La horrenda guerra en Ucrania, que va en su cuarta semana sin una clara perspectiva de solución, señala el fin del viejo orden mundial. Adelante están las opciones de una escalada más grande, con más caos y destrucción, o la posibilidad de encontrar una salida razonable.
Para comprender mejor el trasfondo de esta guerra, vale la pena conocer un libro recién publicado en Alemania: «Intereses nacionales: una orientación hacia la política alemana y europea en tiempos de cambios radicales » (Nationale Interessen –Orientierung für Deutsche und Europeichische Politik in Zeiten globaler Umbrüche, Siedler Verlag, 2022).
La intención del autor, Klaus von Dohnanyi, es generar un gran debate sobre las premisas de las tareas primordiales de la política exterior alemana.
A los 94 años, Dohnanyi es un experimentado político del SPD (Partido Socialdemócrata): fue ministro de educación y ciencia en el Gobierno de Brandt, secretario de Estado de Relaciones Exteriores del gobierno de Helmut Schmidt, diputado federal y alcalde de Hamburgo. Proviene de una familia muy conocida. Su padre, Hans von Dohnanyi, y su tío, Dietrich von Bonhoeffer fueron líderes de la resistencia alemana contra Adolf Hitler. Fueron ejecutados en 1945, pocas semanas antes del fin de la guerra. Su tío Ernst von Dohnanyi fue un famoso compositor húngaro y su hermano Christoph von Dohnanyi, un conocido director de orquesta.
El 10 de marzo, von Dohnanyi participó en una discusión en la red de televisión ZDF, en la que dijo que estaba profundamente estremecido con esta terrible guerra y que debería hacerse todo lo posible para acabar con ella tan pronto cuanto antes, incluyendo las sanciones. Pero para él, la iniciativa más importante tendría que realizarse en el » campo diplomático», a través de negociaciones directas con la Rusia de Vladimir Putin.
En el libro, publicado antes del estallido de la guerra, Dohnanyi sitúa el origen de los problemas entre Rusia y Ucrania en la expansión de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) hacia el este. Al mismo tiempo, aboga firmemente por una nueva orientación de la política exterior, un renacimiento de la diplomacia y la independencia de la política exterior alemana y europea. Su énfasis principal es que no puede haber paz en Europa sin una relación productiva con Rusia.
Con los antecedentes de la guerra desatada por Putin, esta premisa suena casi extraña, pero él construye sus argumentos sobre una base histórica, para demostrar que no hay otra opción para Alemania y Europa, sino la de ampliar el compromiso diplomático para organizar la paz.
¿Qué tan compatibles son los intereses europeos con los de Estados Unidos?
Dohnanyi, que estudió en Estados Unidos y se considera un amigo de ese país, es muy crítico sobre el papel actual del grupo de poder político estadounidense. Enfatiza desde el principio que » es de interés vital para alemanes y europeos, por el bien de la seguridad de Europa, tener una influencia moderadora en la peligrosa política de Estados Unidos en Asia y mantener a Europa lo más lejos posible de los conflictos estadounidenses».
Su principal argumento es que la llamada «comunidad de valores», en nombre de la cual Estados Unidos y la Unión Europea (UE) llevan a cabo su política actual, no es un término apropiado para la defensa del interés vital de los estados nacionales:
Sigue siendo una tarea fundamental de los estados la de compartir en un trabajo común la forma en la que el mundo debería ser moldeado. Sólo los estados nacionales tienen la legitimación necesaria para intervenciones nacionales e internacionales. Pueden transferir sus derechos a las Naciones Unidas o a la Unión Europea, pero siempre mantienen su responsabilidad democrática. Una comunidad de valores, Wertegemeinschaft (predicada en particular por los Verdes y por la Comisión Europea – EH), no es una forma de gobierno, no es una nación, no tiene la legitimación basada en un proceso político. Por supuesto, pueden existir también intereses comunes, por ejemplo, en la UE o en la Asociación Transatlántica entre Europa y Estados Unidos. Pero en una comunidad de valores también hay intereses contrarios.
Por eso, subraya, es necesario debatir abiertamente las diferencias de intereses dentro de una comunidad de valores: Nosotros, en Alemania, deberíamos aprender lo que significa actuar en nuestro propio interés. El objetivo es integrar los intereses nacionales, en la medida de lo posible, en un sistema de cooperación internacional. Esto debe entenderse como una advertencia a la Comisión Europea o al Parlamento Europeo. Donde los intereses de estas instituciones estén representados por la Comisión de la UE, sin tener en cuenta que los intereses de los estados miembros, al final Europa, pueden fracasar.
Igualmente, resalta la necesidad de entender los intereses y la cultura de otras naciones, como China y Rusia.
Dohnanyi señala que, entre las grandes potencias, es Estados Unidos el que «domina con sus intereses nacionales las decisiones de nuestro continente». En contraste con Rusia y China, Washington es la más joven de las grandes potencias mundiales. Sin embargo, también ve grandes debilidades en EE.UU., destacando la soberbia de concebirse como una «nación excepcional». Según el autor, a esto se suma al equívoco de que podrían liderar al mundo entero hacia el «American Way of Live», lo que viene junto con la creencia de que tienen que «enseñar» democracia a otras naciones, si es necesario, por medio de la «violencia militar». Se refiere a Stephen Walt, profesor de Asuntos Internacionales de la Universidad de Harvard, quien en su libro El infierno de las buenas intenciones (“The Hell of Good Intentions: America’s) Foreign Policy Elite and The Decline of U. S. Primacy, Farrar, Straus & Giroux, 2019), afirma que las muchas guerras en las que Estados Unidos se involucró terminaron en desastre y fracasaron. No significaron solo un enorme drenaje financiero y una pérdida de sustancia democrática; en la mayoría de los casos, no han dejado paz y democracia, sino caos, destrucción y dictaduras endurecidas.
Dohnanyi advierte que el intento de encubrir los intereses del poder con «argumentos humanitarios» tiene una larga tradición en los EE.UU. y no debe engañarnos: «los intereses de Estados Unidos son geopolíticos rígidos, económicos y profundamente arraigados en su certeza de ser una «nación excepcional, una nación única».
Desde John Quincy Adams, Estados Unidos sólo han sido defensores de sí mismos.” Adams fue secretario de Estado del presidente James Monroe (1817-1825) y formulador de la Doctrina Monroe, que postulaba los intereses fundamentales de Estados Unidos, con el alejamiento de la influencia directa o potencias extranjeras en todo el hemisferio Occidental. De principio, una doctrina puramente defensiva, a partir del gobierno de Theodore Roosevelt (1901-1909), la Doctrina Monroe comenzó a extenderse para justificar la posición de potencia mundial de Estados Unidos, consolidando su papel político imperial a nivel mundial.
Lecciones de la Primera Guerra Mundial
Para reforzar su tesis, Dohnanyi afirma que se debe mirar de nuevo en el período anterior a la Primera Guerra Mundial (1914-18), donde vemos las raíces del significado que Estados Unidos tiene hoy en Europa: «se debe entender definitivamente que ya desde el siglo XIX existe una línea imperialista en la política exterior estadounidense » – lo que Konrad Adenauer y Charles De Gaulle entendieron. Según Dohnanyi, una la figura clave de la Primera Guerra Mundial fue Theodore Roosevelt, que reconoció desde temprano la creciente importancia del Reich alemán en la derrota de su rival Gran Bretaña. Roosevelt puso Estados Unidos al lado de Gran Bretaña y tuvo la idea de que «la Alemania, siendo una potencia única y creciente, con sus ambiciones, podría chocar con nosotros». Para Dohnanyi, fue » Theodore Roosevelt quien, junto con el senador Henry Cabot Lodge, después del inicio de la primera Guerra Mundial en 1914, por razones geopolíticas, empujó a Estados Unidos a la guerra con Alemania. El presidente (Woodow) Wilson fue visto como ‘un demagogo físicamente cobarde sin ningún principio’”.
Señala que la intervención estadounidense en la guerra no se debió a razones humanitarias, sino solo por intereses geopolíticos. Gran Bretaña debería ser preservada y su papel asumido por los Estados Unidos. A decir verdad, Gran Bretaña terminó la guerra bastante endeudada con Estados Unidos.
Comenta las tendencias contradictorias de la política exterior estadounidense: el imperialismo de Theodore Roosevelt estaba ligado al impulso misionero de Wilson, y «juntas, ambas tendencias se han convertido en esa mezcla peligrosa que hasta hoy Estados Unidos practica. Tan pronto como la guerra terminó, en 1918, los EE.UU. fueron incapaces de dar forma a Europa y dejaron a Alemania lista para la venganza de los vencedores.”
El significado geopolítico del corazón de Eurasia
Pero no fue la última vez que Estados Unidos, «sin pensar», abandonó el teatro de guerra, donde originalmente asumió la responsabilidad. ¿Por qué es tan importante volver sobre el camino histórico de los Estados Unidos hacia la posición hegemónica de hoy en Europa? – pregunta Dohanyi. Él informa que, desde finales del siglo XIX, Estados Unidos tenía la intención de establecer relaciones especiales con Gran Bretaña y ganar con esta influencia en Europa.
Por lo tanto, dice, Zbigniew Brzezinski tenía razón cuando afirmó que “Europa es el puente geopolítico esencial de Estados Unidos en el continente eurasiático, una política que tiene sus raíces profundas en el siglo XIX». Para ilustrar el significado de la doctrina del corazón euroasiático (“Heartland”), todavía hoy en el corazón de la geopolítica estadounidense, Dohnanyi describe su origen.
En abril de 1904, El geógrafo Británico Halford J. Mackinder hizo un discurso en la Real Sociedad Geográfica con el título «el pivote geográfico de la historia». Dice Dohnanyi: Sus tesis siguen siendo políticamente muy influyentes hasta el día de hoy. Mackinder vio una amenaza permanente de Europa del Este y concluyó que,
por lo tanto, en el futuro, era importante dominar geopolíticamente este «corazón», que es atacado por los pueblos del Este. ()) Esto se vuelve más que el » poder marítimo» y que Rusia es el» pivote hacia el equilibrio de poder». La mayor preocupación de Inglaterra en ese momento era que una potencia mundial dominante pudiera surgir si Alemania se aliarse con Rusia. Por lo tanto, como disuasión contra el poder terrestre oriental en el continente euroasiático, Occidente necesitaba «cabezas de puente». Hasta el día de hoy, los políticos influyentes de los Estados Unidos se refieren explícitamente a Mackinder y también al geoestratega Zbigniew Brzezinski, quien, como Mackinder, ve a Europa como una » cabeza de puente», la cabeza de Puente de la potencia mundial estadounidense. (…)
Y cita el libro de Brzezinski, El gran tablero de ajedrez (“The Great Chessboard: American Primacy and Its geostrategic Imperatives”): «En primera línea, Europa es el puente geopolítico esencial de Estados Unidos en el continente euroasiático. El interés geoestratégico de Estados Unidos en Europa es enorme. Desde su punto de vista, el escenario más peligroso sería una gran coalición entre China, Rusia e Irán, debido a reclamaciones complementarias.”
La conclusión que Dohnanyi saca de esta revisión histórica es que » Europa debería, finalmente, admitir: nosotros, los europeos, somos objetos del interés geopolítico estadounidense y nunca fuimos aliados de verdad, porque nunca tuvimos derecho a decidirlo.”
Rusia como vecina de Europa
«Las relaciones de Alemania y la UE con Rusia están dominadas por Estados Unidos…de una manera que no es comparable a ningún otro país del mundo», afirma Dohnayi. Esto se remonta a los intereses geopolíticos de los Estados Unidos de Europa como puente. La apreciación negativa de Rusia en los Estados Unidos tiene una tradición de 150 años. La imagen del» Imperio del Mal » dominó la política estadounidense, con alguna interrupción, durante las guerras contra Alemania. ¿Por qué existe esta fobia hacia Rusia? Ofrece una explicación: Rusia se encuentra geográficamente entre las tres grandes potencias, la mayor más cerca de nosotros, los europeos. Se extiende a través de 11 zonas horarios, del Lejano Oriente Asiático hasta las fronteras de Lituania, pero tiene una población numéricamente menor que China, Estados Unidos y la UE. Rusia es económicamente menos importante que los Estados Unidos, China y la UE. Rusia tiene una excelente estructura científica, pero su punto fuerte está en el área de materias primas, especialmente en materias primas energéticas de carbono. Rusia no solo es vecina de Europa, sino también una nación Europea. Los intereses de la política exterior de Rusia están determinados por su experiencia histórica. El país tuvo que repeler repetidamente ataques de Europa Occidental, con millones de víctimas (rey Adolfo XII, Napoleón y Hitler). Después de la Guerra Fría, se disolvió la Unión Soviética, en 1990, que sacudió profundamente la conciencia de la potencia victoriosa de la Segunda Guerra Mundial. Si analizamos los discursos de Putin, veremos que después de los intentos fallidos de reforma bajo [Mikhail] Gorbachov y [Boris] Yeltsin y del derrumbe degradante al final de la Guerra fría, él busca su orgullo perdido y que Rusia encuentre su camino de regreso al escenario mundial. Putin violó el derecho internacional con la anexión de Crimea, pero también Estados Unidos, al final de la Guerra fría, no respetó el derecho internacional Medio Oriente (por ejemplo, la guerra de Irak fue una violación del Derecho Internacional de la carta de las Naciones Unidas).
La política estadounidense desde su entrada a la Primera guerra mundial, fue dirigida hacia un dominio geopolítico del «corazón» euroasiático y, en el sentido de Halford Mackinder, continuó en consecuencia, después del fin de la Guerra fría. Tras la caída del Muro de Berlín, cuando Gorbachov y luego Yeltsin intentaron fundar una sociedad con Estados Unidos, sólo reaccionaron como vencedores de la Guerra fría y dejaron que las contradicciones entre Estados Unidos y Rusia estallaran por completo.
Dohnanyi señala que Gorbachov puso fin a la Guerra fría. ¿Por qué no fue posible desarrollar una relación constructiva después de 1990? O el aspecto central siempre ha sido la reacción de Rusia a la expansión de la OTAN hacia antiguos miembros del Pacto de Varsovia.
La expansión de la OTAN hacia el Este
La expansión de la OTAN ha sido un tema bastante controvertido. Como recuerda Dohnanyi, basado en documentos y libros históricos, es un hecho que nunca hubo una declaración «escrita» en términos de acuerdos entre Gorbachov y el entonces secretario de Estado James Baker. Sin embargo, él también dice que fueron tiempos extremadamente turbulentos, en los que «Gorbachov tuvo que confiar en la palabra del secretario de Estado James Baker. Este último le había dado explícitamente la garantía de (el presidente de Estados Unidos) George Bush». En su libro De la Guerra Fría a la paz caliente (From Cold Warto Hot Peace), el embajador estadounidense en Moscú, Michael McFaul (2012-2015), confirmó la tesis: «la expansión de la OTAN alimentó en la élite rusa una inseguridad en cuanto a las intenciones de largo plazo de Estados Unidos con respecto a Rusia. «También cita al exembajador Jack F. Matlock (1987-1991), quien criticó al presidente Bill Clinton, una vez que había hecho concesiones a Gorbachov, » que recibió el claro compromiso de que la Alemania reunificada permanecería en la OTAN y que las fronteras de la OTAN ya no se expandirían hacia el Este.”
En el libro, Dohnanyi enfatiza que, aunque sigue siendo indiscutible que Baker había recibido una orden explícita del presidente Bush, » para presionar por una rápida unificación alemana como William Burns (hoy director de la CIA) había declarado en ese momento, fue, finalmente, Bush quien no reconoció las posibilidades de un nuevo comienzo con Rusia y frívolamente transformó el fin de la Guerra Fría en un nuevo comienzo de tensiones con Rusia. Con su reacción de rechazo a los acuerdos verbales de Baker con Gorbachov, el presidente Bush cometió un error fatal para Europa. ¡Pero Bush había ordenado a su secretario de Estado Baker que asegurar a Gorbachov que la OTAN no se extendería más allá de las fronteras alemanas! Cuando Baker obtuvo el Acuerdo de Gorbachov, Bush siguió el Consejo de Brent Scowcroft, su asesor de seguridad Nacional en la Casa Blanca y en Camp David (24 de febrero de 1990), retiró sus garantías dadas a Baker, afirmando: ‘al diablo con eso. Nosotros ganamos, no ellos: no podemos permitir que los soviéticos arranquen una victoria de las garras del fracaso y que, en el último minuto transformen la derrota en Victoria.’”
En opinión de Dohnanyi, » Hoy, Esta única frase ilustra la actitud de los Estados Unidos como la mayor oportunidad perdida para una paz duradera en Europa y para la posibilidad de tener a Rusia hoy, en la discusión global, como un socio del lado de Occidente y no de China».
¿Sin paz para Europa?
La seguridad exterior de Europa, hoy, se finca de verdad en la OTAN, o, es decir, en la estrategia de defensa de Estados Unidos, afirma Dohnanyi. Cualquiera que sea la contribución material de Europa, al final, Estados Unidos mantendrán todas las decisiones en sus manos. Enfatiza inflexiblemente que «¡no es Europa la que cuenta en caso de un ataque ruso, solo la seguridad de Estados Unidos! Queremos, en primer lugar, la integridad de Europa, y no la posible victoria de una potencia mundial».
Henry Kissinger dijo que, en Europa, Estados Unidos siempre actuaría por intereses militares geopolíticos, no importa si los estados europeos están de acuerdo o no con esto ni el cuánto contribuyeron a la protección del continente. En particular, señala la estrategia nuclear del presidente Joe Biden, discutida en febrero de 2021 en la revisión de Seguridad Nacional de Texas, que las armas nucleares son sólo el último recurso: «Para nuestro concepto de defensa contra un ataque convencional solo existe una ‘respuesta flexible’ y esto significa: guerra en suelo europeo hasta su destrucción.» Dohnanyi concluye que esto significa, esencialmente, que «de acuerdo con la estrategia de EE.UU. y de la OTAN, Europa, en caso de un ataque ruso, se convertiría en el único teatro de guerra, sin riesgo directo para la patria de los Estados Unidos. Alemania como posible base central de suministros, quedaría inmediatamente expuesta a ataques de misiles. ¿La OTAN o el gobierno federal alemán ya han explicado lo que su estrategia de defensa significa para el país?”
A partir de ahí, Dohnanyi sostiene que:
!La seguridad continua de Europa sólo puede existir con y no contra Rusia! Incluso la OTAN lo ha confirmado una y otra vez. Sólo la diplomacia y la cooperación con Rusia puede crear seguridad para Europa. Pero ¿porque la OTAN no se involucra en la política de distensión hacia Rusia? ¿Por qué Occidente no discute las verdaderas razones de las tensiones de hoy con Rusia? La OTAN debe tener diplomacia y Europa debe encontrar su propia manera de detener los peligros para nuestro continente. Debería haber una cooperación mucho más abierta con Rusia en Ciencia, Innovación, Tecnología y economía. Si Alemania está a favor del comercio y de la cooperación con Rusia, esta sería un principio esencial para la paz futura en Europa. El hecho de que Occidente se limite a la acción ineficiente punitiva de Rusia por medio de sanciones, se muestra tan sin sentido como un peligroso error estratégico de la política de paz europea.
Dohnanyi critica enérgicamente la exigencia de que Ucrania se convierta en miembro de la OTAN, afirmando que esto contiene riesgos muy peligrosos en las relaciones entre Occidente y Rusia. Esta cuestión fue a todas luces significativa en la anexión de Crimea en 2014. Se refiere a Brzezinski, quien, en una entrevista de 2015 con el diario alemán Die Welt, dijo que » debemos estar atentos para que la Guerra fría no se convierta en una guerra caliente y crear una fórmula de compromiso… En mi opinión, la mejor fórmula de compromiso sería que Ucrania se orientara a lo largo del statu quo. Estaría permitido que Ucrania se moviese cerca de la UE y, al mismo tiempo, Rusia
obtendría la garantía de que Ucrania no se convertiría en miembro de la OTAN. Tendría, como Finlandia, una condición jurídica de seguridad especial.”
Dohnanyi señala que, sin embargo, en junio de 2021, la OTAN tomó una decisión en el Consejo del Atlántico Norte, a nivel de jefes de Estado y de gobierno en Bruselas: «Confirmamos la decisión tomada en nuestra Cumbre de 2008 en Bucarest, de que Ucrania se convertirá en miembro de la Alianza.”
El libro termina con un fuerte llamado a la defensa de la » Europa de las naciones», una alianza de patrias y el consejo de que Alemania y Francia juntas deben llevar adelante el diálogo diplomático con Rusia. La UE y su comisión, en lugar de participar en pequeños debates de regulación y sanciones financieras contra Estados miembros como Polonia y Hungría, deberían defender realmente la soberanía europea, mientras intentan construir relaciones económicas con China y Rusia.
Dohnanyi deja una serie de preguntas provocativas en medio del actual debate muy agitado en Alemania. Estas cuestiones, que deben ser contestadas y no dejadas de lado, pueden llegar a ser trascendentes para la formación de un nuevo orden y una nueva arquitectura de seguridad mundial.
*MSIa Informa
