Ícono del sitio DiarioNoticiasWeb.Org

El papel singular de Estados Unidos en la guerra Rusia-Ucrania

Foto: robertwaghorn

Elisabeth Hellenbroich, desde Wiesbaden (Alemania)*

La editorial Wastend Verlag de Frankfurt acaba de publicar un libro del prominente político alemán Oskar Lafontaine, Amigo ¡es hora de largarse! Un llamado a la autoafirmación de Europa (Ami, it’s time to go! Plädoyer fur die Selbsthauptung Europas).

En su larga carrera, Lafontaine, de casi 80 años, fue ministro en varios gobiernos del Partido Social Demócrata (SPD) y presidente del estado federal de Saarland. Pasó luego del SPD a La Izquierda (Die Linke), partido que dejó este año.

Para explicar mejor que está en juego estratégicamente en el momento, Lafontaine concentra sus observaciones en Estados Unidos.

Washington actúa para seguir siendo la única potencia mundial. Lafontaine se refiere a que, en muchos documentos estratégicos de Estados Unidos, sobre los cuales nadie en Alemania quiere hablar, está documentado inequívocamente que “los rivales emergentes deben ser contenidos,” como decretaba la doctrina Wolfowitz de 1992 (luego del desplome de comunismo:

Nuestro primer objetivo es impedir el surgimiento de nuevos rivales, sea en el territorio de la antigua Unión Soviética o en otro lugar, rivales que puedan representar una amenaza semejante a la de la antigua Unión Soviética.

Los rivales actuales de EU

Según Lafontaine, son Rusia, cada vez más China y, desde el fin de la Segunda guerra mundial, también Europa. Sin embargo, Europa siguió los dictámenes de Washington, aún en detrimento de ella misma. Alemania, la economía más importante del Viejo continente, ha sido golpeada de forma particularmente dura y siempre fue “el objetivo declarado de Estados Unidos impedir la unión de la tecnología alemana con las materias primas rusas.”

¿Qué hace Estados Unidos para mantener a sus rivales reprimidos? Los provocan constantemente, atizan conflictos y hacen todo para debilitar al adversario. Lafontaine mencionó un reciente discurso del secretario de guerra Lloyd Austin, en una conferencia en la base aérea de Ramstein, Alemania, en abril de este año, ante los socios europeos de la OTAN:

Los vasallos de Estados Unidos tuvieron que poner en la mesa sus contribuciones para la guerra de Ucrania… Digo conscientemente secretario de guerra y no secretario de la defensa de Estados Unidos, pues no hay ninguno. Estados Unidos no son atacados por ningún Estado. A fin de imponer sus intereses y garantizar su hegemonía, luego de la Segunda guerra mundial, Estados Unidos comenzaron a conducir guerras asesinas en Corea, Vietnam, Laos y Camboya o en Irak, Yugoslavia, Afganistán, Siria y Libia. En este contexto, no debería ser una sorpresa que el secretario de guerra de Estados Unidos, Lloyd Austin, haya declarado en Ramstein que queremos debilitar a Rusia de tal forma que el país no se recupere jamás de ella y que no realizará otra guerra como la de Ucrania.

Además de desafiar a Pequín en la cuestión de Taiwán, Estados Unidos conducen guerras económicas sin piedad para debilitar a sus rivales. Para esto necesitan vasallos que ejerzan su política externa agresiva.

Los vasallos más leales son los europeos, sobre todo Alemania, escribe Lafontaine.

Alemania debe dejar su papel de vasallo

Lafontaine califica la guerra de Rusia en Ucrania de “guerra sustituta entre Rusia y Estados Unidos.” Agrega que la guerra económica contra Rusia comenzó hace décadas. Hace 30 años, el exconsejero de Seguridad Nacional Zbigniew Brzezinski escribió que Estados Unidos tenían que controlar Ucrania. En Alemania, la línea es que la guerra de Ucrania comenzó el 24 de febrero de 2022, pero nadie menciona los ocho años de guerra en el Este de Ucrania, donde murieron 14 mil personas.

La verdad fue sacrificada y “estamos siendo engañados por nuestro socio aliado,” que trata de “encuadrar sus constantes provocaciones en la frontera rusa como ‘agresiones rusas.’ La verdad es que el país más poderoso quiere dominar el mundo… Y cada vez más países no quieren concordar con eso.” Desde el punto de vista de Lafontaine, “nuestro objetivo debería ser restaurar la paz en Europa. Con relación a Ucrania, se debe hacer todo para alcanzar cuanto antes posible el cese al fuego. Pero, en lugar de pensar en un plan de paz, los políticos y los periodistas alemanes exigen más entregas de armas a Ucrania. Nuestra ministra de Relaciones Exteriores (Annalena Baerbock -NE) llegó a decir que ‘nuestras armas ayudan a salvar vidas humanas.’”

Lafontaine enfatiza que la gran mentira de la OTAN es que ella se declara tan sólo una “alianza defensiva y que nunca amenaza a nadie”:

Sin embargo, la OTAN no es más que un instrumento geopolítico de Estados Unidos, una potencia que, para imponer sus intereses en todo el mundo, debe trabar guerras secretas, económicas, de drones y bombardeos.

Para ilustrar el juego carente de sentido de la responsabilidad de Washington

Lafontaine se refiere al sabotaje de los gasoductos Nord Stream 1 y 2 en septiembre de 2022. Recuerda que, en febrero de 2022, poco antes del inicio de la guerra, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, declaró ante el canciller Scholz que una invasión rusa de Ucrania significaría el fin del Nordstream 2: “Al ser interrogado sobre cómo pretendía hacerlo, respondió, ‘Le prometo. Lo haremos imposible.’”

Los belicistas vociferantes del gobierno alemán son los verdes. Lafontaine recuerda que, en el pasado, cuando Joschka Fischer era ministro “verde” de Relaciones Exteriores (1998-2005), la exsecretaria de Estados estadounidense Madeleine Albright (1997-2001), que justificó la muerte de 500 mil niños en la guerra de Irak,” fue invitada a muchas conferencias del partido. Hace años, la oficina de consultoría económica de Joschka Fischer tiene una sociedad exclusiva con Stonebridge Group fundado por Albight, ya fallecida. “Cuando la actual ministra de Relaciones Exteriores de Alemania, Annalena Baerbok, anuncia alegremente que “nuestras sanciones arruinarán a Rusia,” dice Lafontaine, “este es el lenguaje del fascismo.”

Lafontaine está convencido de que Alemania se debe liberar de su papel de vasallo y convertirse independiente verdaderamente.

Afirma que Francia y Alemania tienen presupuestos de defensa mayores que el de Rusia y cita un libro publicado este año por el expolítico del SPD Klaus von Dohnanyi, “Intereses nacionales: una orientación para la política alemana y europea en tiempos de cambios radicales” (Nationale Interessen -Orientierung für deutsche und europäische Politik in Zeiten globaler Umbrüche, Stiedler Verlag, 2022; en el cual relata su experiencia de participación en un ejercicio militar donde Estados Unidos discutieron abiertamente la posibilidad de usar armas nucleares en un “conflicto “limitado” en Europa:

Exactamente esos escenarios se están analizando nuevamente, durante la guerra de Ucrania. Deberíamos, ciertamente, tener interés en evitar una guerra nuclear en Europa. Estados Unidos tienen hoy bases de misiles en Polonia y Rumania y quieren tenerlas en Ucrania. Los rusos no quieren tener en sus fronteras misiles equipados con ojivas nucleares que puedan llegar a Moscú en cinco minutos. Nadie que quiera seguridad y paz en Europa puede estar de acuerdo con una posición tan peligrosa de proyectiles en los países vecinos de Rusia.

Las negociaciones de Gorbachov con Kohl

Lafontaine se refiere a Willy Brandt y a su exitosa política de détente. Brandt sabía que sólo podríamos tener paz si viviésemos en paz con nuestros socios del Este europeo, en particular con la entonces URSS, con el objetivo de conseguir la reunificación alemana y mantener la paz en Europa. Negoció con el secretario general soviético Mijaíl Gorbachov, que no quería la guerra y soñaba con la construcción de una “casa europea común.” Le correspondió a Helmut Kohl (1982-1998) concluir el Acuerdo 2+4 (Alemania Occidental y Alemania Oriental más Estados Unidos, la Unión Soviética, el Reino Unido y Francia -NE) y garantizar a Gorbachov que nos tendría lugar la expansión de la OTAN, lo que está comprobado por varios documentos.

En función del reciente sabotaje de los gasoductos Nord Stream 1 y 2, del cual Lafontaine señala en la dirección de Estados Unidos como potenciales perpetradores, así como al del Puente de Crimea y las sanciones de guerra que golpearon duramente a Europa y a Alemania, sugiere como única solución una “política europea soberana,” que se oriente con los ejemplos de Willy Brandt, Charles de Gaulle, Hans Dietrich Genscher y Helmut Kohl. Todos esos estadistas tuvieron el coraje de representar claramente los intereses alemanes y europeos con relación a Estados Unidos.

Lafontaine defiende el reinicio de las importaciones de gas natural de Rusia, que no se pueden sustituir con facilidad, y se refiere a George Friedman, expresidente del instituto de consultoría estadounidense Stratfor, que afirmó que, “hace 100 años, el objetivo de la política de Estados Unidos es impedir la unión de materias primas rusas con la tecnología alemana.”

Lo cierto es que hasta hoy Estados Unidos boicotean un verdadero diálogo con Rusia, que puede llevar tanto al fin de esa guerra cruenta como a la paz en Europa. Una de las razones es el poderoso grupo de poder del armamento estadounidense, el cual, anota Lafontaine, el expresidente Dwight Eisenhower (1953-1961) destacó en su discurso de despedida como un problema fundamental para Estados Unidos. Aun teniendo el presupuesto de defensa más grande del mundo, Estados Unidos lo sigue aumentando constantemente y planean entregar 40 mil millones de dólares en armas a Ucrania el año que viene. Sí que esto significa que debemos estar preparados para años de guerra. Estados Unidos no quiere una solución de paz, resalta el autor.

Para encontrar una solución

Debemos reconocer las estructuras que llevan a la guerra o a la paz, según Lafontaine: lidiamos con la potencia más poderosa de la tierra, que se encuentra en rivalidad con dos potencias atómicas, Rusia y China. Y la hegemonía de Estados Unidos no es pacífica: desde 1991 realizaron 251 intervenciones militares, lo que tiende a aumentar, inclusive con el lanzamiento de ataques de drones a partir del suelo alemán, la base aérea de Ramstein.

Hasta hoy, “Estados Unidos está torpedeando todo cese al fuego. Eso fue inequívocamente expresado por el ya mencionado, “secretario de Guerra” de Estados Unidos, Lloyd Austin, en la reciente conferencia de Ramstein, en la que afirmó que Estados Unidos sólo interrumpirán la guerra si Rusia estuviese significativamente debilitada.”

Cuando Putin dio su discurso sobre la necesidad de una movilización parcial, afirmó que desde principios de abril había un acuerdo entre Rusia y Ucrania que posibilitaría una solución pacífica. Rusia se retiraría de las zonas que había conquistado desde el 24 de febrero y, a su vez, Ucrania renunciaría a la adhesión a la OTAN y recibiría garantías de seguridad de otros estados. Cuando se anunció el acuerdo, a principios de abril, el entonces primer ministro británico Boris Johnson voló a Kiev y presionó al presidente Volodomir Zelensky para que no firmase el acuerdo, bien revelado por las revistas estadounidenses Foreign Affairs y Responsible Statecraft.

Eso ilustra, de acuerdo con Lafontaine, que la guerra en Ucrania es, en realidad, una “guerra sustituta” entre Estados Unidos y Rusia.

Así que, dice, ya es hora de que el presidente francés Emmanuel Macron y el canciller alemán Scholz comiencen a coordinar sus actos y declaren inequívocamente a Biden que, por el interés de Europa y de las personas que están muriendo, ya no quieren seguir apoyando esta política y que en ninguna circunstancia apoyarán a Ucrania en la OTAN.

*MSIA Informa
Foto: robertwaghorn
Salir de la versión móvil