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EU-Rusia: Peligroso péndulo entre la narrativa y la realidad

Foto: Pixabay

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MSIa Informa

En la videoconferencia del 7 de diciembre entre el Presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y su homólogo ruso, Vladímir Putin, en la que ambos analizaron por dos horas las divergencias entre las dos súper potencias, en especial sobre la crítica situación de Ucrania, se puso de manifiesto el peligroso juego pendular que se traba entre la narrativa hegemónica del “Occidente democrático” encabezado por Estados Unidos y la realidad.

En los días siguientes, en varias conferencias más, Biden conversó con sus principales contrapartes europeas y con el Presidente de Ucrania, Volodymir Zelensky, y Putin con el premier británico, Boris Johnson, y con el Presidente de Francia, Emmanuel Macron, quien, a su vez, conversó con Zelensky y con el nuevo canciller alemán, Olaf Scholz (mientras que su ministra de Relaciones Exteriores, la “verde” Annalena Baerbock, utilizó el primer día de su cargo para viajar a París, y a Bruselas para expresar el compromiso del nuevo gobierno con el “atlanticismo”.

En la prensa occidental, la difusión de esos suceso fue casi monocorde, con la intención de resaltar dos aspectos: 1) la advertencia “inequívoca” de Biden a Putin sobre las duras sanciones que Estados Unidos impondrían a Rusia en caso de la invasión de Ucrania, seguida de declaraciones de altos funcionarios estadounidenses de que Moscú no tendrá ninguna influencia en la posible entrada de Ucrania a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN); 2) el compromiso “invaluable” de Estados Unidos y de la OTAN con la soberanía y la integridad territorial de Ucrania. Sobre Rusia, la mayoría se limitó a repetir el ya desgastado argumento del “amenazador” agrupamiento de tropas rusas en la frontera con Ucrania.

En medio de esa descarga triunfalista, es necesario recurrir al lado ruso para examinar las notas oficiales de ambos gobiernos y alguno raro texto mediático, para vislumbrar lo que de verdad analizaron Biden y Putin y los posibles acontecimientos de este diálogo precario entre la Casa Blanca y el Kremlin.

En el tema ucraniano, la nota oficial del Kremlin describió el dialogo de “sincero y profesional”

“La crisis inter ucraniana y la falta de progreso en el cumplimiento de los Acuerdos de Minsk de 2015, de los que no hay otra opción para promover la resolución pacífica, fue uno de los temas principales de la agenda de conversación. El presidente de Rusia compartió ejemplos específicos para ilustrar la naturaleza destructiva de la política de Kiev para desmantelar el paquete de medidas de Minsk y los acuerdos establecidos dentro del formato de Normandía (con la participación de Alemania y Francia -n.2). Expresó también una seria preocupación con los actos provocadores de Kiev contra (la región de) Donbass.

“A su vez, Joseph Biden se enfocó en lo que describió como movimientos “amenazadores” de tropas rusas cerca de la frontera ucraniana y describió las sanciones que Estados Unidos y sus aliados estarían listos para imponer si la situación empeorase todavía más.

“En respuesta, Vladímir Putin advirtió contra la atribución de responsabilidad a Rusia, ya que la OTAN está poniendo en juego peligrosos intentos de establecerse en el territorio ucraniano y ampliar sus capacidades militares a lo largo de la frontera rusa. Es por esta razón por la que Rusia pretende obtener garantías confiables y legalmente obligatorias que descarten la posible expansión de la OTAN al Este y el establecimiento de sistemas de armas ofensivas en los países vecinos de Rusia”.

Los acuerdos de Minsk, que Ucrania sistemáticamente se ha negado a cumplir (incitada si mucho rebozo por Estados Unidos y la OTAN), tienen en cuenta negociaciones directas con las provincias rebeldes del Este, Donestk y Lugansk, de población mayoritariamente rusa, con la concesión de ciertos grados de autonomía administrativa de ambas. Desde el golpe de Estado que derribó al entonces presidente Viktor Yanukovich, en 2014, con el apoyo activo de Estados Unidos y de la OTAN y de mercenarios georgianos, las dos provincias se rebelaron contra el nuevo régimen de Kiev, lo que dio por resultado un conflicto armado que ya victimó a más de 14 mil personas, entre militares y civiles.

La versión de la Casa Blanca, mucho más compacta, se limitó a un solo párrafo:

“El presidente Joseph R. Biden mantuvo una videoconferencia  con el presidente de Rusia, Vladímir Putin, para analizar en conjunto asuntos sobre la agenda EUA-Rusia. El presidente Biden manifestó la profunda preocupación de EUA y de nuestros aliados europeos sobre la escalada de fuerzas de Rusia alrededor de Ucrania y dejó claro que EUA y nuestros aliados responderían con fuertes medidas económicas y otras, en la eventualidad de una escalada militar. El presidente Biden reiteró su apoyo a la soberanía y a la integridad territorial de Ucrania y pidió una desescalada y el retorno a la diplomacia. Los dos presidentes discutieron también sobre secuestros cibernéticos, así como el trabajo conjunto en asuntos regionales, como en Irán”.

Dos días después, Biden conversó por teléfono con Zelensky y, además de reiterar los compromisos con Ucrania y fustigar a Rusia, no dejó de resaltar, “la disposición de EUA para comprometerse en apoyo a las medidas de construcción de confianza para avanzar en el cumplimiento de los Acuerdos de Minsk, en apoyo al Formato de Normandía” (White House, 09/11/2021).

Ese mismo día, la nota de la agencia AP sobre la conversación afirmaba que Washington deberá presionar a Kiev para cumplir los acuerdos y que altos funcionarios del Departamento de Estado ya habrían informado a sus colegas ucranianos que el acceso del país a la OTAN no habrá de ocurrir antes de una década.

Los dos puntos, el cumplimiento de los Acuerdos de Minsk y la no incorporación de Ucrania a la OTAN, son asuntos claves de la pauta de Moscú, que todavía presiona para la obtención de garantías explícitas de que la Alianza Atlántica no se expanda todavía más rumbo a las fronteras de la Federación Rusa. Este fue uno de los principales temas de la conversación telefónica entre Putin y Macron del día 14.

Todo indica que Biden demuestra sinceridad en busca de un entendimiento con Rusia para evitar un empeoramiento que podría salirse rápidamente de las manos, pues dejó claro que el envío de tropas estadounidenses y de la OTAN a Ucrania en caso de conflicto estaba descartado. Sin embargo, tal intervención choca frontalmente con el plan de las facciones más belicistas del “Deep State” norteamericano, ávidas de provocar una respuesta militar rusa al impasse ucraniano, el cual, a pesar de no haber dudas en cuanto al hecho (la rápida neutralización de las Fuerzas Armadas ucranianas) sería políticamente desastroso para Moscú, pues aseguraría su aislamiento de la Unión Europea y daría a la OTAN un pretexto en bandeja de plata para la ampliación de su hegemonía continental.

La disputa se libra ahora en torno de las garantías exigidas por Moscú. El resultado podría ser crucial para evitar un nuevo y desastroso conflicto europeo.

Foto: Pixabay
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