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El dilema de Movimiento Ciudadano: ¿Pensar en los sinaloenses o ser comparsa de Morena?

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A pesar de avanzar como la puntera de la 4T, la senadora Imelda Castro absorbe el desgaste de la crisis de seguridad y el freno económico, abriendo una ventana de oportunidad real para un frente único del PRI, PAN y PAS capaz de arrebatarle la gubernatura si logran articular una estructura territorial unificada.

Juan Manuel Acuña Salomón*

Rumbo a la sucesión gubernamental de 2027 en Sinaloa, el tablero político empieza a definir a sus jugadores principales. Al frente de la carrera dentro del oficialismo se ubica la senadora Imelda Castro, posicionada como la figura de mayor relieve dentro de la Cuarta Transformación local. Sin embargo, su perfil de puntera dista mucho de ser un cheque en blanco; avanza sobre un terreno minado de vulnerabilidades políticas y riesgos de desgaste.

El principal reto de Castro radica en su condición de estandarte partidista: Absorbe de manera directa la insatisfacción social generada por la crisis de seguridad y el freno económico que atraviesa la entidad. Aunque ha buscado proyectar matices de independencia respecto al gobierno de Rubén Rocha Moya, para el electorado resulta inviable disociar a las figuras visibles de Morena del bloque institucional que hoy ejerce el poder.

A este desgaste se le suma el frente interno. Su vertiginoso posicionamiento ha desencadenado fricciones y el inevitable fuego amigo en la disputa por las candidaturas municipales en los ayuntamientos clave. Paralelamente, la sobreexposición de su imagen mediante activismo territorial, le ha valido denuncias por presuntos actos anticipados de campaña, erosionando su narrativa de apego a la legalidad.

Es en los centros urbanos más poblados —como Culiacán y Mazatlán— donde estas fisuras son más evidentes. Ahí, la clase media y el sector empresarial concentran un voto de protesta alimentado por el impacto directo del entorno de inseguridad en la vida cotidiana y el comercio.

La Gran Alianza: El camino para cambiar el escenario

¿Qué sostiene entonces la candidatura de Imelda Castro? Un balance pragmático: El respaldo de los programas sociales, la estructura del aparato gubernamental y una alta capacidad de movilización para el día de la elección. Sin embargo, la narrativa oficialista que presenta su triunfo como un hecho consumado, descansa en una premisa frágil: La parálisis de la oposición.

Si los partidos opositores (PRI, PAN, MC, PAS) junto con la sociedad civil organizada concretan una Gran Alianza, las probabilidades de que Morena pierda la gubernatura en 2027, aumentan considerablemente, transformando un trámite en una contienda altamente disputada.

La conformación de este frente único cambia las reglas del juego bajo tres premisas fundamentales:

  1. Una candidatura única elimina la dispersión del electorado inconforme. La ciudadanía ya no dudaría sobre dónde colocar su voto; Imelda Castro dejaría de competir contra múltiples voces divididas para enfrentar una narrativa unificada que concentre la responsabilidad del deterioro estatal en la marca gobernante.
  2. Una alianza amplia, respaldada por la estructura de varios partidos y el sector productivo, adquiere la capacidad logística indispensable para movilizar recursos, blindar y fiscalizar las casillas en los 20 municipios, neutralizando los excesos de la maquinaria oficial.
  3. Frente a una contienda cerrada y competitiva, los grupos internos de Morena inconformes o relegados por la designación de Castro tendrán incentivos para cruzarse de brazos o negociar espacios locales por debajo de la mesa, fracturando la disciplina del oficialismo.

De concretarse este bloque unificado, la discusión central se traslada a la definición del perfil idóneo para encabezarlo. En la mesa opositora destacan dos nombres con la mayor tracción política: Mario Zamora Gastélum y Paola Gárate Valenzuela.

Mario Zamora: Es actualmente el perfil de la oposición con mayor nivel de conocimiento, estructura propia y arraigo en los sectores productivos del estado, Sin embargo, su principal obstáculo podría no ser político, sino normativo e institucional: El factor género.

Paola Gárate: Si bien registra un nivel de conocimiento inicial menor en comparación con Zamora, su posición como figura competitiva la coloca en el punto exacto para capitalizar la regla de paridad. Si el escenario nacional o las negociaciones de bloque obligan a postular a una mujer en Sinaloa para confrontar directamente la candidatura de Imelda Castro, Gárate se convertiría en la opción natural y estratégica de la Gran Alianza.

Y no podemos dejar de mencionar a Paloma Sánchez por cuestión de género y arropada por el comité estatal y nacional. Pero con mucho menos trabajo territorial.

La percepción que se respira en el día a día —en los cafés, las calles y las conversaciones cotidianas de Sinaloa— no coincide con la versión triunfalista del poder. Hay un desencanto latente y una búsqueda activa de contrapeso.

Si la oposición logra superar los cálculos individuales, resolver el ajedrez del género y estructurar esta Gran Alianza, la narrativa de la invencibilidad de Morena quedará al descubierto. En un escenario de unidad total, la posibilidad de que la oposición obtenga el triunfo —con un margen modesto pero suficiente e indiscutible—, deja de ser una hipótesis teórica para convertirse en un escenario real.

Esta alianza a nivel estatal ya está casi planchada solo quedaría el factor MC con su negativa de ir en alianza. Si persiste ir como comparsa de Morena, podría cargar con el estigma de que por su negativa se no se pudo lograr la victoria.

Imágenes: Pixabay/Gemini
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