Arturo Rios
Muy orgulloso el presidente por la “medalla de plata” que se otorgó el diario inglés, Financial Times, por su segundo lugar como líder más popular. Sus palabras así lo denotan: Ya reconoce que pobremente estamos en segundo lugar; –entre risas- señaló que los fifís consideran al medio como la Biblia
Esto es para el archivo de vanidades. Van a decir nuestros adversarios ‘es un ególatra’, expresó López Obrador. No faltó la puntilla a los que llama adversarios, como niño con el mejor juguete.
Desde luego que no se puede objetar su popularidad que mantiene desde el inicio de su gestión, sostiene un número de seguidores que rayan en el fanatismo, son consistentes en sus preferencias.
Pero analicemos bien la popularidad y comparémosla con la eficacia, son dos términos importantes que hacen la diferencia:
La popularidad no es más que el dedo pulgar en alto en un circo romano y una conducta no sostenible en el tiempo. Con todo, esta cosa espumosa sin definición precisa ni condición estable que llamamos popularidad, tiene ciertamente efectos políticos. Lo escribió Daniel Grimaldi doctor en Estudios Políticos, Investigador Asociado CESPRA-EHESS.
La eficacia gubernamental, refleja la percepción que la población de cada país tiene sobre la calidad de los servicios públicos, de la administración y su grado de independencia frente a presiones políticas y la aplicación de estrategias y la credibilidad en el compromiso del gobierno con esas trazas. Su rango de valores va desde una percepción de la calidad entre débil y fuerte.
Así que, entre la popularidad y la eficacia, en la última, la percepción general no hay medalla, los señalamientos son abundantes en contra. La inconformidad con un grueso sector social es lastimoso; la inseguridad abarca hasta la decepción.
Actos criticables
La farsa de la rifa del avión. En salud, el panorama es desalentador. La falta de medicamentos para niños con cáncer, la falta de insumos para que el personal médico al frente al COVID-19, recortes presupuestales en salud y muertes por covid que suman los 300 mil y hay quienes afirman que son muchos más.
Corrupción, el emblema de la gestión Lopezobradorista se queda en decepción. La persecución está dirigida solamente a los adversarios y perdón y olvido, al estilo juarista para los de casa. Más para familiares y amigos.
Por ello, la popularidad no debe ser festejada, es tan sólo vanidad, regodeo, presunción y tan volátil y pasajera que en cualquier momento se puede revertir en desprecio. En cambio la eficacia, esa sí sería un triunfo verdadero.
Es la diferencia entre un politiquillo con un estadista. Otto von Bismarck, Político alemán (1815-1898), escribió: El político piensa en la próxima elección; el estadista, en la próxima generación.

