abril 25, 2024

Inflación galopante: El dilema de los bancos centrales

Inflación galopante: El dilema de los bancos centrales

Tomó mucho tiempo, pero al final hasta la Reserva Federal estadounidense admitió que subestimó e interpretó mal el brote inflacionario, que fue más amplio y más persistente de lo esperado. Ahora, el desafío para todas las grandes economías es corregir a tiempo las acciones dictadas de la inflación “transitoria”.

Durante años, las políticas de los bancos centrales se basaron en tres principios bastante “subjetivos” y poco científicos. El primero es la arbitraria meta del 2% como tasa de inflación anual, lo cual no se cuestionó, porque, debido a la recesión, los precios estaban cayendo.

El segundo aspecto es con respecto al fantasma de las “expectativas de inflación”. Los banqueros afirman que las expectativas aumentan la inflación y los bancos centrales aumentan las expectativas. Entonces, todo bajo control. El tercer principio es la llamada “forward guidance”, o prescripción futura, con la cual los bancos centrales señalan las tasas de interés, por ejemplo, mediante el control de las tasas de los títulos públicos.

Mientras tanto, con la Gran Crisis Financiera de 2008 y, después, con la pandemia de Covid-19, los bancos centrales abrieron los grifos de liquidez con las varias “flexibilizaciones cuantitativas” (“quantitative easing”). Rescates inmediatos y necesarios para el sistema, pero, a largo plazo, la política de dinero fácil envició a las finanzas y también a la economía, aumentando el endeudamiento y la propensión a riesgos mayores.

La inyección de liquidez al sistema, es decir, la compra de títulos públicos, fue más bien consistente en los EUA, con el alza del balance de “Fed” de 4.17 billones de dólares, un aumento del 210% entre 2019 y diciembre de 2021.

Aumento mayor que en la zona del euro, donde el balance del Banco Central Europeo (BCE) aumentó en 3.9 billones de euros, un alza del 185%.

Desde el verano pasado

Hubiera sido oportuno reconocer que los factores “transitorios” estaban acompañados por problemas de largo plazo. No se puede justificar todo con la pandemia y sus efectos. Las empresas describieron la naturaleza persistente de las interrupciones en sus cadenas de suministros. La escasez de mano de obra calificada se profundizó también. En esencia, los empresarios, al contrario de muchos economistas académicos, argumentaban que esos dos problemas no serían resueltos a corto plazo.

Es cierto que los bancos centrales carecen de herramientas para desbloquear las cadenas de suministros o aumentar la participación de la fuerza de trabajo. Pero la permanencia en la mentalidad inflacionaria transitoria corre el riesgo de desencadenar las llamadas “expectativas de inflación”, que implican la persistencia de tasas de inflación significativamente por encima de lo que la economía y los mercados pueden tolerar. La creciente economía de los últimos meses, aunque corroída por la inflación de 6% o más, puede ser fuertemente empujada hacia la compra de bienes, pero puede transformase más rápidamente en nuevas inversiones y más producción, alimentando, así, la propia inflación.

Esperar para actuar significa arriesgarse a una recesión más acentuada, con volatilidad en los mercados y repercusiones negativas para la economía global. Es un modelo conocido: dentro de la trampa de la curva de inflación, se corre el riesgo de apretar fuertemente la política monetaria, alcanzando duramente a la demanda y el empleo y poniendo fuera a las empresas ya de por sí en dificultades. Para los mercados, surgirán situaciones de liquidez desestabilizadoras.

En noviembre pasado, el presidente de “Fed”, Jerome Powell, promovió un repentino cambio en la política monetaria, anunciando una reducción en las compras mensuales de activos, lo que se conoce como “tapering” (afinando) de flexibilización cuantitativa. Sin embargo, él no explicó el porqué del error persistente de naturaleza “temporal” de la inflación y cuáles serían las herramientas de apoyo a la economía real.

Por su parte, el BCE, como lo anunció su presidente Christine Lagarde, pretende mantener una postura de espectadora, creyendo firmemente en la “transición” de la inflación, que deberá eventualmente volver a anclarse al fatídico 2%.

En tanto, si las presiones inflacionarias se generalizan, puede esperarse un nuevo y necesario agarre antes de lo esperado para todos y alguna “frenada” desordenada en la política monetaria no podría descartarse.

En esta situación, sin embargo, es fundamental que los principales bancos centrales comuniquen cuidadosamente sus acciones políticas, para no provocar confusión y una reacción exagerada en los mercados, lo cual tendría efectos nocivos en todas partes, especialmente, en las economías emergentes y en desarrollo altamente endeudadas. Por ende, al contrario de la sincronicidad antes de la pandemia, el continuo desalineamiento entre “Fed” y el BCE no es un buen presagio.

Por otro lado, si la inflación permanece más alta de lo que se pensaba, las tasas reales quedarán todavía más bajas que antes, lo que implicaría una política monetaria más estricta. Además de esto, impactaría negativamente los rendimientos reales, desencadenando un inevitable conflicto social en torno de los salarios y pensiones.

Sin duda, no existen soluciones fáciles. No obstante, si los bancos centrales fueron intervencionistas en exceso en los últimos años, ahora ellos no pueden volverse muy cautelosos, a la espera de los resultados. En esta situación, son los gobiernos y los parlamentos los que deben de intervenir de forma decisiva y definir las prioridades de las intervenciones. Están llamados a favorecer activamente la economía real, las empresas productivas, el empleo y los ingresos de los ciudadanos, y a liberarse del “abrazo” demasiado prolongado y sofocante de la alta finanza.

Foto-Rabe

About The Author

Maestra en Periodismo y Comunicación; directora de noticias, editora, jefa de información, articulista, reportera-investigadora, conductora y RP. Copywriter de dos libros sobre situación política, económica y narcotráfico de México; uno más artesanal de Literatura. Diversos reconocimientos, entre ellos la Medalla de plata por 50 Aniversario de Radio UNAM y Premio Nacional de Periodismo, categoría Reportaje.

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