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Henry Kissinger: Liderato. Seis estudios de estrategia mundial

Foto: ArmyAmber

Elisabeth Hellenbroch, desde Wiesbaden*

A los 99 años, el por varios lustros decano de la política internacional, Henry Kissinger, acaba de publicar el libro, Liderato. Seis estudios de estrategia mundial (Leadership, Six Studies in World Stretegy, New York, Penguin Press, 2022).

La presentación es sumamente oportuna, en un momento en el que las decisiones y la preparación de acciones y estrategias se concentran cada vez más en manos de políticos oportunistas, muchas veces mezquinos intelectualmente o corruptos, en contraste con los requisitos de excelencia y estadismo que exige el autor.

Ese pensar mezquino se demuestra trágicamente en relación con el conflicto Rusia-Ucrania, que ha evidenciado que toda la arquitectura de seguridad de la postguerra está en ruinas. A pesar de las muchas controversias que llenan su larga carrera, Kissinger hace un vehemente llamado para que el estadismo se ponga en el centro de las futuras decisiones políticas. Recuérdese que su tesis de doctorado fue dedicada al estadista austriaco de los siglos XVIII y XIX, Clement Metternich, y al estudio del sistema del orden europeo posterior al Congreso de Viena (1815), que se fundaba en un concepto clásico de equilibrio de poder.

Kissinger presenta el retrato de seis estadistas

El excanciller alemán Konrad Adenauer (“La estrategia de la humildad”), el presidente francés Charles de Gaulle (“La estrategia de la voluntad”), el presidente de Estados Unidos Richard Nixon (“La estrategia del equilibrio”), el presidente egipcio Anwar el-Sadat (“La estrategia de la trascendencia”), el primer ministro de Singapur Lee Kuan Yew (“La estrategia de la excelencia”) y la primera ministra británica Margaret Thatcher (“La estrategia de la convicción”).

Sobre cada uno, dedica especial atención al ambiente cultural y familiar y a las circunstancias históricas en que fueron criados, destacando momentos en que tuvieron que tomar decisiones osadas, inusitadas y arriesgadas, pero que partían del valor y de la intuición para escoger el “momento correcto” de actuar.

En el capítulo final, Kissinger subraya la naturaleza del estadismo, que no proviene de ningún “derecho de nacimiento aristocrático” ni de ningún privilegio, sino que surge de méritos específicos y del entendimiento cultural -alfabetización profunda, formación en humanidades, amplio conocimiento de filosofía e historia, así como la familiaridad con la física y las ciencias naturales. Su estudio confronta a aquellos que creen en la omnipotencia de internet y de las redes sociales, así como los que sólo consiguen pensar en términos de la corriente principal (mainstream).

La defensa que hace del estadismo se debe ver a partir de un acontecimiento que él considera esencial para la historia del estadismo europeo, el orden de la Paz de Westfalia de 1648, que marcó el fin de la sangrienta Guerra de los 30 años y que consagró el principio de la soberanía de los estados nacionales.

Los seis estadistas retratados en el libro fueron moldeados por las circunstancias específicas de su época histórica. Todos se convirtieron en arquitectos del desarrollo económico y tecnológico de sus sociedades y del orden internacional luego de la Segunda guerra mundial. Cada uno de ellos, de una forma u otra, sobrevivió a la “segunda guerra de los 30 años,” como llama a la “serie de conflictos destructivos desde el inicio de la Primera guerra mundial, en agosto de 1914, hasta el fin de la Segunda guerra mundial, en septiembre de 1945.”

Según él:

La Primera guerra mundial cambió todo el orden europeo, con el saqueo de sus finanzas estatales y el derrumbamiento de dinastías. Cuando se firmó el cese al fuego, el 11 de noviembre de 1918, casi 10 millones de soldados y siete millones de civiles habían muerto.

Dos generaciones de jóvenes europeos fueron diezmadas -jóvenes muertos, mujeres jóvenes, viudas quedaron con muchos huérfanos, Francia e Inglaterra salieron victoriosas, pero muy exhaustas y políticamente débiles. Alemania osciló entre la hostilidad a los vencedores y los conflictos internos entre partidos rivales. Al tiempo que el Imperio austrohúngaro y el Imperio otomano se derrumbaban, Rusia vivió las revoluciones más radicales de su historia. Durante el periodo entre las dos guerras, la democracia cayó y el totalitarismo avanzó. La cuenta de sangre de la Segunda guerra mundial fue de 60 millones de vidas, especialmente, de la Unión Soviética, China, Alemania y Polonia.

*MSIA Informa

Foto: ArmyAmber
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