abril 15, 2026

¡Hasta pronto, amigos ‘fifís’ de La Condesa!

¡Hasta pronto, amigos ‘fifís’ de La Condesa!

 

Bolivar Hernandez*
La Ciudad de México, capital de la República mexicana, posee una extensa red de transporte público: trolebús, camión urbano, cablebús, Metrobús y metro. Además es servicio subsidiado para todos; y gratuito para adultos mayores.
Los ciudadanos que habitan cualquier estado del país, saben perfectamente que los servicios de transporte público son caros y deficientes.
Durante mi estancia en la CDMX, procuro utilizar el transporte público gratuito. Aunque debo portar una credencial que acredite que soy un adulto mayor y mostrarla a los policías que resguardan los accesos a las estaciones.
Por lo general, no enseño nada, ya que pienso que basta mi pelo blanco, canado, para intuir que no soy un joven rebelde sin causa; pues resulta que no siempre puedo ingresar y pasar de largo el férreo control de acceso.
Algunos policías dudan de mi edad, y me calculan menos, como sesenta años , y esos no tienen derecho a entrar gratis, por lo que muy molesto muestro la credencial del INSEN.
Por la pandemia del COVID-19 ahora que volví a mi terruño querido
Evito usar el metro por lo aglomeraciones en las estaciones, los andenes y los vagones; huyo siempre de las multitudes y ahora con más razón; ya que son un rico medio de contagio.
Mi opción ahora es el transporte público de superficie, trolebús y Metrobús, exclusivamente.
Hoy decidí visitar mi antiguo barrio bohemio de La Condesa, y pasear por el Parque México. Salí temprano del Centro Histórico de la Ciudad de México. Abordé el Metrobús en la parada República de El Salvador y me dirigí a la terminal de Buenavista, la antigua estación del ferrocarril.
En Buenavista hice el transbordo en la línea Indios Verdes- El Caminero, rumbo al sur.
Por lo regular abordó la sección rosa exclusiva para mujeres y adultos mayores. Y siempre consigo un asiento.
Iba muy contento, cuando de pronto por el altavoz interno, anuncia el piloto que debemos desalojar el transporte debido a un bloqueo en Paseo de la Reforma. Y apenas estábamos en la estación Revolución. Había que caminar un kilómetro hasta la glorieta de los Insurgentes.
Al llegar a Reforma
Había, efectivamente, un plantón de ancianos que son jubilados y pensionados del IMSS, protestando por sus pensiones que les adeudan a ellos desde hace meses; muchas ancianas sentadas en bancos de plástico traídos desde sus hogares y paraguas para protegerse del sol.
Un hombre joven les dictaba las consignas desde un magna voz. Y ellos, en su mayoría mujeres, vociferaban las consignas referidas al pago de sus pensiones que no les han dado.
Atravieso con dificultad Reforma que estos manifestantes tienen bloqueado por completo, y me conmuevo con esta protesta de los viejos que pelean el cumplimiento de un derecho justo. Viejos dignos, luchadores por la defensa de sus derechos sociales.
Llego a la glorieta de Los Insurgentes, muerto de cansancio y deshidratado, bajo el rayo del sol, y abordo un Metrobús rumbo al sur, hasta la estación Campeche.
Y me apeó ahí y penetro a la colonia Condesa, por la avenida Michoacán hasta el Parque México , donde ya me esperaban mis nietos y mi hija en el famoso Café Toscano.
En ese café una taza de capuchino cuesta un ojo de la cara, 55 pesos. Y no se diga si deseas desayunar huevos o chilaquiles, porque eso amerita una buena cantidad de euros o dólares para cubrir la cuenta.
Las mesas que están afuera con vista al Parque México son muy codiciadas por los jóvenes, en su mayoría rubios, esbeltos y bien vestidos.
En realidad es una pasarela improvisada
Donde los clientes del Toscano, pasan revista minuciosamente de las chicas que caminan por ahí muy orondas.
Cuando yo vivía en ese barrio bohemio, e iba diario a  dicha cafetería, mis amigos y yo confeccionamos unas cartulinas con números del uno al diez, y cuando pasaba la modelo frente a nuestros ojos, nosotros levantábamos la cartulina con la calificación obtenida por esa chica en particular.
Ellas reían o solo sonreían complacidas. Éramos tremendos jueces de belleza.
Ahora este viejo lobo de mar solo se conforma con mirar y suspirar por aquellos viejos tiempos.
Pero volveré, lo juro que vuelvo otra vez.
¡Hasta pronto, amigos fifís de La Condesa!
*La Vaca Filósofa

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Soy binacional México-guatemalteco, 77 años. Antropólogo, psicoanalista, periodista, ecólogo, ciclista, poeta y fotógrafo.

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