El 22 de junio, fecha que graba los 85 años del inicio de la invasión de la Unión Soviética por los ejércitos de Hitler, el periódico alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ) publicó un artículo grotesco.
Elisabeth Hellenbroich, desde Wiesbaden (Alemania)*
El artículo estaba enmarcado por una fotografía del teniente general Christian Freuding, inspector del Ejército alemán — a quien se le ha llamado el “general de la nueva era”—, posando sobre un tanque en Lituania durante un ejercicio de la recién creada “unidad de combate” germano-lituana, integrante de la maniobra Escudo de la Libertad 1.
El periodista Peter Carstens afirma que Freuding es “la personificación de la autodisciplina”, y estuvo en Lituania para verificar el “progreso” de la Brigada Germano-Lituana, que contempla la construcción de alojamientos, apartamentos y escuelas para casi 4.800 militares y sus familiares, que permanecerán estacionados allí hasta finales de 2027.
Lo importante para él es el poder de combate, asienta el artículo. Si Rusia atacara los Países Bálticos, esta brigada blindada formaría parte de la primera línea de defensa. Junto con las fuerzas armadas bálticas y unidades menores de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) integrantes de grupos de batalla multinacionales; tales fuerzas lucharían hasta que llegaran refuerzos desde Occidente, incluidos, se espera, los de Estados Unidos, según Freuding.
Hasta ahora…
Miles de soldados estadounidenses eran enviados anualmente para participar en grandes maniobras por toda Europa, incluso en Alemania. Pero no este año: una rotación prevista de parte de la 1ª División de Caballería hacia Polonia fue abruptamente interrumpida a comienzos de mayo, una señal de Washington a Europa, y también para los alemanes y lituanos, dice el FAZ.
Del otro lado de la frontera se encuentra una división rusa de fusileros motorizados que, en caso de conflicto, podría escoger la conexión más corta entre Bielorrusia y el enclave de Kaliningrado, a fin de aislar a los Países Bálticos y cercarlos.
Si la OTAN perdiera ese llamado Corredor de Suwalki, la defensa sería difícil. El artículo de Carstens afirma que Freuding ha sido el principal coordinador de la asistencia militar alemana a Ucrania. Ha estado allí con más frecuencia que cualquier otro general alemán.
La exaltación del FAZ a la brigada coincidió con la declaración del comandante de la Fuerza Aérea Alemana —Luftwaffe—, teniente general Holger Neumann, al periódico británico Daily Telegraph del 15 de junio, que sonó como una provocación a Rusia: “Alemania está lista para luchar esta misma noche contra Rusia y defenderá cada centímetro del territorio de la OTAN. La península de Kola, en el noroeste de Rusia, y el Mar Negro sufrirían la ira de la OTAN si esta se viera obligada a defenderse”.
Karaganov: En un año, Rusia atacará a la UE
“De hecho, no estamos lejos de una guerra” que puede estallar en suelo europeo dentro de un año o más, afirmó el profesor Serguéi Karaganov, uno de los principales analistas de defensa de la Escuela Superior de Economía de Moscú y exasesor presidencial ruso.
En una entrevista con la periodista ucraniana Diana Panchenko (actualmente vive fuera de Ucrania tras haber sido investigada por el Servicio de Seguridad de Ucrania por “alta traición”), Karaganov advierte que podríamos estar a apenas un año de un gran conflicto entre Rusia y Europa.
Añade que la Unión Europea (UE) está jugando con fuego al presionar desesperadamente por la integración de Ucrania al bloque. Esto significaría que un país en guerra con Rusia arrastraría, de hecho, a Europa al conflicto, con consecuencias imprevisibles, incluido el potencial de una escalada nuclear.
Al presentar a Karaganov, Panchenko recuerda que cierta vez Putin lo llamó “un hombre aterrador”. Un hombre que sostiene que “Rusia necesita realizar un ataque nuclear contra Occidente”. “¿Ustedes quieren exterminarnos?”, pregunta Panchenko.
Karaganov subraya:
“Nunca sugerí lanzar un ataque nuclear contra Occidente, pero cuando dije que podríamos tener que lanzar uno, lo que espero que no ocurra, estaba planteando esa posibilidad solo para evitar esa terrible guerra y ponerle fin, la guerra que Occidente nos impuso, que está librando contra nosotros en Ucrania y que está destruyendo a millones de ucranianos y a decenas de miles de rusos. (…)
Fue precisamente para restaurar el miedo a las armas nucleares que planteé la posibilidad de un ataque nuclear, con el fin de terminar esta guerra que Occidente está librando contra nosotros en Ucrania. Yo no quiero en absoluto que esas armas nucleares sean utilizadas. Estoy siendo crítico al decir que el liderazgo ruso debería estar preparado para el uso limitado de armas nucleares, naturalmente, contra objetivos en países europeos hostiles.
En cuanto a las relaciones entre Estados Unidos y Rusia
Karaganov afirma, “¡somos completamente diferentes!… No necesitamos relaciones estrechas con Estados Unidos. Lo que necesitamos son relaciones normales, adecuadas y tranquilas. Y creo que el objetivo general de la política rusa es crear condiciones en las cuales Estados Unidos pueda retirarse con dignidad al Hemisferio Occidental”. Karaganov afirma que los europeos fueron aislados de Rusia: “No es solo Rusia la que está bajo sanciones. A los europeos se les prohíbe comunicarse con los rusos… Eso es una especie de preparación moral para la guerra”. Por lo tanto, aconseja a los europeos que retiren a esos “títeres del poder”.
En relación con el ataque ruso contra Kiev, en febrero de 2022, Karaganov subraya que “¡Rusia cometió muchos errores! Uno de los mayores fue no haber usado nuestro potencial nuclear, al menos políticamente.
Desde el comienzo, debería haber sido usado políticamente. Políticamente, sí. Escribimos varios documentos sobre la escalada del conflicto y cómo debería ser. Deberíamos haber realizado ejercicios y pruebas nucleares… Ahora, finalmente, comenzamos a suministrar ojivas nucleares para los misiles estacionados en Bielorrusia, así como para muchos otros sistemas de lanzamiento. Esos son, entre otras cosas, pasos en la escalada del conflicto. Esperemos que esos pasos sean comprendidos antes de que llegue el momento en que tengamos que ir más lejos y usar realmente esa arma.
Respecto del presidente Vladímir Putin, Karaganov dice que es “una persona sutil y muy inteligente. Sigo de cerca su evolución. En muchos aspectos, lo admiro, pero es indeciso, no lo suficientemente decidido”.
Critica vehementemente el hecho de que “lamentablemente, el autoengaño se apoderó de Rusia. La idea de que somos un solo pueblo, y en realidad no lo somos, por otra razón muy clara. Los rusos, como ustedes saben, son un pueblo ‘multiétnico’. No tenemos racismo ni chovinismo. Somos culturalmente muy abiertos”. Al ser preguntado sobre qué debería ocurrir con Ucrania, subraya: “El mejor resultado sería la anexión de las regiones del Sur y del Este a Rusia. En cuanto al resto, que sea como tenga que ser. Idealmente, el resto debería ser una zona neutral”.
Sobre la duración de la guerra, respondió:
Puede durar mucho tiempo. Pero espero, y mantengo mi opinión, que avancemos rápidamente por la escalera de la escalada del conflicto y comencemos a lanzar ataques mucho más duros, no solo contra los adversarios en Ucrania, sino también contra varios países europeos.
¿Qué les diría a quienes están viendo esto? “Detengan la guerra. No necesitamos su territorio, salvo ciertos territorios que se convertirán en parte de Rusia”, afirmó.
Añade que todo podría haberse “evitado”, porque “lo que está ocurriendo ahora también es en parte culpa nuestra.
En cierto momento, nuestra élite se obsesionó con el ‘economicismo’
Para nosotros, todo era cuestión de dinero. Fue una aberración horrible y vergonzosa de nuestra élite. Es la desgracia de Rusia. Espero que nos estemos librando de esa desgracia”.
Además, criticó el hecho de que “el resultado de habernos quedado empantanados en esta guerra, es que no actuamos con la decisión necesaria” y “dirigimos todos nuestros recursos intelectuales, políticos y económicos a combatir a Occidente. Una de las razones por las cuales fuimos arrastrados a esta guerra fue para debilitar nuestra influencia internacional, y eso se logró parcialmente”.
Su consejo al presidente Putin es que actúe con más decisión. Que avance resueltamente por la escalera de la escalada del conflicto, con la esperanza de que no nos veamos obligados a usar armas nucleares. Pero también lo exhorto a estar preparado para usar armas nucleares y a preparar nuestras fuerzas armadas y nuestro país para ello.
Esta advertencia proviene de un hombre que formaba parte del círculo íntimo de asesores de Putin, escribe Panchenko. Lo que dice suena “extremo”, pero, aun así, según el especialista en estrategia estadounidense John Mearsheimer y el exdiplomático británico Alastair Crooke, “debe ser tomado en serio”.
¿Cómo puede ser aún posible la paz?
En mayo de este año, 2026, apareció el nuevo libro de Erich Va y Klaus von Dohnanyi, titulado “La paz: ¿cómo se logra?” (Frieden – Wie geht das?), publicado por la editorial Westend, de Frankfurt. El libro está escrito en forma de diálogo entre estos dos excelentes analistas: el general Vad, exasesor militar de la excanciller Angela Merkel, y von Dohnanyi, de 98 años, exministro de Ciencia durante el gobierno del excanciller Helmut Schmidt y exalcalde de Hamburgo. Miembro de una reconocida familia húngara, su padre y su tío, ambos combatientes de la resistencia antinazi, fueron asesinados por los nazis.
Von Dohnanyi subraya con vehemencia que, después de la Segunda guerra mundial, se impuso a Alemania un firme control anglo-estadounidense. Dada la situación deplorable de la élite alemana y su incompetencia, exige que, ante todo, necesitamos personalidades adecuadas en la política alemana para crear una “arquitectura europea de paz”.
Tanto él como Vad, defienden la idea de que debemos luchar por un orden de paz y que Estados Unidos, China y Rusia deben formar parte de ese orden. También destacan que, en este momento, los europeos no desempeñan ningún papel positivo, como puede verse en la guerra de Ucrania.
El dilema de Europa, según explica Vad, tiene que ver con la cuestión de la geopolítica
Según él, “lo que enfrentamos hoy se basa en la determinación de imponer los propios intereses”. Cita como ejemplo “las operaciones de Estados Unidos en Venezuela o en Oriente Medio, donde los intereses geopolíticos estadounidenses se concentran principalmente en el petróleo”.
Es la política de las cañoneras, es decir, hoy, la geopolítica y los intereses estratégicos determinan la seguridad. Vad califica, ademá,s la guerra en Ucrania como una guerra por procuración entre Estados Unidos y Rusia.
Por su parte, von Dohnanyi se refiere a la Doctrina Monroe de Estados Unidos, que hoy es fundamental “para definir la esfera de influencia de Estados Unidos en América Latina y el Caribe”. La invasión de Ucrania, tras el Memorando de Budapest de 1994, fue una guerra que violó el Derecho Internacional, al igual que la guerra de la OTAN contra Serbia en 1999, la guerra de Estados Unidos contra Irak en 2003 y los ataques aéreos de Estados Unidos e Israel contra Irán.
En todas esas guerras, el Derecho Internacional fue “reinterpretado” por las grandes potencias mundiales. “Desde el punto de vista ruso, Murmansk, Kaliningrado y Crimea, así como el acceso al Mar Negro, son pilares estratégicos de su dispositivo de defensa”, según Vad. “Además, Occidente también debe tener en cuenta que Rusia es una gran potencia, la mayor potencia nuclear del mundo, y que el colapso de una nación multiétnica como Rusia no puede ser del interés de Occidente”.
Zelensky, desesperado
Tanto von Dohnanyi como Vad advierten que “el presidente ucraniano Volodímir Zelensky está tratando de arrastrarnos a esta guerra con Rusia. Primero fue la OTAN, luego las armas trajeron ese peligro, y ahora es la idea de empujar a Ucrania hacia la UE a corto plazo. Debe saberse que eso significaría que la UE se involucraría en la guerra de Ucrania. Cuando la OTAN se expandió, quedó claramente establecido que ningún nuevo miembro debía importar su inseguridad y sus futuros conflictos con Rusia a la OTAN”.
También subrayan que desde el punto de vista estadounidense, la situación es perfecta: Importan el problema ruso a Europa, debilitando a China y a Rusia, uniendo sus fuerzas. Von Dohnanyi añade que eso corresponde exactamente a la Doctrina Wolfowitz, según la cual, desde el punto de vista de Estados Unidos, Alemania no debería tener relaciones positivas con Rusia.
Vad añade que, “si la guerra se expande en Europa, Estados Unidos intervendrá, pero Alemania se convertirá en una ‘zona de despliegue’, el centro logístico de la OTAN, y quedará bajo asedio”. Del mismo modo, la política británica siempre fue extremadamente belicosa en relación con Alemania. Esto se refiere al acuerdo de defensa del 23 de octubre de 2024 entre Alemania y el Reino Unido, basado en el concepto central del desarrollo de sistemas de drones de largo alcance, de los cuales el Reino Unido entregó 120.000 a Ucrania, llevándolos hacia el interior de Rusia, algo que los políticos alemanes también desean. El acuerdo también incluye centros de producción de drones en Alemania.
Vad advirtió que si continuamos en esta lógica militar, con nuestras sanciones y entregas de armas, y proseguimos entregando más armas, eso nos llevará directamente a una guerra europea. Mientras tanto, von Dohnanyi subrayó que seguir la lógica política de Zelensky significará conflicto con Rusia… Por lo tanto, el objetivo de Zelensky es acercarnos a la guerra.
Vad añadió que, desde el punto de vista de Estados Unidos, “una guerra entre Europa y Rusia sería una opción tolerable, pero desde el punto de vista alemán sería fatal. Desde la Guerra de los Treinta Años tenemos este problema de potencias extranjeras luchando en suelo alemán, donde pereció la mitad de la población”.
Para Vad, Alemania está cometiendo un gran error al abandonar su asociación tecnológica con Rusia, mientras que, paralelamente, Estados Unidos firma acuerdos económicos con Rusia. Debe recordarse que la infame explosión del gasoducto Nord Stream representó un perjuicio de 20.000 millones de euros para Alemania. Pero Zelensky todavía es celebrado igual que un héroe en Europa.
Tanto Vad como von Dohnanyi advierten que, para construir una Europa más consciente de sí misma, además de dialogar con Rusia, también debemos librarnos de ciertas “ilusiones estratégicas”, especialmente en relación con Estados Unidos. Entre ellas, según Vad, está la idea de que Europa cuenta con una garantía nuclear de Estados Unidos: “Esa protección nunca existió y nunca existirá. (…) Los estadounidenses nunca se comprometerán plenamente con Europa. (…) Nunca tuvimos un paraguas estadounidense; nunca después de 1945 ni después del lanzamiento de las bombas nucleares Alemania tuvo protección nuclear alguna de Estados Unidos. Por lo tanto, la Guerra fría fue extremadamente problemática para Alemania, ya que, en caso de fallo de la disuasión, el campo de batalla potencial habría sido la propia Alemania”.
Por lo tanto, dice, necesitamos cambiar urgentemente nuestra política exterior y de seguridad. Desde Clausewitz, está claro: la política no produce la guerra, conduce a la guerra, prepara la guerra, dirige a través de la guerra y crea una salida de la guerra hacia la paz. Necesitamos líderes competentes y capaces de poner las cosas en movimiento, que creen la paz. Necesitamos personalidades fuertes, dispuestas a correr riesgos. Pero no veo eso en este momento en Europa. No soy pacifista, pero tengo algo contra las guerras que podrían evitarse. Para mí, la guerra en Ucrania era evitable. Es lo que también piensa Trump. (…)
Al final, destaca que “quien permanezca en la posición de la profecía autocumplida de una guerra inevitable con Rusia acabará en guerra. Es muy semejante a lo que ocurrió en 1914 con la Primera Guerra Mundial, con la diferencia de que, en aquella época, la euforia bélica era enorme en Alemania y en Europa. Hoy veo el camino hacia la guerra del lado de nuestras élites. El pueblo no quiere eso. La Primera y la Segunda Guerra Mundial fueron una ilusión estratégica que condujo al fin de Alemania”.
La inutilidad de las guerras hegemónicas
Al margen del desenlace de las negociaciones en curso entre los principales protagonistas beligerantes, la guerra de elección desatada por EE. UU. e Israel contra Irán, cuya precaria tregua ha sido sistemáticamente vulnerada por Tel Aviv, minando el entendimiento entre Washington y Teherán, ya ha demostrado de forma categórica el fracaso al imponer manu militari el designio hegemónico de la máxima potencia bélica global y de su aliado más fuertemente armado e implacable.
La guerra fue una decisión casi unilateral del presidente Donald Trump, presionado por el poderoso lobby sionista y su representante, el premier Benjamín Netanyahu, contrariamente a las posiciones de sus asesores militares y de inteligencia y del vicepresidente J.D. Vance.
Debajo del disfraz de oponerse al programa nuclear iraní, se tramaba algo de mayor alcance: El cambio de régimen en Teherán y la consolidación de Israel para devenir en la potencia hegemónica en Asia Occidental, cuyo fin último es resguardar la estructura del petrodólar y provocar la desaparición de facto de los corredores de infraestructura euroasiáticos chinos y rusos que pasan por Irán.
En vez de someterse, Irán impuso su soberanía e infligió altos costos a los agresores; debido a ello, emergió una potencia regional virtual con influencia mucho más allá de sus fronteras. En lugar de alinearse con Israel, objetivo que Trump pretendía mediante los llamados Acuerdos de Abraham, las petromonarquías del Golfo Pérsico se verán forzadas a pactar con Teherán, una aproximación que ya desarrollan de forma discreta.
Asimismo, al replicar el ensayo de la Guerra de los 12 Días de 2025, el Estado iraní escribió un capítulo crucial en la redefinición de los conflictos bélicos, tras elevar a un nuevo nivel el concepto de guerra asimétrica frente a potencias nucleares.
En el campo estrictamente militar, su arsenal de misiles hipersónicos y de crucero, sistemas no tripulados (aéreos y submarinos), lanchas rápidas guiadas y minisubmarinos los cuales operan desde bases subterráneas de alta protección, posee la capacidad de contrarrestar eficazmente la superioridad aérea y naval enemiga. Esto muestra las limitaciones de las fuerzas aéreas convencionales y de los grupos de combate de portaaviones en su rol de instrumentos de proyección de poder, un factor que aporta lecciones estratégicas cruciales para los estados mayores globales.
Sin embargo, la verdadera arma atómica iraní radica en la militarización de la geografía mediante el control del estrecho de Ormuz. Tal crucial vía marítima concentra el tránsito de aproximadamente el 20 % del petróleo y gas natural consumidos a nivel mundial, además de flujos considerables de insumos fundamentales para la economía global, entre ellos el ácido sulfúrico, el azufre, el helio y diversos fertilizantes. Teherán ha manifestado formalmente que no renunciará a este activo estratégico, independientemente de la modalidad de tránsito que se derive de un eventual acuerdo definitivo con Washington.
Por otra parte, la interrupción de estos flujos comerciales expuso nuevamente las vulnerabilidades en las cadenas de suministro guiadas por la administración empresarial de la globalización, el “just-in-time” (entrega sobre pedido). Este escenario demuestra los riesgos de anteponer los rendimientos financieros y los balances trimestrales a la seguridad alimentaria y energética de las naciones.
En conclusión, el gobierno de Trump enfrenta un dilema estratégico complejo:
Oponerse las facciones políticas domésticas línea dura que lo apoyan y suscribir un tratado diplomático digno con Teherán, o bien ceder a las presiones y arriesgarse a ser señalado históricamente por desatar una recesión económica global. En cualquiera alternativa, han quedado al descubierto los límites materiales de la hegemonía y del poderío estadounidense.
