Bolivar Hernandez*
La fiesta patriótica denominada El Grito, se celebra en México y en todo el mundo donde hay consulados y embajadas de nuestro país y ocurre en la noche del 15 de septiembre, recordando la arenga del cura Miguel Hidalgo y Costilla, que llamó a la rebelión popular y poder iniciar la guerra de independencia de España.
Ciudadanos mexicanos hay en todo el mundo, pocos o muchos, pero celebran las fiestas patrias de septiembre. Acuden a los recintos de los consulados y embajadas para festejar El Grito, junto al cuerpo diplomático mexicano, quienes encabezan esos festejos oficiales.
Se canta el himno nacional y se grita el Viva México con fuerza, tres veces. Después hay un convivio con antojitos típicos y con música de mariachi en vivo o en forma virtual.
He tenido la fortuna de estar en la ceremonia de El Grito en el zócalo capitalino en el centro histórico de la Ciudad de México, y en otras plazas públicas de la República mexicana; y también en varios países de centro, Sudamérica y en Europa.
La historia que voy a relatar transcurrió en Atenas, Grecia
Tuve el honor de ser invitado por el embajador mexicano acreditado en Grecia, a festejar la ceremonia de El Grito en nuestra embajada, en la tierra de Sócrates.
Esa noche del 15 de septiembre en los años 80 del siglo pasado, acudí contento a la fiesta mexicana en nuestra representación diplomática.
La ceremonia oficial es un acto breve, lleno de arengas con el típico grito de Viva México, que los connacionales repiten con fuerza y vehemencia. La bandera nacional ondea en manos del embajador o cónsul, según el país.
Lo que llamó poderosamente mi atención en la embajada de México en Atenas, fue la gente convocada ahí, eran muchas mujeres y niños, y en lugar de un mariachi había conjuntos musicales jarochos, veracruzanos.
Varias horas después de la ceremonia de El Grito
La fiesta continuaba con mucho ardor y energía, y nuestros paisanos estaban eufóricos. Bailé los sones jarochos, La Bamba, y otras canciones conocidas.
Al concluir la fiesta conversé con el embajador y le pregunté por el origen de nuestras paisanas, veracruzanas, que eran la mayoría de los asistentes.
Me contó que la razón de que hubiera muchas veracruzanas en Grecia, era debido a que la mayoría de las tripulaciones de las marinas mercantes eran griegos, y muchos barcos con banderas internacionales cuentan con marineros griegos, y estos gustan de desembarcar en los puertos mexicanos, en particular en el Puerto de Veracruz.
Los marineros buscan diversión y compañías femeninas en cada puerto, y en Veracruz muchos marineros griegos se enamoraron y se casaron con mujeres jarochas, a las que se llevaron a vivir a Atenas.
Estas veracruzanas eran mujeres que trabajaban en bares, cantinas y centros nocturnos del Puerto de Veracruz. Mujeres morenas, curvilíneas, de pelo ensortijado, y con gracia al hablar y al bailar.
Hace más de 40 años de esa experiencia griega, y la recordé ahora, em vísperas de la noche de El Grito, y que en esta ocasión la habré de celebrar en la embajada de México en Guatemala.
*La vaca filósofa.
