Los ecologistas, los ambientalistas, los “verdes”, los naturistas, todos han pegado un grito en el cielo.
Bolivar Hernandez*
La razón es sencilla de entender. Con la pandemia de COVID-19, el mundo entero se vio afectado severamente y las medidas sanitarias de las autoridades de salud que imponían a todos el uso de cubrebocas, provocó que millones de mascarillas se fueran a la basura diariamente por ser desechables y de bajo costo.
Todo el planeta se vio afectado por el nuevo virus y, por lo tanto, sus habitantes adquirieron la costumbre de usar tapabocas desechables. La mayoría de los 7 mil 730 millones de seres humanos portan una mascarilla como protección sanitaria.
Muy pocas son las personas que utilizan mascarillas de tela lavable, la inmensa mayoría traen en sus bocas una mascarilla azul celeste desechable.
Muchos de los desechos producidos por todas las sociedades van a parar a los ríos y, por consecuencia, a los mares.
De por sí, desde hace muchas décadas los océanos se han convertido en gigantescos depósitos de basuras. Existen enormes islas artificiales de basura tanto en el Océano Pacífico como en el Atlántico.
Cuando estuve en Europa en los años 80
Fui a la Costa Azul francesa, para ver y deleitarme con las playas nudistas. Y descubro con horror el mar Mediterráneo lleno de basura. Eso fue hace 40 años. Regrese más impresionado con el basurero marino, que con las chicas galas desnudas.
Recorriendo la costa atlántica de Honduras, descubro una inmensa isla de basura proveniente de Guatemala, desechos que vienen en el río Motagua y desembocan ahí.
En el Océano Pacífico existe una isla gigantesca de basura del tamaño de Nueva Zelanda.
Esa isla- basurero contiene automóviles y muchos electrodomésticos , producto de varios tsunamis ocurridos en esa región del mundo.
Cada año arrojamos al mar 8 millones de toneladas de plástico
Principalmente botellitas de agua embotellada. Estos desechos plásticos crean nano o micro plásticos que son ingeridos por la fauna marina y les ocasionan enfermedades o la muerte.
Recientemente, se han podido observar en la fauna marina a algunos animales con mascarillas enredadas en sus picos o cuellos.
El mejor desechó es aquel que no se produce
La responsabilidad del cuidado del planeta es de los gobiernos y de los individuos en la medida de sus posibilidades.
Vivimos, sin duda, en la era de lo desechable, todo se tira al bote de la basura. Hay una gran cantidad de objetos de plástico de uso inmediato y breve, como los popotes o pajillas para beber líquidos.
La consciencia ecológica sigue en pañales, no hemos entendido aún que es este planeta es nuestra casa, nuestro hogar, lo único que tenemos para vivir. ¡Cuidemos la casa de todos!
*La Vaca Filósofa
