Este 23 de septiembre se cumplieron 49 años de la desaparición del poeta más grande de Chile, Pablo Neruda.
Bolivar Hernandez*
Por un extraño designio de la vida, desde muy joven he sido un admirador de Chile, un país tan distante en sudamérica, pero que ha producido personajes que han sido fundamentales en mi formación amorosa y política.
Neruda, junto a Gabriela Mistral y la cantante y compositora Violeta Parra, han sido mis acompañantes entrañables desde mi juventud.
Ricardo Eliezer Neftalí Reyes Basoalto
Después conocido como Pablo Neruda, nació el 12 de julio de 1904 y murió el 23 de septiembre de 1973. Su extraño deceso, pocos días después del golpe de estado propiciado por los EEUU en contubernio con el ejército Chileno, encabezado por el general Augusto Pinochet, ha levantado sospechas de que Neruda fue asesinado.
El literato amaba a México y, de hecho, estuvo viviendo en México entre 1940 y 1943, con el cargo diplomático de Cónsul general de Chile en nuestro país. Donde tenía muchas amistades, entre poetas y artistas plásticos, como Siqueiros.
Corría el año 1966 cuando Pablo Neruda vino a México de visita, y un grupo de estudiantes de izquierda lo invitamos a un recital de su poesía en la facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, y fui comisionado para ser de la comisión de recepción al poeta.
El auditorio Justo Sierra estaba abarrotado esa tarde del 20 de junio de 1966; cientos de jóvenes universitarios sentados en las gradas, inclusive, escuchamos sus poemas más conocidos. Aquellos con los que enamoramos a nuestras primeros amores juveniles, tal como el Poema 20.
Los jóvenes de esa época conocíamos sus poemas de memoria, y los recitábamos muy seguido en reuniones poéticas.
Debo confesar el azoro que nos produjo escuchar a Pablo Neruda leer sus poemas, con esa voz tipluda, destemplada y débil.
El recital de Pablo Neruda duró dos horas, lo escuchamos en silencio y lo aplaudimos calurosamente. Al término del acto, tuve la oportunidad de acompañar al poeta hasta su automóvil y conversar brevemente con él.
El destino hizo que fuera a vivir a Chile cuando la democracia triunfó en 1990
Lo primero que hice al tocar suelo chileno fue visitar las casas de Neruda, La Sebastiana, La Chascona y La Isla Negra. Una casa museo en Santiago, una más en Valparaíso y la otra en la costa.
La casa museo más espectacular, para mi gusto, es la de La Isla Negra, un inmueble construido como un barco, con muchas colecciones de objetos marinos o restos de navíos; y su habitación del dormitorio con un enorme ventanal, viendo hacia el mar.
En la casa museo de Isla Negra se reúnen varias colecciones de objetos mexicanos, vasos de vidrio soplado, botellas, y artesanías populares mexicanas en madera.
Este 23 de septiembre se cumplieron 49 años de la desaparición del poeta más grande de Chile, Pablo Neruda.
