Bolivar Hernandez*
El último tren de la noche llega a la estación de Hamburgo a las 11.17 pm, puntual. Y apenas eran las 10.30 pm.
En el andén ya se encontraba un hombre inquieto, que caminaba de un lado al otro. Un hombre ya mayor, con traje oscuro, y el cabello blanco.
Obviamente, ese caballero esperaba a alguien a esas horas insólitas. Observó la hora en su reloj, y por fin eran ya las 11.17 pm.
Entra el tren, el último tren, a la estación. Descienden los pasajeros y salen presurosos de ahí con maletas en mano.
En el andén solamente quedaba una mujer, bajita, con un grueso abrigo, y con botas para la nieve. El hombre no dudó ni un instante en que aquella mujer, envejecida y triste, era la personas que esperaba.
Sin embargo, la imagen le trastocó sus recuerdos, ya que él la recordaba a ella muy joven y con su pelo largo y rubio. Y con su tez de porcelana…
Cuando se conocieron en México
Él era su jefe en una oficina de gobierno y ella era la secretaria particular que le asignaron. Él tenía 35 años y ella 22.
Él era casado entonces y ella soltera. La relación se dio más por insistencia de él que por ella. Él hizo varios viajes a Europa con ella, eran viajes de trabajo.
Al paso de los años se dejaron, era una relación complicada para él.
Ella conoció en México a un hombre joven de origen sueco que andaba de turista, y se enamoraron. Y luego se casaron y se fueron a vivir a Suecia.
La vida de ella era casi perfecta
Ella y el sueco formaron una familia, tuvieron dos hijos, un varón y una chica. Un día, el hijo, adolescente ya, se fue de vacaciones a un sitio de esquí, y tuvo un terrible accidente, se quedó parapléjico.
El hijo de la mujer vive atado a una silla de ruedas, su mal es incurable. La seguridad social sueca le provee de todo lo necesario para su rehabilitación y cuidados en casa. Y ella está al pendiente del joven, día y noche.
Después del accidente, ella envejeció de golpe 20 años más.
Aparte, el marido decidió separarse de la familia, porque ya no soportaba el drama de su hijo. Y se marchó, y de vez en cuando los visitaba en casa.
El hombre mexicano se propuso encontrar a la bella chica, aquella que fue su secretaria particular, aprovechando un viaje de trabajo a Alemania. Y , efectivamente, la halló en las redes sociales.
Ella, muy emocionada aceptó el encuentro en Hamburgo, solo tenía que dejar resuelto el asunto del cuidado del hijo en casa, y lo pudo solventar pagando una enfermera especializada en ese tipo de pacientes.
Las ilusiones y los sueños de esta pareja se iban a realizar en Hamburgo.
Lo que ella no podía imaginar es que el hombre aquel que la enamoró en México, en la oficina, el día que la vio en el andén de la estación del tren, en Hamburgo, estuvo a punto de abandonar el plan y huir de ahí, porque ella ya no era la joven mujer que él esperaba encontrar. Ahora era una mujer abatida por la vida, vieja, y sin lozanía.
Al hombre aquel le entró un remordimiento no ir al encuentro de esa mujer en el andén. Y con paso vacilante se encaminó hacia ella en aquel andén vacío, se abrazaron y se besaron en la boca. Silencio, ninguna palabra.
-Él le dijo: Tengo una habitación reservada en el mejor hotel de Hamburgo.
-Ella sonrió y todo su rostro se transformó, ya que hacia muchos años que no reía.
Ella no quiso hacer el amor con su exjefe, ya que solamente deseaba ser abrazada y acariciada con ternura.
Así pasaron esos dos días , en silencio. Hasta que llegó la hora de partir; ella a Suecia y él a México.
Ella solo atinaba a decir, con lágrimas en su cara: gracias, gracias, gracias.
*La Vaca Filósofa

