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En los altos escalones decisorios del “Occidente colectivo”, en especial en los gabinetes de Washington, comienza a tomar cuerpo la realidad de la imposibilidad de una victoria de Ucrania en el conflicto con Rusia.
Sin embargo, no será fácil retirarse de la mesa de juego en la que los dueños del poder de las principales capitales de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) ya apostaron demasiado -como todo indica-. Es más fácil doblar la apuesta.
En un reciente estudio del Grupo de Contacto de Ucrania, en Ramstein, Alemania, el general Mark Milley, jefe del Estado Mayor de Estados Unidos, admitió que, desde el punto de vista militar, este año será muy, muy difícil expulsar militarmente a las fuerzas rusas de todo el territorio ucraniano ocupado (RTP Noticias, 20/01/2023).
Es obvio que por tratarse de una reunión en la que los 51 países miembros del grupo fueron instados a sustentar el apoyo a Kiev, Milley no debería dejar de resaltar las consecuencias “catastróficas” de la guerra para Moscú.
Pero observó: Pienso que es muy posible que los ucranianos consigan una ofensiva a nivel táctico y hasta operacional para liberar el máximo posible del territorio de Ucrania, pero los resultados dependerán de la entrega del equipo y del entrenamiento en él. El personal tendrá que ser entrenado y unido al equipo… hay una ventana de oportunidad muy corta para cumplir esas tareas y eso es muy desafiante.
En la misma reunión, el secretario de la Defensa, Lloyd Austin, confirmó: Tenemos una ventana de oportunidad aquí, entre ahora y la primavera. No es mucho tiempo. En el Washington Post del 24 de febrero, el columnista David Ignatius, uno de los más fieles portavoces periodísticos del Poder profundo (Deep State), admitió que hay una visión diseminada en Washington y Kiev de que retomar Crimea por la fuerza puede ser imposible. Pero la admisión más sorprendente de los problemas ucranianos provino de nada menos que de Alexei Arestovich, el exasesor del presidente Volodomyr Zelensky, recién expulsado de su puesto por aceptar que el misil que demoliera días antes un predio residencial en Dnepropetrovsk, causando docenas de muerte, era un misil antiaéreo ucraniano. En un video puesto en Twitter por Glen Diessen, especialista en asuntos rusos y profesor de la Universidad del Sureste de Noruega, Arestovich admite:
Ya soy una persona no oficial, ya puedo decir lo que quiera. Si todo el mundo piensa que debemos vencer en la guerra, eso es muy improbable. Desde el 14 de enero, dejó de serlo. Lo que se encuentra en la evaluación del presidente de Polonia (Andrzej) Duda, no es sólo que lo que dice sobre que los meses decisivos, en general, es incierto, hasta si Ucrania sobrevivirá. ¿Eso se dijo de esa manera o él estaba hablando de acuerdo con alguna información?
En Estados Unidos, otra sorprendente advertencia fue de la famosa e influyente Rand Corporation, que ya en 2019 publicara un informe titulado: Extendiendo a Rusia: compitiendo por un terreno ventajoso. La misma acaba de divulgar un nuevo estudio con una visión antagónica sintetizada con el título: Evitar una guerra larga: política estadounidense y la trayectoria del conflicto Rusia-Ucrania. La esencia del documento está contenida en la presentación:
Los autores argumentan que, además de minimizar los riesgos de una gran escalada, los intereses estadounidenses se atenderían mejor si se evita un conflicto prolongado.
Los costes y riesgos de una guerra larga en Ucrania son significativos y superan los posibles beneficios de tal trayectoria para Estados Unidos. Aunque Washington no pueda determinar por sí mismo la duración de la guerra, puede dar pasos que hagan más probable el fin negociado del conflicto.
Dado que la Rand es una de las instituciones dedicada a los estudios estratégicos más vinculada al complejo industrial-militar, se puede inferir la existencia de importantes disensiones en la estructura de poder estadounidense, factor que podrá tener una influencia determinante en el resultado del conflicto de Europa.

