febrero 11, 2026

En Davos, la sentencia de muerte del globalismo

En Davos, la sentencia de muerte del globalismo

En la 56ª reunión anual del Foro Económico Mundial (FEM), es el mejor testimonio de la magnitud de la turbulencia que afecta el orden de poder global.

MSIA Informa

Su propio copresidente interino, Larry Fink, el todopoderoso CEO del megafondo de gestión de activos BlackRock, afirmó que el FEM necesita mostrarse y escuchar a los lugares “donde realmente se construye el mundo moderno”, citando nominalmente a las ciudades Detroit, Dublín, Yakarta y Buenos Aires como posibilidades.

En su discurso inaugural del evento, dijo, el FEM vive un déficit de relevancia: “Siendo honestos, para muchos, esta reunión está desfasada de los tiempos: élites en una era de populismo, una institución establecida en una era de profunda desconfianza institucional. Y hay algo de cierto en esa crítica”. Añadió: “También es obvio que, ahora, el mundo muestra mucha menos confianza en nosotros para ayudar a modelar el futuro”.

Para él, Esta es la prueba: Puede el capitalismo evolucionar para convertir a más personas en dueñas del crecimiento, en lugar de meros espectadores.

Aunque Fink y sus colegas llevan tiempo intentando reaccionar a la cambiante era global con conceptos altisonantes, ora el capitalismo de las partes interesadas, ora el “Gran reinicio”, en la práctica, estos solo han servido para disfrazar su adhesión incondicional a la agenda del “globalismo”, que ha sido el hilo conductor del FEM desde su fundación en 1971.

No es casualidad que este fuera el año inicial de la globalización financiera, cuando Estados Unidos repudio el Sistema de Bretton Woods; este permitió al mundo occidental crecer en la paz de las tres décadas gloriosas de desarrollo socioeconómico y optimismo cultural de la posguerra.

Sin temor a equivocarme, lo que se aconteció en Davos fue la admisión por parte de esos oligarcas olímpicos del fin de una era en la que, en palabras del analista, Larry Fink, “se creó más riqueza que en toda la historia de la humanidad en su conjunto”, pero, al mismo tiempo, “esa riqueza se concentró en un segmento de personas más reducido del que cualquier sociedad sana puede sostener”.

La Globalización ha fracasado

Al mismo tiempo, refiriéndose a una fracción limitada de la población mundial, el secretario de Comercio de EE. UU., Howard Lutnick, coincidió con él, afirmando que “la globalización ha fracasado en Occidente y en EE. UU”. Agregando: “Es una política fallida. Es lo que el Foro Económico Mundial ha estado defendiendo: exportar, desagregar, buscar la mano de obra más barata del mundo, y el mundo será un lugar mejor gracias a ello.

Lo cierto es que ha dejado atrás a EE. UU. Ha dejado atrás a los trabajadores estadounidenses. Estamos aquí para decir que América Primero es un modelo diferente, que animamos a otros países a considerar.

Y la financiarización de la economía mundial no fue el único precepto del “globalismo” que se ha dado por terminado, así lo dejó claro el sorprendente discurso del primer ministro de Canadá, Mark Carney, uno de los más veteranos de ese sistema hegemónico, tras haber sido presidente del Banco de Inglaterra y del Banco de Canadá, y también uno de los mentores de la estructura de las finanzas verdes vinculada a la agenda de descarbonización de la economía mundial.

Refiriéndose a los impactos de la presidencia de Donald Trump y la alianza estratégica entre China y Rusia, Carney proclamó el fin del “orden basado en reglas” dominado por Estados Unidos en el período posterior a la Guerra fría. Además él instó a las “potencias medias” a buscar sus propios caminos para posicionarse en el nuevo escenario global.

Hans en Pixabay

“Seré franco”: Carney

Nos encontramos en medio de una ruptura, no de una transición. Durante las últimas dos décadas, una serie de crisis financieras, sanitarias, energéticas y geopolíticas han puesto de manifiesto los riesgos de una integración global extrema. Pero más recientemente, las grandes potencias han comenzado a instrumentalizar la integración económica, utilizando los aranceles como palanca, la infraestructura financiera como coerción y las cadenas de suministro como vulnerabilidades que explotar. No se puede vivir con la mentira de los beneficios mutuos de la integración cuando esta se convierte en la fuente de la subordinación.

Las instituciones multilaterales en las que se apoyaban las potencias intermedias —la Organización Mundial del Comercio, las Naciones Unidas, la Conferencia de las Partes (COP) —, la arquitectura misma para resolver los problemas colectivos, están amenazadas. Y, como resultado, muchos países están llegando a la misma conclusión: deben desarrollar una mayor autonomía estratégica en energía, alimentos, minerales críticos, finanzas y cadenas de suministro.

Y, casi invocando el fantasma del secretario del Tesoro, Alexander Hamilton, el iniciador del Sistema Americano de Economía Nacional, fuente de la prosperidad económica de Estados Unidos, continuo: “Y este impulso es comprensible. Un país que no puede alimentarse, abastecerse ni defenderse tiene pocas opciones. Cuando las reglas ya no te protegen, necesitas protegerte”.

Donald Trump, en el discurso más esperado de Davos, dio la señal de muerte al “globalismo”, atacando una vez más a uno de sus pilares principales, el ambientalismo antidesarrollo:

Gracias a mi abrumadora victoria en las elecciones, Estados Unidos evitó el catastrófico colapso energético que afectó a todas las naciones europeas tras la ‘Nueva Estafa Verde‘, quizás el mayor engaño de la historia. La ‘Nueva Estafa Verde’, con molinos de viento por todas partes, destruyendo sus tierras… Aquí en Europa, vimos el destino que la izquierda radical intentó imponer a Estados Unidos. Se esforzaron mucho.

Alemania ahora genera un 22% menos de electricidad que en 2017. Y los precios de la electricidad son un 64% más altos. El Reino Unido produce solo un tercio de la energía total de todas las fuentes que producía en 1999. Piensen en eso, un tercio. Y están asentados en el Mar del Norte, una de las mayores reservas del mundo. Pero no la utilizan. Y esa es una de las razones por las que… La energía ha alcanzado niveles catastróficos, con precios igualmente altos…

Su conclusión: “Las consecuencias de estas políticas destructivas han sido drásticas, incluyendo un menor crecimiento económico, menores niveles de vida, menores tasas de natalidad, una inmigración socialmente más disruptiva, mayor vulnerabilidad ante adversarios extranjeros hostiles y unas fuerzas armadas mucho más reducidas”.

Foto: geralt

Es una ironía histórica que la globalización comenzara junto con el Foro Económico Mundial y que, en 2026, el Foro de Davos señalara su ignominioso final.

Fotos: Pixabay

About The Author

Maestra en Periodismo y Comunicación; directora de noticias, editora, jefa de información, articulista, reportera-investigadora, conductora y RP. Copywriter de dos libros sobre situación política, económica y narcotráfico de México; uno más artesanal de Literatura. Diversos reconocimientos, entre ellos la Medalla de plata por 50 Aniversario de Radio UNAM y Premio Nacional de Periodismo, categoría Reportaje.

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