Mario Lettieri y Paolo Raimondi, desde Roma*
Un año posterior al colapso de tres instituciones regionales de crédito en los EUA, el sector está nuevamente bajo presión.
De hecho, las acciones de New York Community Bank (NYCB) se desbarrancaron 38% en un solo día, después del anuncio de un año por 252 millones de dólares en el último trimestre. El Índice bancario regional KBW cayó también 6% la mayor caída en un día desde mayo de 2023.
Estos no son colapsos repentinos o momentáneos. Los daños seguirán, alcanzando a otros bancos regionales, incluyendo el Bank of California, el Bank United de Florida, el Western Alliance Bank de Arizona, el Bank OZK de Arkansas y el Valley National Bank de New Jersey.
Es útil recordar que, en situaciones como éstas, hay siempre una cierta especulación que atiza el fuego. Se estima que los apostadores en el colapso de las acciones de los bancos regionales obtuvieron ganancias por 685 millones de dólares en un solo día.
Por esto, los inversionistas y los reguladores están una vez más en alerta máxima
Una de las causas sería la exposición al mercado inmobiliario comercial en dificultades desde hace algún tiempo. Hay evidencias de grandes perjuicios en los préstamos inmobiliarios concedidos. Los bancos fueron y están forzados a reservar sustanciales fondos para cubrir cualquier pérdida.
Hay también un legado nefasto de la pandemia: El valor de muchas propiedades, de hecho, habría entrado en colapso, en la medida en que millones de trabajadores se mantuvieron en trabajo en casa, dejando un gran número de oficinas vacías o subutilizadas.
Pero una vez más, es sobre todo la elevada tasa de interés de la Reserva Federal, de 5.5%, la que está dejando muchos bancos en dificultades, llenos de títulos deficitarios del Tesoro y a la postre con problemas de reembolso de los préstamos contraídos por los inversionistas inmobiliarios. La reciente decisión del presidente de “Fede”, Jerome Powell, de no bajar las tasas, también dio un impulso al mercado.
Y ha pedido a la Corporación Federal de Seguros de Depósitos (FDIC) que los bancos recompongan sus fondos vaciados por los rescates hechos en la primavera pasada. El FDIC es la agencia independiente del gobierno de EUA que garantiza depósitos de hasta 250 mil dólares.
Se estima que los bancos regionales norteamericanos habrían de pagarle por lo menos 500 millones de dólares. Por si fuera poco, para sobrevivir, muchos bancos regionales estarían realizando numerosas operaciones de fusión/adquisición, volviendo al mercado más inestable y volátil.
Previsiblemente, la crisis inmobiliaria estadounidense
Deja también en dificultades algunos bancos europeos, canadienses y japoneses expuestos al mercado inmobiliario de los EUA. En este sentido, el banco privado y gestor de activos suizo Julius Baer registró caídas pronunciadas en sus ganancias y otros bancos grandes, digamos el Deutsche Bank, hicieron reservas extras para cubrir posibles pérdidas en inversiones inmobiliarias estadounidenses.
Los rescates ejecutados el año pasado dejaron también brechas no resueltas. Por ejemplo, el NYCB enfrentó problemas después de contraer préstamos por valor de 13 mil millones de dólares de Signature Bank of New York, uno de los tres bancos colapsados el año pasado.
Muchos bancos regionales se quejan de significativas reducciones en el llamado margen financiero (“net interest income”), que es la diferencia entre lo ganado con los préstamos concedidos y los intereses pagados sobre los depósitos. Para poder retener los depósitos de los clientes en fuga, quienes procuraban una compensación más elevada, esos bancos tuvieron que aumentar los intereses ofrecidos.
En un reciente discurso, Michael J. Hsu, presidente del Gabinete del Controlador de Moneda (OCC), la agencia federal de supervisión bancaria, analizó las crisis bancarias de 2023, destacando tres grandes problemas:
Una fuga de depósitos sin seguro es siempre más rápida; mantener activos líquidos no es suficiente en caso de severo estrés; el contagio afecta a los grandes bancos incluso en ausencia de una relación directa con los bancos regionales en crisis. Recordemos que, en el caso del Silicon Valley Bank, cuya quiebra fue la segunda mayor en la historia de los EUA, 90% de los depósitos no estaban asegurados y, cuando estalló la crisis, estaban en fuga precipitada.
Hsu informó también que, según la FDIC, los depósitos no asegurados aumentaron 10% anualmente, de 2.3 billones de dólares en 2009, hasta 7.7 billones de dólares en 2022. Muchos más bancos dependen de depósitos no asegurados. Además, los bancos que son supervisados por el OCC, tienen 12 billones de dólares de depósitos, 40% de los cuales, o 4.8 billones de dólares, no cuentan con el seguro de la FDIC.
En otras palabras, el sistema bancario estadounidense está sobre una bomba de reloj. En caso de estrés o de crisis, las fugas, es decir, los retiros de depositantes se tornarían incontrolables. Por nuestra parte, seguimos pensando que el G-20 debería abordar la cuestión de una reforma radical del sistema, no solamente en lo que respecta a los EUA.
*MSIA Informa
