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El mercado de ilusiones de las “finanzas verdes” se estampa contra el mundo real

cambio climático

La marcha atrás de la industria internacional del catastrofismo climático y de la estructura de las finanzas verdes, establecida en torno de ella, ya era una tendencia abierta antes del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. Con él, un enemigo declarado del alarmismo ambiental, el proceso se acentuó y resaltó lo que era evidente para muchos: La incompatibilidad entre el mundo real y la agenda de la descarbonización de la economía mundial para combatir el cambio climático.

MSIA Informa

Desde la tribuna de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en septiembre, Trump afirmó que el alarmismo climático era “la mayor estafa perpetrada en el mundo.”

Otras pruebas del reflujo pasaron casi desapercibidas, entre ellas la suspensión del impuesto sobre las emisiones de carbono por el gobierno del Primer ministro de Canadá, Mark Carney, en su primer acto de gobierno -recordando que él cuando exgobernador del Banco de Inglaterra y del Banco de Canadá, fue uno de los principales artífices de la estructura internacional de las “finanzas verdes.”

Sin embargo, la más simbólica de todas hasta ahora fue la auténtica vuelta en u de Bill Gates, quien en las últimas décadas había sido uno de los principales proclamadores del apocalipsis climático, no obstante acaba de admitir que los cambios climáticos no implican el fin del mundo.

Veamos otros efectos del choque de las ilusiones verdes con la realidad

1) A principios de octubre, la Net Zero Banking Alliance (NZBA) anunció el cierre de sus operaciones, cuatro años después de su creación. Según la organización no gubernamental Climainfo, la disolución de la principal entidad bancaria involucrada en el programa de descarbonización “fue provocada por la desbandada de las grandes instituciones financieras luego de la intensa presión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.” A finales de 2024, la NZBA agrupaba 141 bancos de 44 países, que sumaban activos por 61 billones de dólares.

2) Luego de décadas de promoción de la “descarbonización” y de la sustitución acelerada de los combustibles fósiles, la Agencia Internacional de Energía (AIE), ahora, afirma en su informe anual en preparación (World Energy Outlook), que es probable el aumento de la demanda de petróleo y gas natural en los siguientes 25 años. En el informe de 2024, la agencia todavía insistía en que la demanda de petróleo alcanzaría su pico en 2030, referencia de la que se apropió el aparato “descarbonizador” para justificar sus propuestas contra el progreso.

3) La consultora internacional Wood Mackenzie afirma, en su informe “Energy Transitión Outlook 2025-2026”, que el aumento acelerado de la demanda de energía y las tensiones geopolíticas crecientes hacen inviable la meta de “emisiones cero netas” (Net Zero) para 2050, como pretende el plan descarbonizador. Según el documento, pocos países, ninguno de los del G-7, están en camino para cumplir hasta 2030 las metas de emisiones anunciadas anteriormente.

En paralelo, el rápido crecimiento de la inteligencia artificial (IA) está generando una demanda inusitada de electricidad. En 2025, los centros de datos consumirán 700 terawatios-hora (TWh), con lo que superan a los vehículos eléctricos y podrían duplicar ese consumo en 2030, con lo que podrían provocar crisis de abastecimientos y aumento de tarifas, además de comprometer las metas de energía limpia para 2030.

La participación de la energía solar y eólica en la matriz eléctrica global creció de 5 por ciento a 20 por ciento en la última década y se espera que siga creciendo. Avanzar en la implantación de un sistema energético profundamente descarbonizado, sin embargo, es mucho más complejo que simplemente agregar megawats, afirma el vicepresidente de Wood Mackenzie, Prakash Sharma (“Petronoticias” 03/11/2025).

4) El sitio de internet Blackout News (01/11/2025) informa que 893 empresas, entre las que destacan grandes corporaciones internacionales, se retiraron de la Science Based Targets Initiative (SBTI), entidad que exige a sus miembros compromisos validados científicamente para establecer metas de emisiones alineadas con los patrones internacionales. Según la nota, un número creciente de ejecutivos empresariales está contemplando el retorno a la racionalidad económica, ya que las directrices climáticas que ignoran los factores limitantes técnicos y financieros ponen en peligro la viabilidad económica a largo plazo y debilitan la competitividad de muchas empresas. Aunque el número de renunciantes representa apenas el 7 por ciento de las empresas afiliadas, éste aumentará en función del momento adquirido por la tendencia “contra la descarbonización.”

La SBTI es una creación conjunta del World Resources Institute (WRI), el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), y el Pacto Global de las Naciones Unidas.

5) En Alemania, el país vitrina de los efectos negativos de la descarbonización y de la transición energética, crecen las advertencias sobre la rápida pérdida de la competitividad de las empresas del país, tanto de las grandes como de las pequeñas y medianas, a causa de los altos precios de la energía y de las tasas sobre el carbono.

El Consejo Europeo de la Industria Química (CEFIQ) está advirtiendo de un éxodo de grandes empresas de energía a países con costos menores, como Estados Unidos y varios países asiáticos. El CEO de Evonik, Christian Kullman, afirma que las tasa de carbono son “una amenaza existencial” para el sector (“Blackoout News”, 04/11/2025).

Las pequeñas y medianas empresas, pilar central de la economía alemana, han sido particularmente golpeadas por la escalada de los costos de la electricidad y de la energía. Un estudio encomendado por la Asociación Alemana de Cámaras de la Industria y del Comercio (DIHK) afirma que muchas de ellas corren el peligro del desplome financiero por los costos de la transición energética, en especial las de ingeniería eléctrica, manufactura de bienes de consumo y elaboración de alimentos.

6) La organización no gubernamental ActionAid denuncia que menos de 3 por ciento de la ayuda internacional dirigida a iniciativas y programas de corte de emisiones de carbono en países pobres, está apoyando en realidad a la “transición justa” de trabajadores y comunidades.

Divulgado en las vísperas de la conferencia climática COP30, en Belém (Puerto Alegre, Brasil), el informe Finanzas climáticas para una transición justa: Cómo fluyen las finanzas, representa un duro golpe al discurso falaz de la ayuda a los países pobres para que puedan reducir sus emisiones -y, en consecuencia, su imprescindible aumento de consumo de energía.

En las palabras de la coordinadora Teres Anderson: “Todo indica que la gente está siendo obligada a escoger entre un trabajo seguro y un planeta seguro. Estos proyectos no están ni siquiera cerca de tranquilizar a la gente de que no tienen que hacer esa elección (The Guardian, 03/11/2025).

El estudio evaluó 644 proyectos de mitigación de carbono financiados por dos fondos climáticos más grandes del mundo: 178 del Green Climate Fund (GCF) de las Naciones Unidas y 466 del Climate Invesment Funds, administrado por el Banco Mundial y por bancos de fomento regionales.

En total, los investigadores encontraron que tan sólo un dólar de cada 35 de los financiamientos se gastó en proyectos alineados afectivamente con las metas propuestas, alcanzando un monto de 630 millones de dólares a lo largo de más de una década -menos que lo que el multimillonario Jeff Bezos (Amazon) gastó en su yate de lujo, observaron.

Bert de Wel, coordinador de Política Climática de la International “Trade Union Confederation”, que no participó de la investigación, fue enfático en su comentario de las conclusiones: “Eso confirma lo que los trabajadores y sus sindicatos están viendo en muchos lugares: que las finanzas climáticas están determinadas por las necesidades de los investigadores y no de las personas afectadas por la emergencia.”

Fotos: Pixabay
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