México se encamina hacia uno de los procesos electorales subnacionales más amplios y competitivos de su historia reciente. En 2027 se renovarán 17 gubernaturas, 1,088 diputaciones locales, 680 presidencias municipales y más de 1,500 cargos judiciales, en un escenario que, de acuerdo con el informe Panorama Sociopolítico 2026 de DAP – Despacho de Asuntos Públicos, ya muestra señales tempranas de volatilidad política y reacomodos internos.
El llamado “segundo tiempo” del sexenio comenzará con una disputa territorial de gran escala. Morena, que actualmente gobierna 23 entidades, enfrentará la defensa de 12 de esos estados.
Es la primera vez que el partido oficial compite por más de la mitad de los gobiernos estatales que encabeza, lo que eleva el nivel de riesgo político y la exigencia de cohesión interna.
El informe identifica focos rojos concretos
En Michoacán, el asesinato de Carlos Manzo, candidato independiente y fundador del denominado “movimiento del sombrero”, alteró la conversación pública y añadió un componente emocional que puede modificar alianzas y preferencias. Más allá del impacto electoral inmediato, el episodio obliga a reforzar aún, presencia política y capacidad de estabilización institucional en la entidad.
En Zacatecas, el riesgo es intrapartidista. La disputa por la candidatura amenaza con dividir estructuras locales y abrir oportunidades para la oposición. Movimiento Ciudadano podría capitalizar el escenario con un perfil de reconocimiento nacional como Jorge Álvarez Máynez, lo que incrementaría la probabilidad de una contienda cerrada, si el oficialismo no logra administrar unidad y narrativa.
Del lado opositor, el tablero es desigual. El PRI no pone en juego sus gubernaturas en 2027, pero se juega capacidad territorial en 81 presidencias municipales que actualmente gobierna.

El PAN enfrentará un desafío mayor: Tres de sus cuatro gubernaturas estarán en disputa, con especial atención en Chihuahua, donde la competencia dependerá tanto del perfil que postule Morena como de la cohesión local panista.
Ocho de las 13 entidades actualmente gobernadas por mujeres, renovarán su titularidad
A ello se suma la ausencia de reelección, la exigencia de paridad, los ajustes en calendarios locales y la posible coincidencia con ejercicios de revocación de mandato, factores que complejizan la planeación política y elevan la incertidumbre.
El análisis advierte que 2026 será un año de encuestas, posicionamientos y movimientos internos que podrían escalar en rupturas conforme se acerque la jornada electoral de junio de 2027. Las candidaturas aún no están definidas, pero las tensiones ya son visibles en distintos estados.
Más que una elección ordinaria, el proceso de 2027 pondrá a prueba la capacidad de los partidos para administrar conflictos internos, sostener estructuras territoriales y competir en un entorno altamente polarizado.
Lo que está en juego no son solo gubernaturas y congresos locales, sino el equilibrio político del país en la segunda mitad del sexenio.

