Elisabeth Hellenbroich, desde Wiesbaden*Los resultados de las elecciones de los estados de Virginia y de Nueva Jersey inquietaron por los reveces del Partido Demócrata. Las elecciones para gobernadores del 2 de noviembre abarcaron también elecciones legislativas estatales de Virginia, y alcaldías y legislaturas locales en otros estados. Un año después de la elección del presidente demócrata Joe Biden, estas elecciones son la primera lectura del rumbo que Estados Unidos puede tomar El empresario republicano Glenn Youngkin prevaleció en Virginia contra el gobernador demócrata, Terry McAuliffe. De inmediato, aquel prometió prohibir la enseñanza de la “teoría crítica de la raza” en las escuelas públicas y suspender ciertas restricciones impuestas a causa de la pandemia de Covid-19. En Nueva Jersey, el demócrata Phil Murphy derrotó a su desafiante republicano, Jack Ciatarelli, por apenas 74 mil votos, en un estado de seis millones de electores registrados.
Tanto en Estados Unidos como en Europa, estos resultados fueron calificados de señal de debilitamiento de Biden.
Aún con esto, en la segunda semana de noviembre, Biden logró que la cámara de diputados aprobara su paquete de infraestructura de un billón y medio de dólares, con los votos favorables de 32 diputados republicanos. El plan prevé inversiones en la reconstrucción y modernización de ferrocarriles, autopistas, puentes, puertos, redes de abastecimiento de agua y líneas de trasmisión, olvidados desde hace décadas. Sin embargo, Biden enfrenta un verdadero dilema
De un lado está el ala radical de los demócratas, cuya representante más visible es la diputada Alexandria Ocasio-Cortez, la cual pretende que el presidente se concentre en las cuestiones minoritarias, raciales y de género (en todo el mundo, la pauta ‘identitaria’); del otro, Biden está presionado por altos funcionarios de su propio gobierno, en particular el secretario de Estados, Anthony Blinken, y las subsecretaria de Estado para asuntos políticos, Victoria Nuland, para que adopte un plan de confrontación con Rusia y China. Lo que puede aliviar un poco la presión sobre el presidente estadounidense es el acuerdo climático bilateral con China, que parte de compromisos para ayudar a reducir las emisiones de carbono en ambos países. En un plazo más largo, a menos que Biden sea capaz de llevar a cabo plenamente su plan de infraestructura y lo combine con una campaña activa en todo el país, además de aumentar el volumen de la retórica geopolítica respecto a Rusia y a China, tendrá poco espacio de maniobra. Advertencia del “neocon” Robert Kagan sobre una crisis constitucional Los verdaderos ricos que están surgiendo en Estados Unidos son domésticos. Ellos cuentan inclusive con la posibilidad de que Donald Trump vuelva a la Casa Blanca en 2024, lo que algunos comparan con las turbulencias por las que pasó la Alemania de 1930, en particular por la posibilidad de un “putsch”. En esta situación vale la pena recordar un artículo de Robert Kagan publicado en septiembre en el Washington Post titulado “Nuestra crisis constitucional ya está ahí”. El autor es un conocido historiador neoconservador de la Broockings Institution, quien desde hace más de dos décadas a desempeñado un papel influyente en la definición del programa neoconservador de las élites estadounidenses. En el artículo hace un análisis crítico de las oportunidades de Trump en 2024 y del efecto que esto tendría en el país y en el mundo, como destaca la revista alemana Der Spiegel del 6 de noviembre, que le dedico a este asunto su reportaje principal, con el título de “Operación Retorno”. El reportaje describe lo que llama un “juego pérfido” en curso desde principios de 2021, donde destaca la invasión del Capitolio del 6 de enero por una horda de vándalos afines a Trump que acusaban a las elecciones de fraudulentas. La revista destaca a Kagan, a quien califica de líder “neocon” quien trabajó para muchos republicanos destacados, pero se apartó de Trump y agrega que sería ingenuo creer que esos acontecimientos no se pueden repetir. También es el cónyuge de Victoria Nuland, una de las autoridades más influyentes del Departamento de Estado. Kagan afirmó que Trump “es el demagogo-charlatán de mayor éxito de la historia política de Estados Unidos”. Fue cofundador del Proyecto para el Nuevo Siglo Americano (PNAC), consultor del Comité para la liberación de Irak, miembro del consejo del Comité de Estados Unidos sobre la OTAN y patrocinador l de la Sociedad Henry Jackson, una influyente institución británica volcada a los estudios estratégicos, además de ser director colaborador de la revista Weekly Standard. Fue también consultor de política exterior de las campañas republicanas de Mitt Romney y John McCain. Según la revista, Trump” trabaja en la revisión de toda la legislación electoral, que podría, a su vez, abrir el camino a un coup d’Etat. Desde el inicio de año, 19 estados republicanos aprobaron leyes que dificultan, en particular, el voto de los negros. Los republicanos quieren reducir los plazos de inscripción de los votos correspondientes y establecer condiciones más rígidas para la identificación en el cargo electoral -lo que podría conducir a la exclusión de determinados grupos electorales. Los republicanos quieren crear las condiciones para un golpe de Estados, al cuestionar la legitimidad de una victoria electoral de los demócratas”. En su artículo del Washington Post, Kagan advirtió que “Estados Unidos está entrando en su mayor crisis política y constitucional desde la Guerra civil, con una oportunidad razonable de que en los siguientes tres o cuatro años ocurran incidentes de violencia de masas, en derrumbe de la autoridad federal y la división del país en enclaves belicosos rojos (republicanos) y azules (demócratas)”. Kagan recalca, considerando que Trump será ciertamente el candidato republicano a la presidencia en 2024, que la esperanza y la expectativa de él se volvería invisible y que perdería influencia resultaron ilusorias: “Goza de liderato gigantesco en las encuestas; está preparando una enorme caja de campaña y, en este momento, la formación demócrata parece vulnerable… Trump y sus aliados republicanos se están preparando activamente para garantizar la victoria por todos loes medios necesarios”. De acuerdo con Kagan, algunos candidatos republicanos ya comenzaron a prepararse para declarar fraude en 2022: “En cuanto a eso, los esfuerzos de ‘detengan el robo’ de 2020 dieron lugar a una campaña nacional organizada para garantizar que Trump y sus apoyadores tengan el dominio de los funcionarios electorales y locales, lo que faltó en 2020”. En sus palabras, los “obstinados” funcionarios estatales republicanos que, efectivamente, salvaron al país de una calamidad al negarse a proclamar falsas acusaciones de fraude o a “encontrar” más votos para Trump, están siendo “sistemáticamente removidos o expulsados de sus cargos”. Las legislaturas republicanas están asumiendo una mayor vigilancia de las certificaciones electorales, afirma. Algunas legislaturas estatales buscan imponer castigos penales a los funcionarios electorales locales que, supuestamente, cometan “infracciones técnicas” entre ellas la obstrucción de la visión de los observadores de los conteos de las urnas. “Resulta entonces que el escenario ya está listo para el caos. Imaginen semanas de protestas masivas en varios estados, mientras los legisladores de ambos partidos reivindican victorias y acusan al otro banco de esfuerzos inconstitucionales para tomar el poder. Los partidarios de ambos lados, probablemente, estarán muy bien armados y más dispuestos a infligir daños que en 2020. ¿Los gobernadores convocarían a la Guardia Nacional? ¿El presidente Biden nacionalizaría la Guardia y pondría a su mando, invocaría la Ley de Insurrección y enviaría tropas a Pensilvania, Texas o Wisconsin, para reprimir las protestas violentas?” se pregunta Kagan. El artículo resalta que los poderes políticos e intelectuales de ambos partidos han subestimado a Trump desde que salió a escena, en 2015. Subestimaron la extensión de su capacidad de asumir el mando del Partido Republicano y, en seguida, subestimaron el cuán dispuesto estaba para retener el poder. En intento de golpe y lo que Trump representa para muchos republicanos “Trump estuvo cerca de descargar un golpe a principios de este año”, escribe Kagan. Lo que lo impidió “fue un puñado de funcionarios estatales que con notable coraje e integridad y la negativa de los procuradores generales y de un vicepresidente (Pence) a obedecer órdenes que consideraron inadecuadas”. Para Kagan, lo que los seguidores republicanos de Trump tienen en común “es la sospecha y la hostilidad respecto al gobierno federal: odio racial y miedo; la preocupación de que la sociedad moderna y secular mina la religión y la moral tradicional; ansiedad económica en una era de rápidos cambios tecnológicos; tensiones de clases, con condescendencia sutil de un lado y resentimiento del otro; desconfianza del mundo en general, en especial de Europa y su influencia insidiosa de subvertir las libertades estadounidenses”. Afirmó inclusive que, para “millones de estadounidense, el mismo Trump es la respuesta a sus miedos o resentimientos”. Su vínculo con muchos “tiene poco que ver con economía u otras cuestiones materiales. Creen que el gobierno de Estados Unidos fue capturado por socialistas, grupos minoritarios y pervertidos sexuales. Ven al establishment del Partido Republicano corrupto y débil –‘perdedores’, para usar la expresión de Trump- incapaz de desafiar la hegemonía liberal reinante (en Estados Unidos, la palabra tiene una connotación relacionada a las actitudes y a la política de izquierda -n.e.). Ven en Trump al fuerte y desafiante, dispuesto a enfrentarse al sistema, a los demócratas, a la prensa liberal de los RINO (siglas en inglés de Republicanos nomás de nombre -n.e.), a la Antifa (movimientos antifascistas -n.e.), a la Big Tech, etc. (…) Su liderato carismático dio a millones de estadounidenses un sentimiento de propósito y de poder, un nuevo sentido de identidad”. Aunque los críticos de Trump lo consideren demasiado “narcisista” para ser cualquier tipo de líder, sus apoyadores “admiran su egoísmo militante y sin reboso. Al contrario de los republicanos del establishment, Trump habla sin morderse la lengua en nombre de un segmento ofendido de estadounidenses, no exclusivamente blancos, que sienten que han sido golpeados por mucho tiempo”. Lo más importante que Trump ofrece es “él mismo”; su egomanía forma parte de su llamado. En su profesada victimización por la prensa y por las élites, sus seguidores miran su propia victimización. Es por ello que los ataques de las élites a Trump tan sólo fortalecen sus vínculos con sus seguidores. Como el movimiento Trump trata menos de política que del propio Trump, él minó el papeo normal de los partidos políticos estadounidenses, que es absorber nuevos movimientos políticos e ideológicos en la corriente principal. Como dijo un intelectual conservador: ¿Qué elección tiene (los apoyadores de Trump), como no sea ver al gobierno como enemigo y volverse “unidos y armados para cuidar de si mismo como mejor les parezca?” Kagan menciona a un simpatizante de los acontecimientos del 6 de enero, quien resalta que se trató de un episodio escenificado “como un esfuerzo patriótico para salvar la nación, con un acto violento, si fuese necesario… Estábamos allí únicamente para derribar el gobierno”. La mayoría era de clase media y de mediana edad. 40 por ciento eran propietarios de empresas o trabajadores de cuello blanco. La mayoría de los que simpatizan con Trump son buenos padres, buenos vecinos y miembros sólidos de sus comunidades: “Los acontecimientos del 6 de enero probaron que Trump y sus partidarios más férreos están preparados para desafiar las normas constitucionales y democráticas, así como los movimientos revolucionarios lo hicieron en el pasado”. Trump escogió sistemáticamente como blanco, dice Kagan, la derrota de los republicanos que votaron por su impeachment o que lo criticaron por su papel en el motín. Ya hubo amenazas de atentados con bombas contra puestos electorales, secuestro de funcionarios y ataques a capitales estatales. Trump ha insistido, mirando a 2022 y 2024, en que “no hay forma de ganar las elecciones sin hacer chapucerías, no tiene sentido”, así que, dice Kagan, si los resultados muestran victorias demócratas, los simpatizantes de Trump sabrán qué hacer. Así como “generaciones de patriotas” dieron su sudor, su sangre y hasta sus vidas para construir Estados Unidos, Trump les dijo, entonces, hoy no tenemos elección. Tenemos que luchar para restaurar nuestro derecho de nacimientos estadounidense”. Según Kagan, lo sorprendente es que nadie se haya opuesto a Trump, ni siquiera los veteranos líderes republicanos: “A pesar de su repudio a todo lo que Trump representaba, esos viejos leones se negaron a criticarlo”, observó. “Ellos no estaban dispuestos a manifestarse contra un Partido Republicano al que habían dedicado sus vidas profesionales, incluso cuando el partido era liderado por alguien que ellos detestaban… Los observadores alemanes acogieron a Adolfo Hitler, en gran medida, porque se oponían a los socialistas más que lo que se oponían a los nazis, con los que, al final, compartían muchos de sus prejuicios elementales. Los intelectuales conservadores salieron en defensa de Trump y elaboraron la doctrina política para justificar su gobierno, con un llamado al “nacionalismo conservador”. Hay, así, tan sólo algunas voces disidentes dentro del ecosistema republicano”. Sin embargo, observa que en febrero siete senadores republicanos votaron para condenar a Trump por incitar a una insurrección y tratar de anular una elección libre y justa. Aunque así fuera, dice, “ por más crédito que merezcan por adoptar esa posición , esta fue casi enteramente simbólica”. Aunque bien pudiera parecer que Kagan exagera, su análisis es correcto en lo que corresponde a su alerta de una crisis constitucional, cuando señala “el desdén de Trump del imperio de la ley es claro. Su exoneración de las acusaciones levantadas en sus juicios de impeachment, aseguran, prácticamente, que ejercerá el poder de forma todavía más agresiva”. Lo que para él sigue siendo una cuestión abierta es si los políticos estadounidenses de cualquiera de los dos partidos tiene el coraje para hacer movimientos osados, si tienen la visión para percibir a donde se están yendo los acontecimientos y el coraje para hacer lo que fuese necesario para salvar el sistema democrático.
*MSIA Informa

