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Guerra y especulación: Mezcla explosiva

Foto: ThePixelman

 

Mario Lettieri y Paolo Raimondi, desde Roma

La pandemia y la guerra en Ucrania deflagraron grandes turbulencias económicas globales: indiscutible. Sin embargo, no es verdad que sean las únicas causas de la inflación y la incipiente recesión económica mundial. No podemos echar bajo la “alfombra” de la pandemia y de la guerra toda la basura especulativa financiera arrastrada desde hace décadas.

Incluso, las recientes alertas de crisis hechas por algunas figuras financieras importantes no deben ser engañosas. Jamie Dimon, ejecutivo en jefe de JP Morgan, espera un “huracán económico” causado por el recorte del balance de la Reserva Federal de los EUA y por la guerra en Ucrania.

Los señores del mundo están más preocupados con la burbuja financiera que crearon que con el destino de la economía. Es como el grito de un adicto a las drogas que ya no tiene acceso a ellas.

Basta analizar el balance de la Reserva Federal para entender mejor el problema. De 900 mil millones de dólares antes del colapso de Lehman Brothers, subió hasta 4.5 billones en 2014, debido a las inyecciones de liquidez para salvar el sistema financiero. Entonces, desde el inicio de la pandemia, en 2020, se disparó de 4.1 billones de dólares hasta los actuales 9 billones –más del doble ¡en dos años!

Tal comportamiento fue replicado por el Banco Central Europeo (BCE) y otros bancos centrales.

En los EUA, una parte significativa de esta inundación de liquidez fue destinada a sostener artificialmente los precios de las acciones de Wall Street y la llamada deuda corporativa, es decir, las deudas de empresas muchas veces próximas a los niveles “basura” (junk).

Súmase a esto la política de tasas cero y negativos, que han favorecido el inescrupuloso crecimiento de deudas nuevas, con la arriesgada ampliación del llamado efecto de apalancamiento, y han generado títulos públicos y privados en cantidades de decenas de miles de millones de dólares y euros a tasas negativas de interés.

De hecho, “Fed” y en menor grado otros bancos centrales se convirtieron en verdaderos “bancos malos”. El aumento de la inflación volvió insustentable su modus operandi acomodaticio y la subida de las tasas de interés y la reducción de las operaciones de “flexibilización cuantitativa” están balanceando los bancos.

Sobre la inflación

No basta argumentar que ella es efecto de los desequilibrios generados por la recuperación económica y por la guerra. Es obvio que sería una estupidez negar sus efectos, pero la explicación siempre depende del mecanismo “imparcial y objetivo” de oferta y demanda. Esto, no obstante, no se manifestó totalmente con la caída de los precios, cuando la demanda cayó al inicio de la pandemia.

Durante ésta, no hubo una desmovilización industrial global tan grande que justificara los fuertes impulsos inflacionarios generados por una modesta recuperación económica y del consumo. La desaceleración de las cadenas de suministros también fue exagerada por alguna propaganda interesada.

Es necesario tomar en cuenta los efectos del enorme volumen de liquidez en circulación y la necesidad del sistema financiero de generar ganancias a toda costa, incluso con especulación.

Sigamos los siguientes datos para una evaluación más correcta de la inflación:

Más de que los aumentos fisiológicos de precios, la especulación domina otra vez, es decir, los usuales manipuladores del mercado y de las bolsas de valores. Es singular que, incluso con razón, se exija la suspensión inmediata de las actividades bélicas, pero no se pide ninguna acción contra la especulación, cuyos devastadores efectos repercuten globalmente.

Foto: ThePixelman
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