abril 21, 2026

El país donde no se crece, donde la población es ‘liliputiense’

El país donde no se crece, donde la población es ‘liliputiense’

Bolivar Hernandez*
Guatemala es uno de los países de América Latina con peores índices de desnutrición infantil. Por lo tanto, su población es liliputiense, es decir de muy baja estatura, para no decir enana.
La UNICEF afirma que la población guatemalteca aumentó un centímetro de estatura en un siglo.
Desde mi tierna infancia me percaté de esa situación de que mis contemporáneos eran chaparritos. Los niños guatemaltecos tienen una talla de 10 centímetros menos que pequeños de otros países de la región.
Los adultos guatemaltecos expresan estas tallas promedio: en varones 1.64 y en mujeres 1.49 centímetros de altura.
La desnutrición infantil es más acentuada entre la población indígena, un 60 % de ella están mal nutridos.
En Guatemala, para combatir la desnutrición generalizada entre la población, sobre todo infantil, se fundó en 1947, el Instituto Nacional de la Nutrición en Centro América y Panamá, INCAP.
Unos de sus logros más importantes fue el haber desarrollado un atole, llamado INCAPARINA, que es una mezcla de harina de maíz, harina de soja, además con un poco de vitaminas y minerales y mucha azúcar. Se distribuye en todo el territorio nacional a bajo precio. Se deben tomar 4 vasos diarios.
Un dato curioso
La población nativa de Guatemala tiene intolerancia a la lactosa, y la leche les produce diarrea. Yo quise combatir la desnutrición de mis famélicos alumnos de la escuela rural que me asignaron recién graduado como maestro; conseguí una donación importante de leche en polvo y germen de trigo, preparé ese brebaje y se los di a los niños. Enfermaron todos con una diarrea galopante.
Soy intolerante a la lactosa, y a muchas cosas más en la vida
Pero les trasmití a mi descendencia la intolerancia a los lácteos. Mi hija Valeria sufrió muchísimo por no soportar la leche de vaca durante su niñez, y se me ocurrió pedir a mi familia guatemalteca me enviaran a México grandes cargamentos de INCAPARINA para esta criatura, y santo remedio.
Mi padre tenía alma de antropólogo y nos llevó a recorrer todo el país; él era además un patriota que luchaba por su pueblo oprimido, sobre todo el indígena guatemalteco, y deseaba que descubriéramos a estos habitantes de la civilización maya, que vivían, y viven, en niveles oprobiosos de miseria y desnutrición.
El agudo sentido de la observación, que en la carrera de antropología desarrollé aún más, me facilitó el darme cuenta de la realidad guatemalteca y sus miserias ancestrales.
Mis hijos, descendientes de un guatemalteco, viajaron a Guatemala a conocer dónde están sus raíces culturales y genéticas.
En un recorrido por el occidente del país, asiento de las poblaciones indígenas, tan sufridas por el conflicto armado, al grado de emigrar por miles hacía México y retornar muchos años después, mis hijos tuvieron la oportunidad de visitar las coloridas poblaciones mayas de hoy.
Mi hijo menor, el Boli jr , tenía entonces 9 años, y en el mercado de Chichicastenango nos encontramos muchos niños indígenas vendiendo artesanías, y al preguntarle a uno de esos pequeños por su edad, me dijo tengo 9 años, y era un niño que le llegaba a mi hijo al pecho, era muy bajito.
Fuimos en ese viaje al obligado recorrido por el lago de Atitlán, y al estar esperando abordar un barco para iniciar una travesía por ese lindo lago, estábamos en el muelle, y de pronto llegan varias lanchas repletas de indígenas niños y adultos, y nos admiramos de ver su baja estatura.
Al regreso a la capital desde Panajachel, Sololá
Era domingo y jugaba el club Barcelona de Cataluña, y los jóvenes indígenas portaban la camisola de ese club español, de la cual eran entisiastas seguidores. Y observamos que las camisolas del Barsa les cubrían casi todo el cuerpo, o eran enormes o ellos muy pequeños.
Últimamente ha florecido en Guatemala el negocio de la seguridad privada, y existen docenas de empresas privadas en dicho giro, razón por la cual se reclutan miles de indígenas para habilitarlos como guardias armados.
Observo que estos guardaespaldas y guardianes de la propiedad privada, utilizan uniformes muy grandes y las arnas largas son enormes en sus manos pequeñas.
Se ven ridículos y no infunden respeto entre la delincuencia, que está mejor armada y capacitada. A estos guardias privados es muy fácil que caigan abatidos por unas fuertes ráfagas de viento que por un ataque armado.
Para rematar con este tema tan delicado de la desnutrición de los guatemaltecos, ahora resulta que tenemos en aumento el número de individuos con sobrepeso por una mala alimentación, muchos paisanos están verdaderamente gordos.
Se nota mucho más este fenómeno de la obesidad entre los guatemaltecos deportados de los EU por indocumentados.
La comida chatarra prolifera en este país de desnutrición crónica, existen muchos Mc Donalds, pizzas y pollo frito, y son muchos aquellos que degustan estos productos con singular alegría.
¡Hasta pronto comedores compulsivos de lo que no alimenta!, cuiden su salud y su corazón que se esfuerza tanto en digerir tanta grasa.

*La vaca filósofa

Foto: cocoparisienne 

About The Author

Soy binacional México-guatemalteco, 77 años. Antropólogo, psicoanalista, periodista, ecólogo, ciclista, poeta y fotógrafo.

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