Bolivar Hernandez*
Verónica es una mujer de 45 años, decoradora de interiores, con un despacho exitoso en lo económico. Ella es físicamente muy atractiva y con un gran don de gente, que le permite ser muy apreciada por su círculo de amistades.
La conocí porque aparte de su actividad como decoradora de interiores, ella imparte clases de acuarela, en un local ex profeso para ello.
A lo largo de un año de haber tenido a Vero como maestra de pintura, generamos una buena amistad; sin embargo, nunca mencionó algo sobre su vida privada, familiar, íntima.
Yo fui respetuoso con ese silencio, porque algo le impedía mostrar su verdadera historia, solamente exhibía sus pinturas de acuarela; muy bellas, por cierto.
En alguna ocasión
Me manifestó que tenía tres hijos, una chica y dos chicos; mencionó los nombres, que ya he olvidado. Pero nunca me reveló las causas de su divorcio.
Después de las clases de los jueves, Vero y un reducido grupo de sus alumnos, íbamos a tomar café y galletitas, en una plaza comercial cercana al taller de dibujo y pintura.
Todo transcurría con absoluta normalidad entre la maestra y sus alumnos. Debo destacar que había mucha cordialidad entre todos y grandes avances en el dominio de la acuarela. Ése arte tan delicado por el manejo del agua.
El día de la terminación del curso, Vero organizó una exposición de los trabajos de todos sus discípulos, que incluía un cóctel y bocadillos. Fue un convivio muy divertido y alegre. Vero fue el centro de la atención de la reunión, estaba feliz y complacida por la calidad de los trabajos de sus alumnos.
La reunión celebratoria se prolongó demasiado
Entró la noche y ninguno deseaba retirarse, así que Vero se preocupó por sus hijos; chicos ya adolescentes, que no sabían el porqué del atraso de su madre para volver a casa.
Estábamos en las despedidas, que suelen ser prolongadas, ya en la calle. Cuando de repente aparecen los hijos de la maestra, y ella se mostró sorprendida por esa visita inesperada.
La razón era evidente: Los hijos de Vero eran chicos normales, salvo uno de ellos, que era un enano.
En realidad ese desvío genético se llama acondroplasia, que no es el típico enanismo, sino que son personas de talla muy pequeña, pero no son deformes en la cabeza y extremidades
Vero se sonrojó y sonrió esperando comprensión e indulgencia de nuestra parte. La abrazamos todos y nos fuimos anonadados.
*La Vaca Filósofa
