Mario Lettieri y Paolo Raimondi, desde Roma*
En los Estados Unidos, las guerras, la inmigración y la campaña electoral están atrayendo la atención, desviando la verdadera emergencia interna llamada deuda pública. El problema, sin embargo, ahí está, y es explosivo.
La deuda federal total de los EUA llegó a 34 billones de dólares. Aumentó 2.6 billones de dólares, solamente de junio a noviembre de 2023. Dejando de lado las emisiones para la renovación de los títulos vencidos, el aumento de la deuda líquida fue de 1.7 billones de dólares en seis meses.
Aunque las tasas de interés promedio aún sean relativamente bajas, en comparación con el actual 5.5% practicado por la Reserva Federal (banco central), los intereses anuales de la deuda ya sobrepasaron 1 billón de dólares, equivalente a cerca del 16% del presupuesto federal. ¡Esto no es poco!
¿Quién comprará los títulos públicos, los famosos “Treasuries”?
Las subastas de deuda los tornarán más volátiles. Muchos compradores extranjeros y hasta grandes bancos están demorando sus compras, dejando espacio para grandes fondos y otros especuladores.
Entre los clientes extranjeros, está China, la cual en agosto tenía títulos estadounidenses por valor de 800 mil millones de dólares. En 2016, tenía 1.3 billones. Esto no es meramente una disociación política y económica de los EUA. Es también una consecuencia de operaciones financieras internacionales especulativas.
Muchos contraerán préstamos en yuanes a tasas de interés inferiores a las de los EUA y, después los convertirán en dólares, una significativa fuga de capitales de China que debilita su moneda. Para defenderla, Pekín podría vender más títulos del Tesoro de los EUA.
Hasta el inicio de la inflación, la Reserva Federal venía tapando los hoyos abiertos por la deuda mediante la compra de títulos públicos y, también de los llamados títulos con garantía de activos (“asset-backed securities –ABS”), con valor más que incierto. “Fed” hizo esto creando nueva liquidez, inflando desproporcionadamente su balance, el cual pasó de 3.9 billones en 2019, hasta 9 billones en 2022. Esta peligrosa falta de escrúpulos de “Fed” en tornarse una especie de banco malo acabó –por lo menos, por ahora.

El balón está en el campo del gobierno, en el Departamento del Tesoro
Esta institución encontró otra brecha, más estrecha y más peligrosa. En septiembre pasado, afirmó pretender realizar operaciones de recompra de sus títulos a partir del inicio de 2024. La iniciativa fue apoyada por la experiencia de recompra realizada en el período 2000-2002, por una cantidad de 67 500 millones de dólares, cuando hubo excedentes presupuestarios. La operación tuvo como objetivo estimular al entonces estancado mercado de títulos y, con la compra de títulos de corto y mediano plazo, contener el costo de los intereses.
Pero esta vez, sin embargo, estamos en una situación de déficit presupuestario, y no de superávit. A pesar de las muchas justificaciones en contrario, se están creando oportunidades para que los grandes inversionistas revendan al Tesoro sus títulos previamente adquiridos. En otras palabras, el gobierno, en efecto, debería comprar los títulos de particulares a bajas tasas, a cambio de otras nuevas obligaciones a tasas más elevadas. Un gran negocio para el Estado, que aumenta así la cantidad anual de intereses a pagar.
Consideramos que, al contrario de “Fed”, que puede comprar títulos por la emisión nueva de liquidez, cada dólar de recompra debe financiarse con un dólar de emisiones del Tesoro.
Cuando se cuestiona al Tesoro sobre la manera de financiar la operación responde:
“Planeamos tratar el aumento de nuestras necesidades de financiamiento de recompra, de la misma forma que tratamos otras cuestiones”. Traducción: más deuda pública. De hecho, el Tesoro estadounidense recuerda que, posterior a la decisión de junio de aumentar el límite máximo de deuda, “todo el aumento se hizo con la emisión de títulos del Tesoro con valor de más de 1 billón de dólares, y fueron bien absorbidos por el mercado”.
En realidad, la operación revela el estado de volatilidad y miedo que domina actualmente al mercado de títulos del Tesoro. Recuérdese que, en la pasada primavera, varios bancos estadounidenses medianos quebraron, en momentos en que los aumentos de las tasas de “Fed” dejaron claro que sus títulos se desvalorizarían. Con esta medida, el Tesoro admite efectivamente que hay un recelo de nuevas quiebras bancarias, ventas de títulos y, encima de todo, una creciente reticencia por parte de los grandes inversionistas en el mercado de títulos gubernamentales.
Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), la actual deuda pública global es de casi 100 billones de dólares, 40% más que en 2019. La deuda pública total de EUA representa el 32.4% de la deuda global, con una relación deuda/PIB de 123.3%.

