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¿Existe o no el riesgo de una reanudación de la inflación?

Foto: Pixabay

DÓLAR

¿Existe o no? Esta no es una cuestión académica, la cual mantenga a economistas y periodistas económicos ocupados. Está en juego la estabilidad del sistema, ya vivida por dos crisis económico-financieras muy graves en poco más de una década. La discusión se abrió también en el ámbito del G-30, con un grupo de especialistas de altas posiciones en instituciones monetarias y financieras internacionales.

El exgobernador del Banco de Inglaterra, Mervin King, miembro senior del G-30 argumenta que “por primera vez desde los años 1980, hay dos factores que tornan a la inflación un riesgo serio: estímulo monetario y fiscal excesivo y una débil resistencia política a la amenaza inflacionaria”. Es el mismo análisis de Larry Summers, exsecretario del Tesoro de Estados Unidos, al respecto del país y fuera de él.

Las cuarentenas motivadas por la pandemia de Covid-19 han tenido un fuerte impacto sobre la oferta y la demanda. Los datos recolectados desde 2019 indican que, en el Reino Unido, la fluctuación de la producción ha sido grande, pero se mantiene en línea con la caída de la demanda. Hoy, se estima que la brecha de la producción sea del 1% en el primer trimestre de 2021 y debería aproximarse a cero hacia comienzos de 2022.

Seamos claros

Nadie cuestiona el hecho de que los gobiernos y bancos centrales inviertan en apoyo de las economías, negocios y trabajadores. Si esto no se hubiera hecho, el mundo se habría sumergido en una crisis económica y social sin precedentes. La cuestión es la manera de administrar futuras intervenciones sin comprometer el esfuerzo hecho hasta ahora. El nivel tolerable de inflación es, por lo tanto, crucial.

Recordemos que el aumento del gasto público está financiado no por impuestos, sino por la creación de dinero por los bancos centrales, tanto que, de marzo de 2020 a junio de 2021, el presupuesto del Banco Central Europeo (BCE) creció de 5 hasta 7.9 billones de euros y el de la Reserva Federal estadounidense se duplicó, de 4.2 hasta 8.1 billones de dólares.

Es cierto lo que el premier Mario Draghi, expresidente del BCE, argumenta sobre la diferencia entre la deuda buena, generadora de nueva riqueza, y la deuda mala que solamente cubre gasto corriente y fugas presupuestarias. Surge ahí la cuestión de cuándo habrá tasas de interés más altas y una inevitable contracción de los balances de los bancos centrales. Sin un aumento de impuestos, lo que ningún gobierno gustaría de hacer, ¿cómo se financiarán los déficits? Existe el riesgo de una respuesta muy lenta a las señales del aumento de la inflación. Incluso una posible corrección brusca en el mercado tendría preocupantes efectos para la economía.

En los EUA, la tasa de inflación en abril fue de 3.1% en base anual. Los responsables por la política de la Reserva Federal han afirmado repetidamente que consideran como meramente “transitorio” cualquier pico de inflación por encima de la franja aceptable, es decir, la llamada meta del 2%. Teniendo en mente las evaluaciones erradas y las experiencias negativas pasadas, “transitorio” es un adjetivo a evitarse con cuidado.

Si la “Fed” estuviera equivocada al presumir que el actual aumento de inflación es transitorio, el resto del mundo no quedará ileso. Un rápido aumento en las tasas de interés en los EUA resultará en un dólar atractivo en relación con otras monedas. Las economías emergentes podrían experimentar una fuga rápida de capitales hacia los mercados de EUA, en la búsqueda de rendimientos más elevados, creando mayor volatilidad en sus mercados, con tasas más altas, crecimiento más lento y el riesgo de una nueva recesión. La deuda en dólares quedaría más cara y aumentarían las dificultades del pago.

Hay también aquellos, como el ex-economista en jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI). Kenneth Rogoff, de la Universidad de Harvard y miembro también del G-30, quien desde hace años argumenta que la cura para todo en la economía y para la reducción de la deuda sería una “inflación controlada” del 4-6% anual durante varios años, para recortar el período de “doloroso desapalancamiento” (reducción de la deuda) y crecimiento lento”. Receta algo superficial, pero muy arriesgada.

Un antiguo proverbio popular dice que quien juega con fuego acaba quemándose.

*MSIa Informa

Foto: Foto-Rabe
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