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A medida que la situación de Gaza se agrava -una crisis humanitaria sin precedentes- por el cada vez más intenso e indiscriminado bombardeo de Israel, la parálisis de Naciones Unidas impotente para detener la sangrienta escalada bélica y la opinión pública mundial volcada mayoritariamente contra Israel, se hace evidente que el presente cambio de época rumbo a un orden mundial multipolar será influenciado de forma decisiva por el resultado del conflicto.La feroz respuesta israelí a los ataques terroristas del 7 de octubre, sometiendo a la población civil de Gaza a un brutal castigo colectivo cambió a favor de los palestinos la ola mundial de simpatía, principalmente luego de la todavía no aclarada embestida a los patios del hospital Al-Ahli, el día 17de octubre. A partir de ese momento, se desataron ruidosas manifestaciones en las cuales participaron centenares de miles de personas, en el mundo árabe, en Estados Unidos y en la Unión Europea (UE).El contraste, los gobiernos de estos últimos se apresuraron a manifestar su apoyo incondicional al alegado “derecho de defensa” de Israel. Así, iniciaron una excursión a Tel Aviv para sostener reuniones con el primer ministro Benjamín Netanyahu, acosado por la fuerte presión de la población israelí, que lo responsabiliza personalmente del desastre. Entre los figurantes se encontraba la presidente de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, el canciller Olaf Scholz, el presidente estadounidense, Joe Biden, el francés Emmanuel Macron, el premier británico, Rishi Sunak, y la primera ministra italiana, Georgia Meloni.
Falta de diplomaciaNo obstante, lo que se ha manifestado, hasta ahora, es la falta de iniciativa diplomática de las potencias occidentales incapaces de aportar una contribución para el cese del estado de guerra y, menos todavía, atreverse a mencionar la solución definitiva de un conflicto, olvidado por décadas, esto es la legitima creación del Estado Palestino; además de la desocupación israelí de Cisjordania, crecientemente invadida por colonos judíos radicales. Prueba de tal incapacidad, fue la inusitada cancelación simultanea de las tres reuniones que el presidente Joe Biden tenía programadas con los presidentes de Egipto, Abdel Al-Sisi, de la Junta de gobierno Palestina, Mahmoud Abbas, y con el rey de Jordania, Abdalah II.
El desaire diplomático concluyó con la negativa de Abbas a contestar una posterior llamada telefónica de Biden.
De la misma forma, la reunión cumbre por la paz convocada por Egipto, en la que se congregaron representantes de 75 países, terminó sin una declaración final debido a la obstinación de los representantes europeos en resaltar el “derecho a la defensa” de la nación atacada, una prerrogativa del derecho internacional, que, sin embargo, en la práctica, Israel la ha convertido en la licencia para venganzas indiscriminadas contra la población palestina. Tal “derecho de defensa”
Fue también el argumento convenientemente usado por Estados Unidos para vetar una resolución equilibrada presentada por Brasil en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, apoyada por casi la totalidad de los miembros, veto que, a pesar de ser esperado, puso en evidencia la intolerancia de Washington.A todas luces resulta evidente que el status quo palestino es insostenible. Israel no cuenta con una solución militar si opta por proseguir torturando al pueblo palestino, una situación que recuerda al Gueto de Varsovia en la Segunda guerra mundial, arrasado por la máquina de guerra nazi en 1943. Cualquier intento radical en ese sentido implica del riesgo de una conflagración bélica a gran escala, con la posible participación de otros actores regionales, Estados Unidos y de Rusia.
Tampoco es viable la opción de expulsar a los palestinos de Gaza a Egipto, como parece ser la intención de Netanyahu y de su círculo inmediato. De la misma forma, la brutalidad israelí comprometió el acercamiento con los países árabes, en el cual tanto Tel Aviv como Washington apostaban sus fichas para mantener a Israel en la posición privilegiada de una especie de sub-hegemón en el Oriente Medio.
Con todo rigor, el problema palestino se inserta en el marco de la reconfiguración del orden político en toda la región del Medio Oriente y del Norte de África, donde la anterior influencia las potencias occidentales, va cediendo espacio al orden multipolar encabezado por Rusia y China, un orden rival existencial para la oligarquía occidental. En esencia, Gaza se ha convertido en la frontera tenue de un nuevo orden mundial.
