mayo 24, 2026

La alarma sísmica, un sonido aterrador, que da margen de un minuto para ponerse a salvo

La alarma sísmica, un sonido aterrador, que da margen de un minuto para ponerse a salvo

Los chilangos y la alerta sísmica, un sonido aterrador, que da margen de un minuto para advertir con anticipación a diversas ciudades cuando un sismo ya ocurrido, se estima fuerte y puede causar daños.

Bolivar Hernandez*

He vivido en tierras volcánicas, con altos grados de sismicidad. Como son México, Guatemala y Chile, en los cuales fui sacudido violentamente por efectos de los terremotos, en diversas ocasiones.
Puedo decir que tengo experiencia con los movimientos telúricos, desde muy niño, y ya viejo también he sentido la fuerza de la naturaleza bajo mis pies.
Cuando era un chico pequeño y vivía en Guatemala
Aún conservo un vago recuerdo de varios temblores y con la imagen de mis padres y hermanos saliendo despavoridos de la casa familiar, para terminar durmiendo al aire libre, y aquello no paraba de temblar.
En el pueblo de mi padre, Cuilapa, hay registros actuales del sismógrafo nacional que reporta miles de microsismos diarios. Tiembla mucho por estar próximo a una falla tectónica en la costa sur de Guatemala.
En la Ciudad de Guatemala, en 1976, un terremoto destruyó varias poblaciones indígenas, literalmente se las tragó la tierra. Yo estaba casualmente de visita ahí, y me tocó padecer los estragos y la tragedia de los más pobres del país.
La ayuda internacional llegó en forma inmediata para auxiliar a los damnificados, pero esa ayuda material fue robado por el gobierno en turno, y muy pocas cantidades del auxilio internacional fueron a dar a los poblados arrasados.
Guatemala ha sido destruida desde la época colonial, por ejemplo la Antigua Guatemala la capital de la capitanía general, se destruyó por completo, y hoy esas ruinas coloniales son el atractivo turístico para los viajeros de todo el mundo.
Y por eso se trasladó la capital colonial hacia el valle de La Asunción, donde está ahora la capital de la República, que también fue destruida por un terrible terremoto en el año de 1917.
Foto: Candelario Gomez Lopez/Pixabay
En la Ciudad de México, en 1957
Un terremoto derrumbó El Ángel de la Independencia y causó destrozos en la urbe pequeña de entonces.
Luego viví dos terremotos pavorosos en la Ciudad de México, ambos el 19 de septiembre de los años 1985 y2017.
Vi la destrucción de la Ciudad en el centro histórico. Y formé parte de las brigadas de voluntarios para el rescate de las victimas soterradas bajo los escombros.
El gobierno se paralizó entonces y no supo qué hacer ante la magnitud de la tragedia. Ahí surgió lo que hoy se conoce como La sociedad civil.
Las lecciones mexicanas de los terremotos fueron los cambios significativos en los reglamentos de construcción, que ahora son más estrictos. Y por supuesto, el invento de la alarma sísmica, estoy fue algo más reciente.
La alarma sísmica en la capital mexicana, produce un sonido aterrador y solo da margen de un minuto para ponerse a salvo. Pero sirve, sin duda.
He vivido por muchos años en una residencia estudiantil en el Centro Histórico de la Ciudad de México, en el último piso.
Muchas veces escuchábamos la alarma sísmica, y todos los huéspedes bajaban atropelladamente por las escaleras hasta llegar a la calle. Yo había tomado la decisión de no salir de mi habitación, bajo ninguna circunstancia, como un terremoto o incendio, por mi impedimento de caminar aprisa debido a una dolencia vieja.
No quería morir en el intento de huir hacia la calle, atropellado en las escaleras por mis jóvenes vecinos impetuosos y asustadizos.
He permanecido en mi habitación sintiendo el terremoto oscilatorio o trepidatorio, con absoluta serenidad. Y escuchando las voces histéricas de mis vecinos que clamaban por mi presencia abajo. ¡Falta don Boli!, gritaban al unísono.
Debo admitir que el sonido de la alarma sísmica me tiene traumado, al igual que a millones de capitalinos. A veces suena accidentalmente por las noches y todos nos apanicamos y gritamos asustados. Y otras veces no suena la alarma sísmica y está temblando con fuerza. Dicen que eso se debe a la cercanía del epicentro del temblor.

Foto: blende12

En Chile
Tenia mi despacho en el piso 12 de un edificio en el centro histórico de Santiago y también soporté varios temblores muy fuertes y no bajé a la calle.
También tenía en la capital chilena, un penthouse en el barrio de Providencia, en un sexto piso, y sentía oscilar el edificio por completo a cada temblor fuerte.
Admiro la fuerza de la naturaleza, en Guatemala aparte de los sismos frecuentes, cada año un par de huracanes arrasan nuestra patria dejando atrás grandes calamidades. Miles de damnificados y destrozos en la infraestructura básica de carreteras y puentes, es el saldo obvio.
Cuando era un niño observaba la naturaleza con detenimiento. Y por eso voy a compartir algunas pequeñas experiencias de mi observación infantil, relacionadas con los sismos y terremotos.
Con unos minutos de anticipación de un terremoto, el ladrido o aullido de los perros se dejaban escuchar y esa era la señal para mi de lo que luego vendría. Los perros, los chuchos en Guate, fueron mi alarma sísmica infalible.
También las hormigas tenían un comportamiento extraño antes de un temblor fuerte, se agitaban de manera anómala. Los pájaros, las aves, volaban agitadas por los aires, dando círculos raros.
A veces observaba los cielos con tonos rojizos previos a un terremoto. Me precio de poseer un sentido agudo de la observación y esto me permite entender mejor la naturaleza física y la humana también. ¡Soy un aprendiz de brujo!, y me falta mucho camino por recorrer…
La anécdota de los chilangos
Las autoridades nos convocaron a los habitantes de la Ciudad de México para participar en un simulacro de terremoto, un 19 de septiembre del año 2017, por la mañana. Y asistimos todos, muy relajados. Yo estaba en un restaurante del Centro Histórico, en los Bisquets de Obregón, de la calle Madero, con mi amiga del alma, Patricia, la argentina. Desalojamos el sitio en más de cinco minutos cuando lo ideal era hacerlo en dos minutos, máximo.
Estuvimos en la calle charlando animadamente, y risa y risa con todos los comensales.
Nos despedimos y cada quien se fue a hacer sus menesteres cotidianos, una vez concluido el famoso e histórico simulacro.
Yo me fui a mi café favorito, el Regina, y me puse a trabajar ahí con un paciente, cuando al mediodía un fuerte terremoto nos sacudió con violencia a todos. Este sí era real, no el simulacro de la mañana muy temprano.
¡Hasta pronto desobedientes e incrédulos!
*La vaca filósofa.
Fotos: Dale86/Candelario Gomez Lopez/blende12

About The Author

Soy binacional México-guatemalteco, 77 años. Antropólogo, psicoanalista, periodista, ecólogo, ciclista, poeta y fotógrafo.

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