Arturo Rios*
En el marco de la historia actual, hoy recordamos la obra de un personaje que el gobierno de Miguel de la Madrid Hurtado, padre del actual secretario de Turismo; que hizo trizas por una venganza personal a Arturo Durazo Moreno y lo tomó como estandarte de su supuesta lucha contra la corrupción. Con ello, no queremos decir que Durazo fue inocente.
Durazo, amigo personal de José López Portillo, actuó con la arbitrariedad abusadora de la amistad que el mandatario le permitía en aras de la impunidad; no había funcionario que se atreviera a reprocharle algo.
Se decía: Le habla al oído al Presidente.
Durazo fue nombrado Director general de la Policía del Distrito Federal y al poco tiempo de tomar posesión, inició la construcción de una mansión en la cúspide de un cerro, desde la cual se contempla en todo su esplendor la Bahía de Zihuatanejo.
Muchas historias se han escrito sobre la edificación que, por sus características, se le bautizó como El Partenón, localizada al frente de la zona de la Playa La Ropa.
Es un área de 10,000 metros cuadrados
En diciembre de 1976, los poseedores del gran predio cedieron sus derechos a Arturo Durazo y Silvia Garza de Durazo, el 28 de julio de 1980, ante Raúl Esponda Rodríguez, titular del FIBAZI, quien autorizó la construcción de una casa habitación.
Todos recibieron una buena suma por parte del jefe de la policía de la capital del país.
Después, Armando Federico González Rodríguez, le expidió a Durazo una licencia de construcción, la cual se libró exenta de pago de impuestos. Todos se hincaron ante el influyente jefe policiaco.
Durazo levantó una obra monumental adornada por la piezas de escultura del famoso Octavio Ponzanelli, que fue exhibida al mundo, como muestra de la corrupción de un funcionario público mexicano. Que no obstante su nivel medio en la administración pública, levantó una obra de ese estatus insultante para el pueblo mexicano. (Texto basado en el trabajo de Rodrigo Campos Aburto).
*Periodista e Historiador
