Desde hace tiempo es frecuente que, con el afán de alcanzar alto rating en una información, se recurra a deformar, manipular y manejar notas sensacionalistas de un acontecimiento o de una personalidad pública con el fin de lograr notoriedad noticiosa e, hipotéticamente, a servir consciente o inconscientemente a intereses políticos o económicos en el contexto de la polarización existente en México.
Bernardo Méndez Lugo*
Principalmente en redes sociales se propagan rumores, supuestos y medias verdades que afectan profundamente la imagen de instituciones públicas o privadas, así como de personalidades.
En ocasiones, también estas medias verdades o mentiras se generan en palestras oficiales y pueden dañar severamente reputaciones.
Y en un periodo de inicio de sexenio como el que vivimos en México, no es raro que se agudicen estas tendencias abusivas y de falta de ética periodística, exacerbada por la polarización política que, sigue siendo una constante.
Por conocer desde hace décadas el ámbito de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) y por haber sido diplomático de carrera y además agregado de prensa, vocero y funcionario de comunicación social, conozco el tema y la cobertura noticiosa de la Cancillería.
También identifico y he tratado a muchos de los reporteros de la fuente y analistas o comentaristas abocados a hablar de lo que acontece en la Cancillería, embajadas y consulados. También sé del liderazgo político nacional del actual Canciller, Dr. Juan Ramón de la Fuente, y su papel central en diversas políticas de la presidenta Sheinbaum, no sólo las relativas a sus funciones.
El marketing noticioso
Puede ser utilizado de buena fe con el fin de vender la nota y lograr cierto impacto. Esta tendencia no es nueva y la he observado por décadas. La manipulación noticiosa se hace de varias maneras y, depende también, de coyunturas políticas y de quienes auspician un medio informativo determinado. Y, en los últimos años, los influencers y los voceros oficiosos de los diversos actores políticos.
Hago un recuento de ejemplos de manipulación política o medias verdades que afectan la imagen de Cancillería y un fenómeno similar se puede dar con otras dependencias, instituciones, gobiernos, partidos, empresas y organizaciones civiles:
- Rumores de supuestos pleitos o disputas internas en las altas esferas de cualquiera de estas organizaciones para deducir o implicar debilidad y falta de unidad o coherencia.
- Difusión de comportamientos privados de funcionarios y personal diplomático y consular que no representan, per sé, el actuar de la institución o que sean actos responsabilidad de la Cancillería. Lo mismo puede suceder en otras organizaciones.
- Reportajes sobre nombramientos de funcionarios (as) en el organigrama de SRE y en el exterior que no son de carrera o cuyos perfiles no son óptimos para las tareas asignadas.
Las críticas pueden provocar renuncias y remociones
Algunos de estos nombramientos dependen directamente de la presidenta de la República. Lo mismo puede suceder en otras organizaciones e instituciones.
Se busca llamar la atención
Tener impacto noticioso o, de plano, afectar imagen y de beneficiar a un grupo, poder fáctico o a una facción interesada en tener influencia en las políticas o decisiones de la Cancillería.
En contadas ocasiones, pueden ser críticas impulsadas por la búsqueda de justicia y respeto al buen desempeño de la institución. Estos manejos puede dañar a cualquier dependencia u organización.
¿Cómo se realiza la manipulación?
- Se mezclan varías formas de desinformación: Rumores acerca del equipo cercano al titular SRE, sus supuestas disputas y faltas éticas o morales.
- También se hacen elucubraciones sobre las supuestas y reales alianzas políticas del Canciller. Se habla sobre su papel como Jefe de Gabinete de facto y su proyección futura, sus posibilidades, contendientes, aliados y enemigos reales y supuestos.
- Y se inventan supuestos o reales conflictos o enfrentamientos o supuestas acciones para fortalecer posiciones políticas.
La guerra sucia o deformación informativa que afecta o puede dañar la imagen de la SRE, se combina con algún caso excepcional más que regla, de comportamiento inadecuado o irresponsable de un o una funcionaria o alguna historia vieja que se revive para dañar reputación, destruir o, de plano, “asesinar personalidades”.
El linchamiento mediático puede venir de tribunas gubernamentales e, incluso, desde la misma Cancillería, filtrando información confidencial o abierta o subrepticiamente desde fuentes o sedes diplomáticas en el exterior.
Como sucedió en el proceso de elección de la dirigencia de Morena, que ha evidenciado grandes grietas y divisiones internas en este instituto político, situación que se ha utilizado en diversos tipos de guerra sucia contra este Partido.
Este venenoso cóctel
Se adereza con historias y trayectorias de algún funcionario que tuvo participación en entidades o agrupaciones desprestigiadas, de dudosa reputación o de mala fama. Aún cuando la participación haya sido marginal o muy irrelevante. El impacto es tal que algunos (as) se ven obligadas a renunciar.
A través de las guerras mediáticas se tiene el escenario perfecto para crear leyendas siniestras y tremendistas, para desprestigiar a la institución como entidad pública respetable.
Otro tema socorrido es, ¿si se respeta la normatividad, jerarquías y organigramas? Todo está bajo escrutinio público y una falta, aún menor, puede agrandarse y volverse noticia de primera plana sin realmente ameritarlo. Lo clave en la manipulación informativa de los francotiradores es crear escándalos y destruir reputaciones.
Todos los méritos, logros y trayectorias de personas e instituciones son desechados y eliminados por una historia personal o varias historias fragmentadas sin conexión entre sí, pero puestas en el mismo escenario catástrofista.
Llevado al extremo, a la caricatura, una realidad escandalosa e indeseable de la institución, provocando el cese del o los funcionarios. El denominado asesinato de personalidades políticas con acciones orientadas a dañar reputación, es una constante.
Imposible, saber con certidumbre los fines y financiamientos de estas guerras sucias mediáticas, y conocer a los actores ocultos.
No se sabe si solo es el intento de un reportero o director de un periódico, revista o hasta un influencer de tener impacto y obtener el anhelado rating o bien, la búsqueda de la verdad, la justicia y la transparencia.
Se mantiene un escrutinio insistente de la vida privada y familiar y del círculo de amigos y aliados de los y las funcionarias de Cancillería con la intención de golpear mediáticamente en la primera oportunidad. También sucede con otras dependencias y organizaciones civiles, empresariales y gubernamentales.
O es posible también que atrás de estos fines aviesos o perversos, se inscriban oscuras luchas políticas que intentan generar malestar o instigar divisiones para obtener dividendos.
Son pocas los francotiradores autónomos
En realidad la vocación del rating, de vender la noticia a toda costa, es lo que prevalece o intereses creados del medio o poderes ocultos que las auspicia. Pocas acciones son casuales o inocentes.
En ocasiones, el propio periodista o comentarista no se da cuenta de que puede ser utilizado.
Recuerdo en los años setentas, en las épocas de las crisis políticas en nuestro país, que la embajada estadounidense promovió activamente a ciertos periodistas y editorialistas que coincidían con sus intereses y visiones.
Sin que ellos supieran les daban foros, mayores audiencias y visibilidad. Ahora, con las redes sociales, es más sofisticado y efectivo promover ciertas ideas y recrear un imaginario social ad hoc a favor o en contra del gobierno.
No necesariamente hay mala fe, pero afecta la capacidad de ser objetivos y veraces. De hecho, la propia dinámica de vender el impacto noticioso desnaturaliza y afecta el papel de los comunicadores.
En ese contexto se aprovecha la falta de transparencia de las instituciones y sus decisiones. Menor opacidad y mayor apertura institucional a los medios ayudaría a limitar rumores y disminuir noticias alarmistas o manipuladas.
Y cuando la pradera está muy seca y soplan fuertes vientos, es muy fácil que se incendie todo y no se pueda controlar el fuego.
Como conclusión
La manipulación informativa puede ocasionar profundo daño a personas e instituciones y es nuestra obligación retomar y alertar de estos hechos que afectan la convivencia civilizada y respetuosa entre diversos actores políticos, sociales y económicos en nuestro país.
