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EU, momento imperial agotado

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Las placas tectónicas de la geopolítica mundial siguen moviéndose rápidamente en contra de los planes hegemónicos del “Establishment” de Estados Unidos, incapaz de responder al abierto agotamiento de su momento imperial de una forma diferente -y más eficiente- de doblar la apuesta en el uso de la fuerza militar como elemento básico de su política exterior. La Historia nos ha enseñado que la extensión exacerbada del poderío militar, invariablemente, llega a un límite de costo beneficio aceptable, a partir del cual los gastos del aparato bélico se vuelven insostenibles y terminan por convertirse en una de las causas clásicas de la caída de los imperios.

Así fue con los imperios romano, británico y soviético, y sucede así con el imperio informal estadounidense con sus más de 800 bases militares en 80 países y un presupuesto “de defensa” que, cuando se consideran todos sus rubros, es superior al de todos los demás países del mundo juntos. Este vicio resultó evidente con la reacción de Washington a los reacomodos políticos y diplomáticos catalizados por el dueto que forman China y Rusia en el Medio Oriente, luego de la reconciliación de Arabia Saudita e Irán y del fin de la condición de paria regional impuesta a Siria desde 2011, en los inicios de la guerra instigada por Estados Unidos y sus aliados. La normalización de las relaciones entre Riad y Teherán

Abiertamente patrocinada por Pequín (con el discreto apoyo de Moscú), fue consolidada con la reunión de los cancilleres Faisal bin Farhan Al-Saud y Hossein Abdollahian, en la capital china el 6 de abril. La reunión, resultado del encuentro histórico del mes anterior entre los jefes de seguridad del Estado de ambos países -simbólicamente el mismo día que el Presidente chino, Xi Jinping, era reelecto para un tercer mandato-, selló acuerdos sobre la reapertura inmediata de las respectivas embajadas, el reinicio de los vuelos y de las inversiones directas y la futura visita a Riad del presidente iraní, Ebrahim Raisi, por invitación del príncipe regente Mohammed bin Salman. Enseguida, una delegación saudita viajó a Yemen para sostener reuniones con los representantes del grupo Houthi, que desde hace nueve años libra una feroz guerra civil por el dominio del país contra grupos apoyados por Riad. Al lado de los Emiratos Árabes Unidos (EAU), en 2015, Arabia Saudita inició una costosa y fracasada intervención militar en el conflicto interno yemenita, en el que Irán apoyaba directamente a los Houthis.

El entendimiento entre Riad y Teherán ofrece la mejor oportunidad para el fin de la cruel guerra que ya causó más de 400 mil muertes, la gran mayoría civiles.

Otros acontecimientos de la nueva dinámica política regional fueron:

Ante tales acontecimientos, Washington reaccionó de forma más que previsible Primero envió al golfo Pérsico el submarino nuclear de ataque USS Florida, armado con 154 misiles de crucero Tomahawk. Aunque disfrazada de operación de rutina de la V Flota estadounidense, con sede en Bahreim, el ‘timing’ de la misión apenas si consiguió esconder la intención de intimidación -o por lo menos el intento. El director de la CIA, Williams Burns, viajó a toda prisa a Riad para conversar con el regente bin Salman, a quien manifestó la “sorpresa” de Washington con la independencia saudita de reiniciar vínculos con Irán y Siria, pero sin obtener resultados visibles. No obstante, en Siria, el 23 de marzo, la Fuerza Aérea estadounidense desencadenó una serie de ataques contra supuestos grupos apoyados por Irán, en represalia por un ataque con drones a la base militar de Hasakah, en el territorio ocupado, que mató a un funcionario de una empresa e hirió a otras seis personas. El pretexto es el mismo que ha sido utilizado durante años por Israel para justificar los centenares de ataques aéreos contra Siria.

El contraste con la belicosidad estadounidense provino de China. Mientras las Fuerza Aérea de Estados Unidos practica el tiro al blanco en un país contra el que Washington no está oficialmente en Guerra, un navío chino llegó al puerto de Lattakia con 57 casas prefabricadas desmontadas y 429 toneladas de abastecimientos diversos destinados para las víctimas del terremoto del 6 de febrero -cuya respuesta internacional fue bastante perjudicada porque Estados Unidos y la Unión Europea no han suspendido, ni siquiera temporalmente, las sanciones impuestas a Siria-.

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