El detalle sobresaliente de esta cómoda en particular es su elaborado trabajo de marquetería. Es decir, el arte o técnica de chapar o embutir piezas de madera de diferentes tonalidades en un mueble fino, formando patrones decorativos y de gran belleza artística.
Son muebles chapados a la antigua, se solía decir en épocas de nuestras abuelas.
Esta cómoda cuando era nueva estaba bien barnizada, y sus piezas metálicas que servían para jalar los cajones eran muy relucientes y brillantes.
OBJETOS Y DE GRAN VALOR
Cuando esté elegante y distinguido mueble estaba recién llegado a este mundo, ocupaba el mejor sitio dentro de la casa en la habitación principal. Todos en esa familia acomodada admiraban la belleza de la cómoda y la cuidaban con esmero, su mantenimiento estaba a cargo de todos en esa familia.
La cómoda albergaba en sus tres amplios cajones toda clase de objetos finos y de gran valor. Como joyas, cubiertos de plata, charolas de varios tamaños, mantelería bordada, etcétera.
La familia fue creciendo y el uso de los espacios interiores también fue cambiando mucho. Y la cómoda fue cambiando de ubicación dentro de la gran residencia familiar. Pasó de una habitación a otra con el paso del tiempo, siempre el cambio de lugar para la cómoda era, en otras palabras, ser arrumbada por allá, lejos en lo oscuro.
La familia dejó de usar la cómoda Luis XV como un sitio adecuado para guardar las cosas de valor, y se convirtió en un mueble para almacenar tiliches. Y cero mantenimiento. Ya para qué…
Medio siglo después de la llegada de la cómoda a esa familia
Las dos patas delanteras se rompieron y el mueble quedó cojo. Casi era un mueble inservible, pero la familia le improvisó una prótesis a la cómoda, le pusieron como soporte unas enciclopedias a las patas rotas.
Finalmente, la cómoda fue a parar a una habitación desolada, fría y húmeda, en los cuartos de atrás, en los cuartos de la servidumbre.
La cómoda se convirtió en algo incómoda para todos, no sabían ya dónde ponerla y que no estorbara en la residencia familiar. Simplemente la arrumbaron por ahí…
Nadie guardaba nada dentro de la cómoda aquella, los cajones se atoraban con facilidad, se complicaba abrir y cerrarlos. Quedó vacía, inservible.
La familia estaba de algún modo consiente de la cómoda incómoda, y le buscaban ciertas soluciones. Cómo llevarla a un asilo de ancianos y dejarla ahí.
La cómoda incómoda
Tenía muchos desperfectos irreparables en su estructura, esa estructura que fue fuerte y elegante antes y que hoy es un mueble descascarado y maltrecho por tantos años de servicio. Y por eso nadie la quería en su habitación, entre más lejos era mejor…
La familia siempre decían frente a la cómoda incómoda: Todo por servir se acaba. El tiempo no pasa en balde.
Esta historia surge de escuchar a una familia conocida expresar sus quejas y sus dudas sobre qué hacer con la abuela vieja y enferma. ¿Dónde ponerla?
Esplendor y ocaso, día y noche, juventud y vejez, cutis liso y cutis arrugado.
La cómoda incómoda nunca perdió su altivez ni su dignidad. Peleó hasta el final de sus días por ocupar un sitio dentro de esa familia, que ella procreó con sacrificios y penurias.
Colofón
¿Existe en nuestra sociedad un lugar decoroso y digno para los viejos?, ¿Un lugar que no sea el cuarto de los cachivaches viejos? Son interrogantes escalofriantes…
*La Vaca Filósofa

