mayo 18, 2026

¿Fin de la hegemonía o apocalipsis elegido?: ¿A dónde se dirige EU?

¿Fin de la hegemonía o apocalipsis elegido?: ¿A dónde se dirige EU?

La palabra trampa se escucha cada vez más en EE. UU. para describir la situación en la que Donald Trump ha quedado atrapado respecto a Irán, impulsada por Benjamín Netanyahu. Sin embargo, quizá sea más exacto decir que esto es consecuencia de cómo los intereses estadounidenses están atados a Israel, país que ha vivido una radicalización política en los últimos 15 años. Esta trampa parece haber resultado fatal para Washington.

Alexandr Yakovenko*

Estados Unidos no puede comportarse igual a Tel Aviv en Gaza y en Líbano, de lo contrario, la diferencia entre ambos desaparecería para siempre. No sería Israel quien se elevara al nivel de EE.UU., sino Washington quien se vería reducido al tamaño de Israel. Esta es la magnitud de las apuestas que el establishment estadounidense y, en especial, los responsables directos —incluido el estamento militar— de la línea iraní no pueden desconocer.

En el propio Israel se reconoce que en esta dinámica, EE.UU. está perdiendo.

Al confrontarse directamente con el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) —consecuencia de su estrategia para eliminar a la dirigencia política iraní—, Washington se ve compelido a legitimar a este componente armado del sistema político persa mediante negociaciones indirectas. Se trata de un actor que los propios estadounidenses incluyeron en su lista de organizaciones terroristas y que, al parecer, no tiene intención de desaprovechar la oportunidad histórica que se le ha brindado:

Poner fin, de manera unilateral, no solo al orden americano-céntrico en Oriente Medio, sino a la hegemonía global de EE. UU. en su conjunto, ostentando además el dominio de la escalada.

¡Quién habría imaginado que el destino otorgaría a Teherán el papel del David bíblico frente al nuevo Goliat!

Desde el punto de vista técnico, la situación recuerda a la primera mitad de los años setenta, cuando Washington abandonó el patrón oro y aprovechó la crisis petrolera de 1973-1974 para instaurar el sistema del petrodólar, mediante el cual el precio del crudo se fijaba en dólares, creando así una demanda artificial de la moneda estadounidense. Durante toda aquella década, EE. UU. sufrió una de las peores crisis económicas de su historia.

Si Teherán cierra el estrecho de Ormuz —lo que acertadamente se denomina la bomba nuclear económica de Irán—, podría desencadenar una recesión global de consecuencias catastróficas para la economía estadounidense y el fin del petrodólar tal como lo conocemos

China ya compraba petróleo a los países árabes del Golfo en yuanes

Pero ahora, después de la destrucción de su infraestructura energética —que podría ser total si hay una nueva ronda de confrontación armada—, les faltan precisamente esos dólares para reconstruir y simplemente para vivir en condiciones de paz. Los Emiratos Árabes  Unidos (EAU) solicitó a Washington una línea de swap de la Reserva Federal, de lo contrario, se verá obligado a pasar al yuan, lo que equivaldría ni más ni menos que a un viraje estratégico hacia Pekín: “¡Adiós, EEUU!”. Nada personal. Todo se construyó sobre arena, literal y metafóricamente. ¿Por qué fue necesario arriesgarlo todo?

Washington se enfrenta a una disyuntiva: Una segunda oleada de ataques contra Irán, lo que claramente busca y comprende que el final del conflicto debe ser definitivo y, por tanto, puramente militar, sin diplomacia alguna, o, bajo cualquier pretexto, aceptar las condiciones del país persa y retirarse en silencio de la región, sin pagar nada, volviendo al seno del electorado MAGA, mientras los republicanos aún puedan salvar algo, de cara a las elecciones intermedias de noviembre.

En cualquier escenario, el control del estrecho de Ormuz queda en manos iraníes.

Esta alternativa o destruirá para siempre el respeto y la credibilidad de EEUU, o los restaurar, a condición de que se normalice como una gran potencia global más: un estatus que deberá ganarse día tras día con logros en su propio desarrollo —tecnológico incluido— y renunciando a vivir a costa del resto del mundo. De lo contrario, no funcionará. Como no funcionó en las últimas décadas, cuando las élites estadounidenses creían que el famoso “liderazgo” les había sido otorgado por derecho divino para siempre y que no hacía falta demostrarlo.

Hace ya 20 años, el politólogo estadounidense Zbigniew Brzezinski advertía que, para mantener su posición global, EE. UU. debía guiar su política exterior por algo más trascendente que los estrechos intereses nacionales, y que dicha visión de futuro debía ser compartida por otras naciones.

Solo los estadounidenses pueden responder al desafío surgido del conflicto con Irán. Todos los demás, incluidos sus aliados, han optado por el distanciamiento. Tal separación —y no el poderío militar—, junto con el dolce far niente (la inacción), es lo que ya ha destruido de facto a la OTAN y funciona como una bomba nuclear pacífica iraní. Recordemos que, precisamente, esa desalineación del Sur y del Este global fue lo que hizo fracasar las sanciones contra Rusia en el conflicto ucraniano.

Foto: WikiImages/Pixabay

Queda, además, lo que cabe llamar una guerra civilizacional de exterminio —la vivimos en 1941-1945, cuando los nazis alemanes actuaban en nombre de la “Europa civilizada”—, es decir, fuera de todo marco jurídico internacional, incluido el humanitario. A eso se reduce el manifiesto de 22 puntos de Palantir, que propone olvidar la moral en las decisiones políticas y actuar sin piedad contra enemigos de otras civilizaciones, partiendo de que hay culturas exitosas y culturas “nocivas”.

Entre estos enemigos figuran Irán y Rusia

Este apogeo del militarismo impulsado por la IA —bajo la premisa de “¡que luche él!”, ápice de la deshumanización bélica y camino que los estadounidenses ya recorrieron con drones en su “guerra contra el terror”— y del totalitarismo, proclama como meta la creación de un nuevo Estado corporativo hipertecnológico dirigido por Alex Karp, cuyos “sacerdotes” pretenden saber más que nadie. Es como si al mundo no le bastara la experiencia del Estado corporativo bajo el fascismo y el nazismo europeos.

¿Y en qué se diferenciaban los imperios coloniales dirigidos por empresas privadas?

La propia Compañía Británica de las Indias Orientales condujo a la India a la rebelión de los cipayos en 1857, tras la cual Londres asumió directamente el control de la colonia. De ahí solo hay un paso hasta el empleo del arma nuclear —posibilidad que afortunadamente Trump niega al afirmar que “ya ha ganado de todos modos”—, puesto que, según la visión del cofundador de Palantir, Peter Thiel, el Anticristo ya camina entre nosotros: la escatología religiosa justificaría incluso este extremo. En su obra “Apocalipsis de nuestro tiempo”, el escritor y filósofo ruso Vasili Rózanov escribió verdades amargas sobre el cristianismo y el destino histórico de Rusia, admitiendo que, en la catástrofe de la guerra europea, “todo se precipita en el vacío de un alma que ha perdido su antiguo contenido”, que era precisamente la fe cristiana.

Ni a él ni a nadie en el mundo cristiano hasta ahora (los nazis se volcaron al ocultismo) se le ocurrió ponerse a dirigir un apocalipsis declarado arbitrariamente. Es decir, usurpar el papel de Dios (de ahí el choque con el Vaticano). ¿O es que estas élites —que desde siempre han tenido una conciencia profunda de su excepcionalidad en forma de autoelección y autjustificación y, por tanto, del derecho al genocidio heredado de los fanáticos— no pueden ofrecer nada más ni a su pueblo, ni al mundo?

El historiador militar Michael Vlahos en su ensayo “EEUU es una religión” (publicado en la revista “The American Conservative”), históricamente EEUU ha sido mucho más que un Estado-nación moderno y, en su mesianismo, se acercaba a las civilizaciones orientales, llamada a llenar ese vacío del alma del que hablaba Rózanov. La modernidad quita, no da.

Juzgar al otro de “primitivo” crea las condiciones para su deshumanización (igual que la tesis israelí del supuesto “holocausto nuclear”)

Por eso, al negar a Irán el derecho a ser lo que EEUU fue alguna vez (pero perdió tras seis décadas de guerras fallidas), Washington se convierte en estructuralmente incapaz de diseñar una estrategia victoriosa contra el país persa. La actual “narrativa redentora” de las élites se resume en el eslogan “la paz mediante la fuerza”, cuya ejecución debe reforzar la legitimidad del poder estadounidense, que ha optado por el camino de la “coerción y el castigo” tanto dentro como fuera. Según Vlahos, esta interrelación es una “dinámica mutuamente destructiva”.

La gran pregunta es si los propios estadounidenses están dispuestos a aceptar la transformación de su sociedad y Estado que les proponen los multimillonarios de la tecnología. El tiempo lo dirá. Pero si EEUU toma este camino, se enfrentará frontalmente al resto del mundo y se convertirá en un paria global. Nadie mirará con indiferencia este giro transhumanista de la política autodestructiva de las élites estadounidenses.

Lamentablemente, la declaración de Trump sobre su intención de destruir la civilización iraní considerada paria, encaja perfectamente con estas recetas. Ojalá que detrás de esta retórica solo haya enfado por el hecho de que Teherán se comporta de forma deshonesta e incorrecta, destruyendo las expectativas iniciales y sin fundamento de Washington y Tel Aviv.

Fotos: mostafa_meraji

En términos simples, la opción que tiene EEUU es la misma que plantearon politólogos independientes ya en tiempos de Barack Obama: Aferrarse a la existencia en un sistema cerrado (un control cada vez más ilusorio sobre el mundo) o aprender a vivir en un sistema abierto, compitiendo de igual a igual con el resto de los países.

Y parece que, precisamente, Irán va a ayudar a las élites estadounidenses a tomar la decisión correcta, acorde con los tiempos y con las capacidades reales de EEUU, que por primera vez en la historia moderna quedan tan claramente expuestas en Oriente Medio y más allá.

*Diplomático, exembajador ruso en el Reino Unido y rector de la Academia de Diplomacia del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia.
Fotos: Pixabay

About The Author

Maestra en Periodismo y Comunicación; directora de noticias, editora, jefa de información, articulista, reportera-investigadora, conductora y RP. Copywriter de dos libros sobre situación política, económica y narcotráfico de México; uno más artesanal de Literatura. Diversos reconocimientos, entre ellos la Medalla de plata por 50 Aniversario de Radio UNAM y Premio Nacional de Periodismo, categoría Reportaje.

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