Silvia Palacios*
La incapacidad de los alentadores de la geopolítica angloamericana y de sus aliados en la OTAN para evitar la guerra entre Ucrania y Rusia, ante todo, la pasividad de Francia y Alemania para obligar a Ucrania a cumplir los acuerdos de Minsk, dejó a las potencias euroatlánticas y a las mismas Naciones Unidas sin ningún espacio de mediación o negociación en el conflicto.
Esto desplazó la diplomacia global hacia el eje Roma-Moscú-Pequín, un camino de esperanza para restaurar la paz en el corazón de Europa.
Las gestiones diplomáticas, ante la gravedad de la situación, ocurren a toda velocidad tras el anuncio de China proponiéndose mediar el conflicto. Pocos días antes, el patriarca de Moscú y de toda Rusia, Cirilo I, tuvo dos reuniones de peso, una con el nuncio apostólico ante la Federación Rusa, monseñor Giovanni D’Aniello, y la otra con el embajador de China, Zhang Hanhui.
Inmediatamente después de que el combate armado estallara, el pasado 24 de febrero, además del vehemente llamamiento mundial de Francisco para detener inmediatamente la guerra, la dimensión espiritual fue acompañada de las gestiones de la diplomacia vaticana a la espera de que su mediación sea requerida. En un hecho insólito, saltando todo protocolo, el Pontífice visitó la embajada de Rusia en Roma.
A la par, el cardenal secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, en una entrevista con los diarios italianos declaró el 28 de febrero:
La Santa Sede, que en los últimos años ha seguido de manera constante, discreta y con gran atención los acontecimientos de Ucrania, ofreciendo su disposición a facilitar el diálogo con Rusia, está siempre dispuesta a ayudar a las partes a retomar este camino. Y advirtió que, si el conflicto degenera en una nueva Guerra fría, sería una catástrofe de proporciones gigantescas.
Por otra parte, el 8 de marzo, la sala de prensa de la Santa Sede confirmó una conversación telefónica entre el cardenal Parolin y el ministro de asuntos exteriores de la Federación Rusa, Sergie Lavrov, tras la cual el cardenal se limitó a reiterar que el ofrecimiento de mediación queda en pie.
Además, en un gesto extraordinario del Papa, dos cardenales de la curia romana, Konrad Krajewski y Michael Czrny, fueron enviados a Ucrania al frente de la comitiva vaticana que lleva ayuda humanitaria al país. Visitaran campos de refugiados en Polonia y en la frontera con Ucrania, “llegaré todo lo lejos que se pueda”, dijo el cardenal Krajewski, director del Limosnero papal.
Sobre el enfoque del que partiría la mediación vaticana
Existen muchas especulaciones e interpretaciones. Una, bastante realista, fue esbozada por el nuevo obispo de Orihuela-Alicante, José Ignacio Munilla en su última carta pastoral, con motivo del comienzo de la Cuaresma.
Es obvio que quien ha iniciado estas hostilidades se ha hecho acreedor de la parte principal de la responsabilidad del conflicto. Dicho lo cual, la Iglesia Católica va más allá de esta primera aproximación a la realidad.
“La perspectiva de la Iglesia Católica ante este conflicto se refleja con claridad en el llamamiento realizado por el Papa a los responsables políticos: ‘Una vez más, la paz de todos se ve amenazada por intereses partidistas’. No es difícil percibir en estas palabras una referencia al pulso entre Rusia y Estados Unidos. Ucrania no pasa de ser el actual ‘punto caliente’ sobre el que acontece el conocido enfrentamiento geoestratégico que prolonga la llamada ‘Guerra fría’.
Tras comparar la mediación efectuada en la crisis de los Misiles de 1962, cuando el mundo estuvo al borde de la Guerra Nuclear, Munilla concluyó con:
“De forma semejante a como en aquel momento crítico en el que estuvo a punto de estallar una tercera guerra mundial, se consiguió el desbloqueo con la cesión de ambas partes, sería deseable que se produjese en la actualidad un acuerdo semejante. No son sensatas las posturas maximalistas que se limitan a invocar el derecho a reforzar sus alianzas militares, olvidando que esto es percibido por la otra parte como una amenaza. La paz requiere de renuncias y sacrificios”. (Infovaticana 4 de marzo).
Los vínculos que unen a Moscú con Roma son anteriores y muy especiales
Es conocido que Francisco tiene un trato fraternal con el presidente Putin, lazos que se estrecharon durante la guerra en Siria, donde, gracias a la ayuda rusa, las minorías cristianas de Irak, Siria y de otros países del Medio Oriente no desaparecieron del mapa, siempre amenazadas e ignoradas en la guerra lanzada por la alianza anglo- americana que devastó la región.
La diplomacia estratégica-religiosa en torno de la situación de Ucrania, (el devenir del catolicismo y de la crisis de la Iglesia Ortodoxa) entre otros temas, ha sido motivo de gran preocupación de ambos, del papa Francisco y del patriarca de Moscú, Cirilo I.
Desde finales del año pasado se ha mencionado que tendrían un encuentro para tratar el tema de Ucrania y hasta se llegó a mencionar que hubiera podido ser en Moscú, sin embargo, el estallido de la guerra lo congeló momentáneamente, no obstante, en la complejidad y urgencia del momento, todo quedó abierto.
La histórica primera reunión de Cirilo I con Francisco fue realizada en Cuba en febrero de 2016, el encuentro más esperado en el cristianismo en mil años, luego del cisma que dividió a la cristiandad entre oriente y occidente. De la reunión salió un comunicado conjunto abogando por la unidad religiosa cristiana, por la paz, y de modo destacado, por la defensa de la familia y de la dignidad moral del ser humano, puesta en jaque por la decadencia cultural patente en Occidente, emboscada en todo tipo de modalidades del programa identitario. Un fuerte punto de unión entre Cirilo, Putin y el Papa Francisco.
El 6 de marzo en un sobrio discurso sobre la guerra Ucrania-Rusia, el patriarca Cirilo I inquirió a las “potencias externas” que ambicionan imponer en Rusia una cultura ajena a su historia, el programa identitario y todas las vertientes de la militancia LGTB. Afirmó que en la región de Donbass, “las personas, en su mayoría de lengua rusa, rechazan los llamados valores de aquellos que reivindican el poder mundial”, lo que existe, agregó, es una desorientación moral de la sociedad. “Si vemos la destrucción de la ley moral es claro que nunca toleraremos a aquellos que la destruyen”.
Es muy importante que las Iglesias cristianas, incluidas nuestras Iglesias, no se conviertan, voluntaria o involuntariamente, a veces sin ninguna voluntad, en participantes en esas tendencias complejas, contradictorias y luchadoras que están presentes en la agenda mundial de hoy.
Concluyendo: «el Señor protege de la guerra fratricida a los pueblos que forman parte del mismo espacio, el de la Iglesia Ortodoxa Rusa. No demos a las potencias externas oscuras y hostiles la oportunidad de burlarse de nosotros».
La renuncia o la distorsión de los principios cristianos que dieron origen a la civilización europea es una de las causas del presente conflicto, a pesar de que sus representantes en la OTAN y la Unión Europea se disfrazan de amantes de la libertad y de la democracia.
En suma, tiempos extraordinarios exigen actos extraordinarios y, dentro de estos, la esperanza de que se alcance una paz que contribuya a reestablecer los genuinos principios cristianos que deberían regir, en especial en Europa, la relación entre los pueblos y sus gobiernos.
*MSIa Informa
