanza, yo encantado, y ella, mi mujer, con sus manos sudorosas agarra las mías.
Y viene ahora el desenlace inesperado
–Mi amor, tengo vértigo, me quiero desmayar o tirarme al vacío, me dijo mi esposa al oído.
-¡Vámonos ya!, alcanzó a decir mi amada y ya estaba lejos de su asiento.
Salimos a la calle, ella con la respiración entrecortada y con las manos sudorosas, y yo, furioso y con deseos intensos de ahorcarla ahí mismo.
Nos subimos a un taxi, porque esa noche llovía torrencialmente, y nos fuimos a casa sin dirigirnos la palabra.
Se me acabó el gusto por la Ópera, nunca jamás volví a Bellas Artes, y después me divorcié de mi mujer de entonces, por incompatibilidad en géneros musicales.
*La Vaca Filósofa
