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He metido las manos a tiempo y no me he roto la jeta

Bolivar Hernandez*
La frase ¡Te vas a caer!, me la repiten constantemente mis amigos y familiares, y también la señora bonita de Puebla. Hay unanimidad en esta especie de premonición, y no sé porqué me lo repiten cada vez que pueden.
Tengo que evitar a toda costa realizar la llamada profecía autocumplida, que consiste en que el sujeto ejecuta la profecía que él tiene en su mente o la profecía que los demás le pronosticaron.
Por ejemplo, cuando el sujeto dice:
Mi mujer me será infiel y, efectivamente, se hace realidad eso.
Tengo algunas hipótesis explicativas
Como lo he contado en varias ocasiones, soy un hombre adulto mayor, eufemismo para evitar decir que soy un hombre viejo, y eso exige cierta conducta normalizada como norma de acción.
Se piensa que alguien que tiene 78 años no debe moverse casi nada, como la sociedad indica que es lo normal, es no moverse, estar quieto, pasivo. Es una especie de inmovilidad física lo esperado de mi parte.
En otras palabras los viejos no deben andar del Tingo al tango, o sea ir de un lado al otro sin ton ni son, según la sociedad.
El destino o el lugar de los viejos es su casa, y estar sentados viendo la televisión o leyendo en el mejor de los casos. En la calle no deben estar nunca, es peligroso porque se pueden caer y lastimar los huesos, o en el peor de las situaciones, pueden olvidar cómo volver a casa por una pérdida de memoria.
El ostracismo es el destino de los viejos, que es vivir encarcelados en sus viviendas o en una residencia o asilo de ancianos. Inimaginable esto para mi o inaceptable para mi presente.
La sociedad invisibiliza a los ancianos o adultos mayores
Ese grupo de edad no existe para el sistema socioeconómico. He repetido muchas veces que soy un ser excéntrico, extravagante, raro, desde siempre; solo que ahora que soy de la tercera edad, asunto que no comprendo qué significa realmente, me comporto fuera de los comportamientos esperados o impuestos a los viejos en esta sociedad.
La frase Te vas a caer, es una profecía posible. De hecho me he caído repetidamente a causa de las banquetas rotas y he tropezado con las imperfecciones de las calles. He metido las manos a tiempo y no me he roto la jeta.
En la bicicleta también he tenido percances leves, caídas sin consecuencias, salvo pantalones rotos de las rodillas. Las caídas de la bicicleta tienen más que ver con los automovilistas o camioneros que manejan como cafres.
Soy atrevido, y muy audaz, es verdad. Pero soy prudente con el cuidado de mi físico al caminar por las ciudades que visito. Camino con lentitud y me apoyo con un bastón de cedro hecho en Guatemala.
Elegí la soledad y eso implica andar solo por la vida, de manera autosuficiente por necesidad. A veces tengo la suerte de tener un acompañante en el cual apoyo mi brazo izquierdo, Son lazarillos útiles para un hombre como yo, que anda como pata de perro por la vida.
Conclusión
Todos los días, esté donde sea, en cualquier parte del mundo, me levanto de madrugada e inicio una larga caminata por las calles desiertas de la ciudad. Y si tengo a la mano una bicicleta, hago un recorrido más largo, con la dicha de recibir el sol en mi cara y el viento en la espalda.
Cotidianamente salgo a buscar dónde tomar mis alimentos, para ejercitar mis piernas, y conversar con comensales ocasionales. Y después, o antes, hago una rodada larga en la bicicleta y cumplo con mi meta diaria de ejercicios.
El resto del día estoy encerrado voluntariamente en mi casa, para estudiar inglés, escribir cuentos cortos, pintar acuarelas, y entremedio atender pacientes en psicoanálisis en un consultorio adaptado en el jardín.
No acepto sentarme en una mecedora a ver el paso del tiempo, mientras llega la muerte. ¡NO!, estaré vivo hasta el último aliento de vida. Pienso vivir muchos años más con buena salud.
La frase: Te vas a caer, no me impide vivir a mi manera, que es activo y vital.
*La vaca filósofa.
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