En una entrevista concedida al periódico suizo Weltwoche, el general retirado Harald Kujat, exjefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas alemanas y expresidente de la Comisión militar de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), evaluó la situación actual de la guerra de Ucrania.
Elisabeth Hellenbroich, desde Wiesbaden (Alemania)*
Para él, las fuerzas armadas rusas han avanzado de forma constante, el principal foco en el campo de batalla sería Pokrovsk, un importante centro logístico de las fuerzas armadas ucranianas, que las fuerzas rusas están transformando en un caldero. Ante el potencial desplome de Pokrovsk, toda la línea de frente del Este podría derrumbarse.
Pokrovsk es importante para el abastecimiento logístico de todo el frente ucraniano. Rusia está ganando impulso, no se trata principalmente de territorio; su objetivo es inmovilizar a las fuerzas militares ucranianas y paralizarlas, siguiendo el pensamiento clásico de Carl von Clausewitz, afirmó.
Kujat alertó que Ucrania quiere llevar la guerra hacia una escalada (esto se vio en la operación ucraniana Telaraña de junio pasado, contra la flota de bombarderos estratégicos de Rusia). Pero, con todo el apoyo material y financiero de la OTAN, Ucrania no es capaz de vencer y la idea defendida por tantos en Europa de que “Ucrania no puede perder,” ya es obsoleta.
Para Kujat, desde el punto de vista ruso, la guerra de Ucrania es una guerra sustituta, es existencial y puede ser nuclear. Sobre el ultimato del presidente Donald Trump, inicialmente de 50 días, que luego se redujo a 10 ó 12, afirmó que hay dos opciones diferente: una es la tregua anunciada por Trump en febrero de este año; la otra, las negociaciones de paz.
Mientras que Estados Unidos quiere una tregua incondicional, Rusia recalca que las negociaciones de paz son primordiales, en particular en lo que respecta a lo que causó la guerra y qué condiciones de seguridad deben existir en el marco de la paz.
Según su evaluación, en la primera ronda de negociaciones, en febrero (en Sudáfrica)
Los negociadores estadounidenses cometieron un “error táctico,” no conversaron primero con Rusia sobre sus principales preocupaciones. En lugar de eso, anunciaron públicamente una “tregua incondicional.” Hubo entonces tres rondas de negociaciones en Estambul, pero sin ningún progreso sustancial respecto a las modalidades de la tregua ni de las negociaciones de paz. Si seguimos las líneas de la propaganda, la culpa se atribuye a Rusia, la que, supuestamente, no está dispuesta a sostener negociaciones de paz ni tampoco de una tregua.
Sin embargo, si analizamos atentamente los memorandos del lado ruso, constatamos que eso no es verdad (Rusia insiste en una Ucrania neutral, cuyas Fuerzas Armadas sean significativamente reducidas y en el dominio de tres provincias). En cuanto al ultimato, las sanciones secundarias impuestas a China y a India, Kujat resaltó que eso no es una amenaza que lleve a Rusia a aceptar tales exigencias de sanciones.
Resaltó, igualmente, el significativo problema de la falta de personal militar de Ucrania. Tan sólo en Alemania hay 100 mil jóvenes ucranianos que dejaron su país, -unos desertores, y otros se dieron de baja. El esfuerzo que ahora realiza el gobierno ucraniano para reclutar hombres de hasta 60 años (¡) y las imágenes que circulan sobre la coacción de jóvenes para el servicio militar son bastante perturbadoras,” según la evaluación de Kujat. “Rusia, militarmente, se está acercando a la realización de sus objetivos de guerra,” observó.
Y en cuanto a la afirmación frecuentemente repetida de que Rusia atacará a Europa en 2027, afirma que es contraria a un informe de marzo de 2025 del espionaje de Estados Unidos, según el cual Rusia no atacaría a Europa y, aunque quisiera, necesitaría de diez años para reconstruir sus fuerzas.
Sobre el papel del presidente ucraniano, Volodomyr Zelensky, que recientemente tuvo que enfrentar protestas en masa por sus maniobras frenéticas para someter a las instituciones independientes de combate a la corrupción bajo el control gubernamental, Kujat recalcó que debería ser sustituido, pues es “un impedimento para las negociaciones de paz. Quiere mantenerse en el poder.”
Dijo, además, que a pesar del carácter bastante errático de Trump, sigue siendo un hecho que está presionando para terminar la guerra. Según Kujat, septiembre podría ser una ocasión para ver una luz al final del túnel, pues el presidente chino, Xi Jinping, invitó a Trump y a Putin a participar en las conmemoraciones de los 80 años del fin de la Segunda guerra mundial en Japón. “Esperemos que Trump se adhiera a ese formato y que eso pueda servir de plataforma para una solución constructiva de la guerra.”
Eurasia y el debate actual en Alemania.
Desde la llegada al poder de la nueva coalición gubernamental alemana (CDU/CSU/SPD), con Friedrich Merz al frente hubo un aumento significativo en la “retórica de guerra,” en el sentido de que “Alemania tendrá que prepararse para una guerra potencial con Rusia” y estar “lista para la guerra,” como subrayó el ministro de Defensa, Boris Pistorius, y el general del ejército Christian Freuding, quien defiende la necesidad de ataques en profundidad contra Rusia.
Es difícil creer que esta Alemania, que inició el camino a la paz y jugó un papel fundamental en Helsinki en 1975 -hace 50 años-, esté hoy a la vanguardia de los llamados al choque con Rusia. ¿Por qué parte de la élite política alemana se volvió repentinamente tan ansiosa para prepararse para la guerra con Rusia y cuál es el contexto de la creciente rusofobia en Alemania?
Para explicar este fenómeno, debemos analizar a Gran Bretaña, el país que, en Europa, es el más férreo baluarte contra Rusia y parte instrumental del llamado “gran juego” contra Rusia en los siglos XIX y XX, que provocó dos guerras mundiales. Gran Bretaña no es tan sólo uno de los principales respaldos del presidente Zelensky, es también el defensor más férreo de la continuación de la guerra contra Rusia. Un punto clave de ese debate en Alemania es la reciente publicación del libro de Herfried Münkler, “Poder en transición: el papel de Alemania en Europa y los desafíos del siglo XXI” (Macht im Umbruch. Deutschlands Rolle in Europa und die Herausforderungen des 21. Jahrhunderts).
El libro de Münker, miembro del SPD y uno de los más respetados especialistas en historia alemana moderna, publicado en abril, se puede leer como una “obra dirigida” a ciertas personas que ocupan cargos de responsabilidad política. Al contrario de otros estudios anteriores, como su libro sobre la Primera guerra mundial y las catástrofes del siglo XXI, este es como un pedido de disculpas por el “cambio de época” (Zeitenwende), el viraje de Alemania hacia una economía de guerra y su preparación para un potencial enfrentamiento armado con Rusia.
Münkler, a diferencia del estadounidense John Mearsheimer y otros más, se autodenomina “miembro melancólico del SPD.” El tema de su libro es argumentar a favor de un papel de liderato estratégico de Alemania en Europa, orientado en el sentido de que Alemania, ante la amenaza rusa, o se somete a la doctrina EEUU-OTAN u opta por la alianza y el diálogo con Rusia, es decir, adopta una “estrategia euroasiática” con Rusia como pieza central.
Así dice: Desde el inicio de la guerra de Ucrania y de la política rusófila de los partidos populistas alemanes, AfD y BSW, la ‘cuestión alemana está de vuelta en la agenda’ que dominó el continente europeo de 19871 a 1945. La cuestión será si Alemania desempeñará un papel en Occidente, con o sin Estados Unidos, y con él el papel de una potencia central europea, o si desempeña un papel como una ‘potencia central euroasiática.’ (…) ¡Estar a favor de la reaproximación a Rusia -cuya consecuencia es la ruptura de la OTAN y de la UE- o sea una relación estrecha entre Moscú y Berlín!
El blanco principal de Münkler es el euroasianismo ruso: “La guerra de Ucrania y las amenazas contra Georgia y Armenia, así como las preocupaciones entre los estados del Báltico, Letonia, Estonia y Lituania -todos miembros de la OTAN- es que puedan convertirse en blancos de los ataques rusos, y el telón de fondo geoestratégico para ello es el Proyecto Eurasia de la élite política rusa. (…) La restauración de la Rusia Imperial, correspondiente a la expansión de la Rusia zarista o de la Unión Soviética luego de la Segunda guerra mundial, puede ser el siguiente paso de una Eurasia dominada por Rusia. El objetivo geoestratégico a medio plazo es disolver el vínculo entre Europa y América del Norte y obtener el dominio político-militar del mar Negro y del mar Báltico. ¡A Largo plazo se trata del dominio de Europa!”
Entre las principales dificultades que habrá de enfrentar Alemania, si quisiese ser un “líder servil” en Europa, se destacan:
1) La amenaza política y militar de Rusia, que, independientemente de cómo termine la guerra de Ucrania, coloca a Europa bajo la presión de las amenazas nucleares y pone a los europeos unos contra otros; 2) La separación de Estados Unidos de Europa con Trump; 3); La política arancelaria minoritaria de Estados Unidos en la guerra contra China; 4) Europa debe reflexionar sobre cómo limitar la migración ilegal del Sur de Europa; hay que contener el exceso moral de los populistas. Es preciso fortalecer el crecimiento económico y tecnológico de Alemania y la construcción de infraestructura. Esto es el prerrequisito para las grandes reformas en la UE.
Halford Mackinder y el “Corazón Euroasiático”
Recuérdese que el concepto de “corazón euroasiático,” sobre el cual Münkler hoy alerta, fue una teoría desarrollada por el geopolítico británico Halford Mackinder. En 1904, este geógrafo e historiador presentó su teoría ante la Real Sociedad Geográfica, concepto que marcó los conflictos geopolíticos que condujeron al estallido de las Primera y Segunda guerras mundiales y, recientemente, sirvió de punto de partida para el conflicto geopolítico entre Rusia y Ucrania.
En su conferencia de 1904, Mackinder previó el fin de la “era colombina,” en la que el dominio de los mares era fundamental para el poderío mundial. Debido al desarrollo de la infraestructura ferroviaria él previo que la masa terrestre de Eurasia se erigiría para convertirse en el centro geopolítico del poder mundial. Según él, había cuatro zonas geopolíticas decisivas para la conquista del poder mundial: 1) el Corazón (Heartland), el centro de la masa terrestre euroasiática (principalmente Rusia), 2) la Orla (Rimland), la masa terrestre al lado de esa zona, que tiene acceso al continente y a los océanos (en particular los imperios Alemán y Austro-Húngaro); 3) un creciente interno que incluye a Turquía, India y China; y 4) un creciente externo: Gran Bretaña, África del Sur, Australia, Estados Unidos, Canadá y Japón. La tesis principal de Mackinder era que Gran Bretaña estaba amenazada por la potencial formación de una ‘coalición entre el Corazón y la Orla, y que Gran Bretaña tenía que hacer todo para “impedir una alianza entre Alemania y Rusia.”
Lo que incomodaba de verdad a Mackinder era el “Corazón Euroasiático”
Y, en particular, el desarrollo ferroviario de Rusia. En cierta parte de la conferencia aludida afirmó que los ferrocarriles transcontinentales no podrían tener un efecto tal en ningún lugar “como en el corazón cerrado de Euro-Asia, en vastas zonas en la cuales ni la madera ni la piedra estaban disponibles para la construcción de carreteras”. Hizo referencia a la enorme importancia del ferrocarril transiberiano y previó que “no pasará un siglo sin que Asia esté cubierta de ferrocarriles.” Y Concluyó con la afirmación de que la desreglamentación del equilibrio del poder a favor del Estado pivote, dando como resultado su expansión sobre las tierras marginales de Eurasia, permitiría el uso de vastos recursos continentales para la construcción de flotas, y el imperio mundial estaría entonces a la vista. “Eso podría suceder si Alemania se aliase con Rusia,” vaticinó.
El pensamiento geopolítico que Mackinder delineó hace más de 100 años provocó dos guerras mundiales. En la Primera guerra mundial (1914-1918), una generación entera se perdió en los campos de batalla, como describen los escritores Stefan Zweig, Thomas Mann y el filósofo Max Scheler. La guerra causó 17 millones de víctimas, de las cuales 7 millones fueron civiles. La guerra termino con el derrumbe de los imperios Austro-Hungaro, Zarista, Alemán (con el emperador Guillermo II) y el Otomano, además de indicar la declinación del Imperio Británico.
Tres décadas después, otra guerra mundial (1939-1945) volvió a devastar a las generaciones jóvenes, dejando 60 millones de muertos, tan sólo 27 millones de la entonces Unión Soviética. En el periodo de la postguerra, el debate se centró apasionadamente en la consigna nunca más la guerra.
Los padres de la Constitución alemana, los esfuerzos del canciller Konrad Adenauer, del francés Charles de Gaulle, del italiano Alcide de Gaspieri y del estadista francés Robert Schumann, para crear una Europa de cooperación y de diálogo, se alinearon con políticos llenos de voluntad del SPD, como Willy Brandt, que dieron lugar a una poderosa reflexión en la búsqueda de la paz y del diálogo. A principios de la década de 1970, tanto el lado alemán como el soviético emprendieron iniciativas para abrir canales de diálogo pacífico y de cooperación. Ese poderoso impulso hacia la paz abrió el camino a los célebres acuerdos de Helsinki de 1975, así como, años después, a la caída del Muro de Berlín, en 1989, que marcó el fin de la división de Europa y la disolución de la Unión Soviética.
En su reciente libro, Herfried Münkel está mucho más distante de la realidad que, por ejemplo, John Mearsheimer, conocido por su realismo. En una conversación reciente con el especialista noruego en Eurasia Glenn Diesen, Mearsheimer, al preguntársele sobre cuál sería su consejo para que Europa acabe con la guerra de Ucrania, respondió: “Si yo fuese Europa, pondría la voluntad para detener la guerra y trataría de construir buenas relaciones con Rusia y China, Estaría interesado en ver crecer la economía europea. Aceptaría que Estados Unidos se retirase parcialmente de Europa. Los líderes europeos piensan fincados en ilusiones. También sufren de un problema demográfico. En diez años, la élite liberal será sustituida por otra. (…) La era unipolar terminó, vivimos en un mundo multipolar. Definitivamente, la idea de Estados Unidos como ‘hegemón benigno’ que podría establecer democracias en todo el mundo, siguiendo el modelo estadounidense, se acabó. Lo que tenemos ahora es un punto de vista más realista.”
Agregó que “desde un punto de vista realista:
1) Ucrania debe ser neutral y no adherirse a la OTAN; 2) Ucrania debe desarmarse y no puede tener armas ofensivas significativas; 3) debe reconocer la pérdida de Crimea y de las tres regiones tomadas por Rusia. Trump aceptaría eso, pero desgraciadamente Ucrania y Europa están en contra. Y la razón por la cual exageran la amenaza de Rusia es porque temen, por encima de todo, la retirada de Estados Unidos de Europa.
*MSIA Informa
