Pie Grande o el Yeti es una criatura gigante parecida a un simio que algunos creen que vaga por Norteamérica. En Australia tienen a Yowie y en los Andes a Kunk. Son parte de las leyendas de la cultura popular.
Bolivar Hernandez*
Por principio de cuentas me defino como un hombre tropical, sobre todo en mi carácter. El frío no es lo mío, definitivamente.
Nací en el Distrito Federal, en la República mexicana, que es el altiplano central del país, frío es su clima preponderante. Su altitud es superior a los 2 mil metros sobre el nivel del mar.
Siendo muy niño fui dar al pueblo de mi padre, Cuilapa, Santa Rosa, Guatemala; un pequeño poblado situado en la boca costa, a poca altitud sobre el nivel del mar, apenas 200 metros. Mucho calor en todo el año.
Estuve viviendo después en la Ciudad capital de Guatemala, situada en una altitud de 1,500 metros sobre el nivel del mar, clima templado tirando a caluroso.
Mi paso de la adolescencia ocurrió en la segunda ciudad del país, Quetzaltenango, en el montañoso occidente del país, a 2,433 metros sobre el nivel del mar, con un clima extremadamente frío.
Mis estudios de secundaria los cursé en el INVO, Instituto Nacional para Varones de Occidente; al principio vivía muy lejos del colegio y tenía que caminar por la Ciénega, un terreno extenso, cubierto de neblina todo el año por las mañanas, y con un clima extremadamente helado.
Toda la gente de la ciudad de Quetzaltenango, de población mayoritariamente indígena, andan cubiertos con ropa abrigada, y los varones no sacan jamás las manos de los bolsillos del pantalón , y resoplan un vaho al hablar. Ahí estuve tres años, y luego partí a estudiar a la Escuela Normal Rural, situada en la población indígena de Chimaltenango, situada a 1,800 metros sobre el nivel del mar, con un clima frío.
En la escuela normal nos levantaban a las 5 de la mañana a trabajar en la hortaliza y surtir de verduras a la cocina del plantel educativo. Mucha neblina y frío, y todos exhalando vaho por la boca al hablar y con las manos entumecidas por el clima helado.
Antes del desayuno, a las 6 de la mañana, teníamos que tomar un baño con agua fría, y después del desayuno a clases.
Terminé la normal y me gradué como maestro rural con honores
Me da el gobierno una plaza de maestro y director de una escuela rural en las faldas del Volcán de Acatenango, un sitio muy frío.
Enseguida me fui a vivir a la Ciudad de México, a más de 2,300 metros sobre el nivel del mar, muy fría. Me acostumbré a los vientos helados del defe.
En mis trabajos de campo como antropólogo, me tocó estar en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, por unos dos años, una ciudad con un calor infernal.
En Montreal, Canadá, experimenté el frío mas extremo, 30 grados bajo cero. Nunca volví a ahí, por los rigores del invierno.
En Chile, viví en Santiago, junto a Los Andes nevados. Frío severo, se me helaban los pies por lo helado del piso. Vestía con ropa de invierno, bufanda, abrigo, guantes, ropa interior de franela.
Y finalmente, en una estancia en Europa, los fríos eran insoportables en París y en España, particularmente en Salamanca.
En mis 77 años he vivido más en climas fríos o templados que en regiones calurosas. Y no me acostumbro al frío invernal.
En la finca donde vivo actualmente hace calor, excepto ahora, en diciembre y enero, pero es soportable con un buen suéter.
¡Hasta pronto, friolentos como yo!, beban un té caliente, abríguense muy bien, y respiren hondo y profundamente. Y den gracias el no haber nacido en Alaska, dicen que el clima es extremoso.
*La vaca filósofa.
