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Explota la deuda de EUA y la global

Foto: Pixabay

DÓLAR

Mario Lettieri y Paolo Raimondi, desde Roma*

Los acontecimientos deben evaluarse por sus implicaciones, muchas veces, negativas. En la actualidad, los EUA son los preocupantes, toda vez que desde junio de 2023 la deuda pública estadounidense viene aumentando un billón de dólares cada 100 días. Los datos son elocuentes. Primero, vale la pena registrar: en diez años, de 2024 a la fecha, la deuda se duplicó, pasando de 17 billones hasta su valor actual de 34.5 billones de dólares. Muchos analistas piensan en el modelo del billón cada 100 días” continuando en el futuro inmediato.

El “Congressional Budget Office” (CBO), órgano independiente dedicado a producir estudios económicos para el Congreso, estima que el déficit presupuestario anual aumentará en 1.6 billones este año hasta 2.6 billones en 2024. En otras palabras, durante la próxima década, los Estados Unidos deberán sumar casi 19 billones a la deuda pública actual, llegando a un total de 54 billones.

En el mismo período, el país gastará más de 12.4 billones solamente en pago de intereses. Por ende, la parte de pagos sobre la deuda podría exceder otros rubros presupuestales, incluyendo los gastos de Defensa. Las proyecciones se hacen, recordemos, estimando una tasa de interés cayendo por abajo del 3% anuales. Hoy están en 5.5%.

Esta es la realidad oculta y deliberadamente ignorada para dar espacio solamente a la exaltación de los datos positivos relativos a las expectativas del aumento de Producto Interno Bruto (PIB) y de los niveles de empleo.

El Institute of International Finance (IIF), asociación con sede en Washington

Representante de las mayores instituciones financieras del planeta, afirma que en 2023 la “burbuja global” de la deuda pública, corporativa y familiar, con excepción de los derivados financieros, habría aumentado en aproximadamente 15 billones de dólares, elevando la deuda global al nivel de 310 billones de dólares. Hace una década, eran 210 billones. Esta es una tendencia global peligrosa.

No se trata de un simple malestar, sino de una fiebre cuyas causas residen en décadas de políticas financieras erradas. Los efectos se manifiestan de tiempo en tiempo de formas diferentes, o en diferentes sectores, pero son siempre el fruto envenenado de las finanzas especulativas que afectan todos los sectores de la economía.

Nosotros los vimos en la gran crisis de 2008-09, nunca realmente enfrentada, en las quiebras bancarias, en la liquidez “va, va” de la flexibilización cuantitativa, en las políticas de la Reserva federal de tasas cero de interés, inicialmente, seguidas por un aumento de ellas para combatir la inflación.

En este contexto, es sorprendente observar que, en cuanto la deuda y la liquidez crecen, o el oro, el bitcoin y Wall Street también logran máximos históricos.

El oro sobrepasó los 2000 dólares la onza; el bitcoin, la criptomoneda más conocida, llegó a valores impensables, un poco debajo de los 70 mil dólares, con una valorización del 200% en 12 meses; el S&P 500, el índice de acciones más importante de la Bolsa de Wall Street alcanzó ampliamente el máximo histórico de 5000 puntos.

Por donde quiera que se vea, los mercados bursátiles están batiendo récords: el índice europeo STOXX 600 estableció su récord en torno de los 500 puntos y el Nikei 225 japonés superó su anterior registro establecido en 1989.

Esta euforia es provocada, en particular, por la efervescencia de las acciones ligadas a las empresas de inteligencia artificial

Por ejemplo, el fabricante de chips IA Nvidia registró un impresionante crecimiento de ingresos del 265% en el cuarto trimestre de 2023, con lo que el precio de sus acciones subió más del 60% en su acumulado anual.

En realidad, se necesita cautela, porque podría morirse de exceso de euforia. Por otro lado, algo similar ya ocurrió en la década de 1990 con la burbuja de acciones de la tecnología de la información (TI), la cual después de haber drogado a los mercados de Wall Street, llevándolos a un paraíso artificial, a inicios de los años 2000, resultó en una quiebra, la notoria crisis de las empresas “punto.com”, navegando entonces el mercado en los círculos más bajos del infierno.

En los EUA, ante la insustentabilidad de la deuda, muchos han propuesto una reducción de los déficits presupuestales, lo que implica cortes en el gasto público. Sería una represión al bienestar social, a los costos de salud, educación, transportes, etc., afectando los patrones de vida de la población más pobre y a los de la ya de por si depauperada llamada clase media. En Washington, el estimado es de que los ingresos que serán del 17.5% del PIB en 2024, caerán a un 17.1% en 2025, y después permanecerán por debajo del 18% hasta 2027.

En suma, estamos hablando de todos, excepto de meter la mano en las finanzas dominantes que se saldrán de control, con el riesgo de unos efectos negativos repercutiendo en todo el mundo.

*MSIA Informa

Fotos: Pixabay
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