El sábado 7 de septiembre, el Financial Times de Londres publicó un artículo conjunto de los jefes de los principales servicios de inteligencia de Estados Unidos y Reino Unido, la CIA y el MI-6 (o SIS), respectivamente, William Burns y Richard Moore.
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Un hecho insólito en más de un siglo de la relación especial de las dos potencias. Ha habido artículos firmados conjuntamente por el presidente de Estados Unidos y el primer Ministro británico, pero nunca por los jefes de inteligencia, y esto es indicativo de la gravedad con la que los respectivos aparatos del “gobierno mundial”, por encima de la dirigencia política elegida, enfrentan una dinámica global de pérdida de control.
El título del texto, habla por sí, “La asociación de inteligencia ayuda a Estados Unidos y al Reino Unido a mantenerse a la vanguardia en un mundo incierto”
Hace dos años celebramos 75 años de asociación; 75 años desde que se fundó la CIA en 1947. Pero los lazos entre los servicios de inteligencia de EE.UU. y el Reino Unido se remontan más atrás, más cerca de la fundación del SIS en 1909, cuando fuimos testigos juntos por primera vez del horror de la violencia entre Estados en Europa.
Hoy, después de la más estrecha de las colaboraciones durante la Primera Guerra Mundial, la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, seguidas de una lucha compartida contra el terrorismo internacional, esta asociación está en el corazón palpitante de la relación especial entre nuestros países. No tenemos aliados más confiables o estimados. Pero los desafíos del pasado se están acelerando en el presente y se están viendo agravados por el cambio tecnológico.
En sentido estricto
La asociación angloamericana se estableció en el contexto de las negociaciones de las Conferencias de París después de la Primera Guerra Mundial, con la creación del Royal Institute of International Relations (RIIA – más conocido como Chatham House) en Londres y el Council on Foreign Relations (CFR) en Nueva York, para institucionalizar en ambas potencias oligárquicas foros de discusiones conjuntas para mantener al día el programa conjunto de hegemonismo con un alcance global.
El proceso se consolidó a partir de la Segunda guerra mundial, aprovechando la experiencia de las operaciones combinadas durante el conflicto y el intercambio de los principales aliados y enemigos poco después de su finalización; en el contexto de la Guerra Fría, fue cuando las agencias de inteligencia asumieron un papel central en la estructura de poder hegemónico. Con la excepción de raros desacuerdos, como la crisis de Suez de 1956, la CIA y el MI-6 han sido pilares centrales de la “relación especial”.
Nuestra asociación se basa en nuestro trabajo conjunto con tecnología, análisis y operaciones clandestinas en el extranjero, incluidas las relaciones entre agentes. Estos son los valientes hombres y mujeres que trabajan con nuestros oficiales para detener las bombas, poner fin a la violencia e informarnos de las intenciones de nuestros adversarios, proclaman Burns y Moore.
Hoy, señalan, “cooperamos en un sistema internacional disputado, donde nuestros dos países enfrentan una gama inusual de amenazas”. Evidentemente, se refieren a Rusia “ y a la guerra de agresión de [el presidente ruso Vladimir] Putin en Ucrania”, indican.
Por ello, advierten: Mantener el rumbo es más apremiante que nunca. Putin nunca podrá extinguir la soberanía y la independencia de Ucrania. Las acciones de Rusia son una violación flagrante de la Carta de las Naciones Unidas y de las normas mundiales. Continuaremos ayudando a nuestros valientes y decididos socios de inteligencia ucranianos…
Sin embargo, no son solo los detestados rusos los que preocupan a los socios: “Si bien se está movilizando una atención y recursos significativos contra Rusia, estamos trabajando juntos en otros lugares y espacios para contener el riesgo de inestabilidad global. Tanto para la CIA como para el SIS, el ascenso de China es el principal desafío geopolítico y de inteligencia del siglo XXI, y hemos reorganizado nuestros servicios para reflejar esa prioridad”.
El artículo concluye con una proclamación solemne:
“No cabe duda de que el orden mundial internacional –el sistema equilibrado que ha conducido a una paz y una estabilidad relativas y que ha proporcionado un aumento de los niveles de vida, de oportunidades y la prosperidad– está amenazado de una manera que no hemos visto desde la Guerra Fría. Pero contrarrestar con éxito este riesgo es la base misma de nuestra relación especial. Confianza, apertura, desafío constructivo, amistad. Se puede confiar en estos rasgos a lo largo del siglo, al igual que en nuestra determinación compartida de seguir siendo campeones de la paz y la seguridad mundiales”.
En otras palabras, Washington y Londres no tienen la intención de renunciar al “orden basado en reglas” dictado por sus respectivos centros de poder. Es decir, no aceptan de ninguna manera la perspectiva cooperativo-constructiva que ofrece el mundo multipolar emergente catalizado por el eje euroasiático encabezado por China y Rusia.
No es difícil discernir que el artículo responde, en general, al fracaso del intento de debilitar a Rusia con una guerra de poder en Ucrania con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y al establecimiento de la alianza estratégica entre China y Rusia, resultado en gran medida de las presiones del bloque occidental contra esta última.
Hay otro factor crucial, no explícito, pero discernible entre líneas: Las fracturas abiertas en el eje euroatlántico por la rebelión de una parte importante del electorado europeo contra el vasallaje de sus gobernantes a la agenda hegemónica de la OTAN.
Un motivo particular de incertidumbre es Alemania, donde los votantes de los estados orientales de Turingia y Sajonia han expresado recientemente su firme oposición a la participación indefinida del país en la guerra contra Rusia y a cuestiones como la transición energética mal pensada, el aumento de los costes energéticos y la inmigración masiva.
Y no fueron pocos los votantes que utilizaron sus votos para protestar contra la humillante vista gorda del Gobierno de Olaf Scholz ante el sabotaje de los gasoductos Nord Stream por parte de EEUU, anunciado públicamente en su presencia por el presidente Joe Biden. El próximo 22 de septiembre se celebrarán elecciones en Brandeburgo, también en el este del país, y si los resultados son similares, esto podría reforzar una tendencia inquietante para la estrategia angloamericana en la OTAN, que tiene a Alemania como eje europeo.
Las protestas alemanas se producen en medio de un descontento similar en la otra gran potencia de Europa, Francia
Aquí el presidente Emmanuel Macron está tratando desesperadamente de contener el creciente rechazo a su compromiso incondicional en Ucrania, después de haber rechazado el nombramiento de un primer ministro del bloque de izquierda con más votos en las elecciones de junio-julio. El líder de Francia Insumisa, Jean-Luc Mélenchon, hizo una campaña firme contra la participación francesa en Ucrania.
Una oposición similar se observa en Eslovaquia y Hungría y, en menor medida, en Austria.
La posibilidad real de que tales fracturas se amplíen en Europa fue, quizás, la principal motivación de los espías jefes para transmitir su mensaje en el Financial Times, no sin casualidad, el principal heraldo del sistema financiero globalizado con sede en Londres y Wall Street).
De ahí el énfasis de Burns y Moore en asegurar a los aliados “nuestra determinación compartida de seguir siendo campeones de la paz y la seguridad mundiales”.
