Rubén Darío Reyes*
Miremos algunas definiciones sobre el libro que nos ofrece la web: término que procede del latín líber, referida al material vegetal del que se confeccionaban los libros en la antigüedad. Se trata de un tipo de obra pintada o impresa en pergamino, vitela, hojas de papel o cualquier otro material que sea ideal para la lectura.
Miremos esta otra definición: Un libro es el conjunto de hojas de papel, vitela, u otra sustancia, manuscritas o impresas, colocadas en el orden en que se han de leer, y que reunidas o encuadernadas forman un volumen. Pueden contener textos, imágenes, dibujos o música. (https://conceptodefinicion.de/libro/)
Hace ya algún tiempo
Que los libros llamados E-book aparecieron en escena. Rápidamente algunos pensaron que la era del libro físico había concluido.
¿Para qué cargar con cerros de papel y libros que generan peso y polvo si es posible tener toda la biblioteca en un dispositivo de lectura que cabe en mi bolsillo?
Bien, digamos que ha pasado ya algún tiempo de esto y el libro físico sigue vigente. Su duración media de vida es muy larga; además, es un objeto que se puede conservar y consultar sin ningún límite. En el libro yo puedo realizar una consulta ágil, ya que puedo pasar las hojas con mucha facilidad hacia adelante y hacia atrás; consultar fácilmente a partir del índice y almacenar en la memoria el avance en el que encontramos información relevante.
Para mí, es mucho más fácil sumergirme en libro físico, porque me permite explorar a través del tacto de sus hojas un mundo el cual mi imaginación empieza a describir gracias a todos estos elementos que aparecen alrededor del libro, su color, el peso, el olor, la textura, el sentir las letras escritas hacen que mi experiencia con la lectura sea más cercana.
Poder subrayar la obra, tomar notas y pegar notas a lo largo de la misma, resulta muy enriquecedor para el disfrute y el estudio posterior de la obra.
La sensación de recorrer un libro impreso, a través del tacto y su aroma, resulta placentero
La experiencia única de destapar ese libro que finalmente te encontró; de terminar un capítulo desgarrador, apasionante para luego colocarle un marcapáginas para citarte con la historia al día siguiente, para seguir donde te quedaste.
O cuando, al finalizar una lectura que no olvidarás, vuelves y lo dejas en la estantería, se quedan viendo como después de un pacto secreto y te vas, lo abandonas hasta su encuentro con el próximo lector.
Por eso el libro físico siempre se va a constituir como un objeto místico, mágico, imponente cuando entro a una librería o biblioteca simplemente es como entrar en otra dimensión. Me olvido de todos los problemas del exterior y solo trato de asimilar ese cumulo de información que me llega en fuertes dosis: Títulos, autores cubiertas, géneros y novedades… Y todo allí, en un mismo lugar, otros mundos; las bibliotecas están llenas de vida.
Debemos entender que al señor libro se accede por placer, una manera diferente de aprender. Una estimulación correcta, encontrar libros que se adecúen a mi necesidad. Libros que se ajustan exactamente a lo que busco y con lo que quiero encontrarme. Estoy seguro que el señor libro, siempre sabrá donde encontrarme.
*Director de eventos académicos del Instituto Cultural Iberoamericano.
-Profesor de Lengua Castellana y Literatura Gestor Cultural.
-Escribe artículos sobre Literatura y Educación y especialista en prueba saber ICFES.
-Experto en Literatura, desde Colombia.
