El cardenal italiano Matteo Zuppi, a quien el Papa Francisco encargó mediar para intentar poner fin al conflicto bélico en Ucrania, será el único interlocutor con Vladímir Putin y Volodomir Zelenski.
Elisabeth Hellenbroich, Wiesbaden*Del 13 al 15 de septiembre, el Papa Francisco visitó la capital de Kazajistán, Nur-Sultan, para participar en el séptimo Congreso de Líderes Religiosos Mundiales y Religiones Tradicionales, en el que se reunió con el presidente Kassym-Jomar Tokayev y con representantes de su gobierno y de su sociedad. El Pontífice dio un impresionante discurso en la sesión plenaria; habló a los 800 líderes religiosos de todo el mundo reunidos allí y los saludó como hermanos “en nombre de la fraternidad,” estando “unidos como hijos del mismo Cielo.”
Llamó la atención que haya usado la imagen de la antigua ruta de la seda:
Estamos reunidos en un país atravesado a lo largo de los siglos por grandes caravanas. En estas tierras, específicamente, a través de la antigua Ruta de la seda. Ce cruzaron muchas historias, ideas, fees y esperanzas. Que Kazajistán sea una vez más una ‘tierra de encuentro’ entre quien viene de lejos. Que abra un ‘nuevo camino,’ centrado en las relaciones humanas, en el respeto, en el diálogo sincero, así como en el respeto de la dignidad inviolable de cada ser humano y en la cooperación mutua. Un camino fraterno que habrá de ser recorrido en conjunto hacia la meta de la paz.
Hizo una referencia al dombra kazajo y al poeta más renombrado del país, Abai Ounanbjuly (1845-1904), padre de la literatura moderna kazaja, educador y compositor, que muchas veces aparece retratado con el instrumento tradicional.Según Francisco, los textos de Abai están inmersos en la devoción religiosa y reflejan el alma noble de su pueblo. Para Francisco, los problemas que señalan Abai y otros poetas apuntan a la necesidad de religión de la humanidad; ellos nos recuerdan que nosotros, los seres humanos, no existimos para satisfacer los intereses terrenos o para hacer relaciones puramente económicas, sino para caminar juntos, andar con los ojos al cielo.
Abai dice que tenemos que dar sentido a las cuestiones fundamentales, para cultivar la espiritualidad; necesitamos mantener el alma viva y la mente clara.
El Pontífice recalcó que la religión no es un problema
Sino parte de la solución para una vida más armoniosa en sociedad. La libertad religiosa, afirmó, es la condición esencial para el desarrollo genuinamente humano e integral:
La libertad religiosa es un derecho esencial inalienable. La coexistencia respetuosa de las diferencias religiosas, étnicas y culturales es la mejor forma de realzar las características distintivas de cada una.
Con ese telón de fondo
Habló de cuatro grandes problemas mundiales, entre ellos la pandemia del Covid-19, que ilustran cuán mortales somos todos y la necesidad de solidaridad. Esto también hace evidente cuán importante es escuchar a los vulnerables y nos recuerda nuestra responsabilidad de cuidar a la humanidad en todos sus aspectos, en particular la necesidad de escuchar a los pobres.
Resaltó enfáticamente que, mientras la desigualdad y la injusticia sigan proliferando, no tendrá fin para virus todavía peores que el del Covid -los virus del odio, de la violencia, del terrorismo.
En su homilía del día 14
Se hizo eco con gran pasión, de la necesidad del diálogo de paz -un llamado a la paz. Exhortó a que nunca debemos acostumbrarnos a la guerra o a resignarnos a su inevitabilidad…
¿Cuántas muertes serán necesarias todavía, antes de que el conflicto ceda al diálogo, para el bien de las personas, de las naciones y de toda la humanidad? La única solución es la paz, con el alto a la carrera armamentista y con la conversión de las enormes sumas gastadas en la guerra en asistencia concreta para los pueblos.
En su último discurso al congreso, destacó tres aspectos de la declaración final de la reunión. Uno fue el llamado a la paz:
La paz es urgentemente necesaria, porque en nuestros días todo conflicto militar o punto de tensión y confrontación, necesariamente tendrá un funesto efecto dominó y comprometerá seriamente el sistema de relaciones internacionales.
En el segundo afirmó que la declaración final del congreso exhorta a los líderes mundiales a acabar con los conflictos y con el derramamiento de sangre en todos los lugares, y abandonar la retórica agresiva y destructiva.
Y, en tercer lugar, agregó que los jóvenes son mensajeros de la paz y de la unidad… Deberíamos colocar en las manos de los jóvenes las oportunidades para la educación y no las armas para la destrucción.

