Mario Lettieri y Paolo Raimondi, desde Roma*
Por la investigación sobre bancos y crisis financieras, el Premio Nobel de Economía de este año le fue otorgado a tres economistas estadounidenses: Ben Bernanke, ex-presidente de la Reserva Federal de 2006 a 2014, y a los profesores Douglas Diamond de la Universidad de Chicago y Philip Dybving de la Universidad de San Luis.
En el considerando del comité de selección, los premiados “mejoraron mucho nuestra comprensión del papel de los bancos en la economía, principalmente durante las crisis financieras. Un importante descubrimiento en su investigación radica en los esencial de evitar colapsos en los bancos”.
El hecho de haber sido presidente del banco central estadounidense antes y después de la gran crisis financiera de 2008, lanza dudas sobre la elección de Bernanke y de inmediato plantea otra pregunta: ¿Por qué premiarlos hoy, a mitad de una crisis económica y financiera con potencial de ser peor que la anterior?
Diamond y Dybving fueron premiados por dos artículos escritos en 1983. En su análisis, explican el papel de la intermediación bancaria entre los ahorros depositados y el crédito corporativo a largo plazo. El sistema funcionaría bien en tiempos normales, pero reconocen, vuelve a los bancos vulnerables a rumores sobre un colapso inminente, lo cual podría deflagrar corridas de los cuentahabientes a las agencias para retirarles sus ahorros.
Por su parte, Bernanke estudió la Gran Depresión estadounidense y global de la década de 1930, mostrando la manera en que los bancos arruinados jugaron un papel decisivo en la peor crisis económica de la Historia moderna. El colapso del sistema bancario explicaría el motivo por el cual la recesión no solamente fue profunda, sino además duradera. De hecho, entre enero de 1930 hasta marzo de 1933, la producción industrial de los EUA cayó 46% y el desempleo llegó al 25%.
La crisis se propagó a manera de un incendio, causando una profunda recesión económica en gran parte del mundo. El desempleo se elevó hasta un 25% en Gran Bretaña y 29% en Australia. En Alemania, la producción industrial cayó a la mitad y más de una tercera parte de la fuerza de trabajo quedó desempleada. La investigación de Bernanke mostró que las crisis bancarias pueden tener consecuencias catastróficas. Una intuición correcta, pero, no obstante, no la aplicó durante la crisis financiera de 2008, cuando comandaba el banco central más poderoso del mundo.
De acuerdo con el comité selectivo, “estas agudezas forman la base de las reglas bancarias modernas”, incluyendo la garantía del gobierno para los depósitos de ahorro –olvidando a la medida similar introducida por el presidente Franklin Roosvelt en la década de 1930, parte integral de la Ley Glass-Steagall sobre la separación entre bancos comerciales y bancos de inversión.
Según el comité, los resultados del estudio fueron una motivación por detrás de aspectos cruciales de la política económica durante la crisis financiera de 2008-2009, y Bernanke fue capaz de transformar el conocimiento de la investigación en políticas, adoptadas también durante la pandemia para evitar una crisis financiera global.
No obstante, la historia muestra otra cosa
En 2008, la “Fed” de Bernanke estaba más enfocado en bregar con el peligro de la inflación, el cual no era tan grave en la época, en vez de percibir a todo el sector financiero en franca picada. Los controles no funcionaron, por el contrario, el crecimiento del “sistema bancario paralelo”, fue permitido, junto con una especulación más agresiva y la creación de títulos y derivados muy opacos. La alta finanza se volvió hegemónica, capaz de influenciar las políticas nacionales y las opciones globales, estableciendo también un sistema de relaciones tóxicas con la política.
Bernanke, ya conocido por su teoría de los “dólares lanzados desde helicópteros”, operó en tres líneas: un gigantesco rescate de bancos quebrados, pero “muy grandes para caer”, el inicio de la “facilitación cuantitativa” (vigorosas inyecciones de liquidez –n.e.) y la política de tasas cero de interés: En octubre de 2009, el balance de “Fed” ya había subido hasta 2.1 billones de dólares, contra 870 mil millones de dólares de antes de la crisis. Esta colosal liquidez se canalizo principalmente hacia Wall Street, y así se presenció una escalada en el Índice Dow Jones.
Esta política siguió con más fuerza después de la salida de Bernanke de “Fed” en 2014, hasta los dramáticos cambios recesivos e inflacionarios de la actualidad. En conclusión, tras del Premio Nobel a los tres economistas, parece haber una señal del sector financiero en crisis para mantener los rescates de empresas financieras en dificultades y las mismas políticas “líquidas” del pasado. Absit iniuria verbis (sin mala voluntad –n.e), hacia los tres premiados, pero para nosotros, más modestamente, parece que las grandes finanzas están en la raíz de las crisis sistémicas.
N. de los E.- El llamado Premio Nobel de Economía es concedido por el Banco Central de Suecia, y no por la Fundación Nobel, responsable de los galardones en Física, Química, Medicina y Paz (este último otorgado por el Comité Noruego del Nobel). Su nombre oficial es Premio del Banco de Suecia para las Ciencias Económicas en Memoria de Alfred Nobel. La Fundación Nobel ha reclamado la alusión hacia su fundador, pero el Banco de Suecia mantiene la denominación.
*MSIA Informa
