El presidente Donald Trump acumula una serie de publicaciones erróneas en sus declaraciones sobre la guerra que él y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, lanzaron contra Irán.
MSIA Informa
El sábado pasado 21 de marzo, una de ellas conmocionó al mundo: La amenaza de ataques contra la infraestructura energética iraní. Teherán respondió de inmediato prometiendo una represalia idéntica contra Israel y los países árabes del Golfo Pérsico.
Tres días después, Trump pospuso por cinco días la amenaza alegando negociaciones “productivas” con los líderes iraníes, afirmación que Teherán desmintió rápidamente. Aun así, logró tranquilizar a los mercados financieros (curiosamente, inversores anónimos, muy bien informados sobre el estado de ánimo del presidente, ganaron 1.500 millones de dólares apostando a la baja del petróleo al inicio de la sesión).
Sin embargo, estas explicaciones, así como las maniobras en los mercados financieros, no contribuyen al triunfo militar que Trump pretende; por el contrario, provocan la desmoralización de su gobierno y de los Estados Unidos.
Además, al entrar la guerra en su cuarta semana, queda claro que Irán no cederá ante la agresión. Esta “no derrota” equivaldrá a una victoria sobre las potencias hegemónicas que basan su poder en la capacidad de imponer agendas por la fuerza.
Esta dinámica tiende a acelerar el declive estratégico irreversible de Estados Unidos e Israel bajo el mandato de Bibi y sus aliados supremacistas.
