Cuando besamos a alguien apasionadamente, pasan cosas de las que no somos conscientes.
La mayoría de las personas, hombres y mujeres, inclinamos la cabeza hacia el lado derecho cuando besamos. Además, ejercitamos hasta 24 músculos faciales y otros 100 por todo el cuerpo.
Todo empieza en los labios. En ellos se encuentran múltiples terminaciones nerviosas y receptores que llevan información de nuestra pareja de beso al cerebro: la temperatura corporal, el sistema inmune y el tono muscular. El beso es un inconsciente primer filtro con el que la evaluamos.
SE ACTIVA LA RECEPTIVIDAD SEXUAL
En un beso de lengua se intercambia saliva, que contiene testosterona. Así, se activa la receptividad sexual de la pareja de beso. La saliva también lleva consigo más de un millón de bacterias El 95% son inofensivas.
Cuando el cerebro decide que sí nos gusta esa persona a la que besamos, se liberan cuatro neurotransmisores principales: dopamina, la del placer; serotonina, la de la excitación: epinefrina, que aumenta la frecuencia cardiaca y el tono muscular; y oxitocina, la del apego y el cariño.
FENITELAMINA, AUMENTA EL PLACER
También se segregan óxido nítrico, que aumenta el flujo sanguíneo (y es responsable de la erección del pene), y fenitelamina, que aumenta el placer.
Paul Géraldy (1885-1983) Poeta y dramaturgo francés, escribió: “El más bello instante del amor, el único que verdaderamente nos embriaga, es este preludio: el beso”.
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