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La Rolls-Royce fue vendida a la BMW alemana. La Jaguar junto con la Land Rover fueron adquiridas por la Ford y revendidas por esta a la Tata Motors de India. La otrora poderosa Imperial Chemical Industries (ICI) fue vendida a un consorcio germano-holandés.
La tradicional tienda de departamentos Harrods fue vendida a una empresa de Qatar. La red de hoteles Dorchester, a una de Brunei. La mayoría de los principales aeropuertos es operada por una empresa española, mientras los icónicos camiones de dos pisos londinenses, son ahora alemanes.
Para completar el cuadro, empresas extranjeras controlan actualmente cerca del 40% de las patentes registradas en el país, de lejos la mayor proporción entre las economías desarrolladas.
Evidentemente, tal erosión de la capacidad productiva
Tiene reflejos directos en el poderío militar británico, una pálida sombra de lo que fue, incluso durante la Guerra Fría, hoy reducido a la condición de fuerza auxiliar de las aventuras militares de los EUA, y dependiente en gran medida de los equipos “made in USA”.
Para colmo de la sumisión, Londres depende de una autorización de Washington hasta para disparar sus misiles nucleares, caso único entre las potencias nucleares.
Con todo esto, no deja de ser más un episodio de ironía el hecho de Liz Truss haber sido relevada por el ex-canciller del Tesoro (Secretario de hacienda) Rishi Sunak, un millonario hijo de un inmigrante keniano y una inglesa de origen hindú, casado con una millonaria hindú.
Sunak tomó posesión del cargo, jurando sobre el libro sagrado de los hinduistas, el Bhagavad-Gita, en lugar de la Biblia del rey Jaime, como sus antecesores.
Ahora solamente queda esperar si él conseguirá reducir la velocidad del deterioro de la otrora orgullosa sede del Imperio Británico o, por lo menos, aliviar un poco el peso impuesto a sus compatriotas por el alza en los precios de la energía y de los alimentos.
Según una investigación de la Autarquía de Conducta Financiera (FCA), 39.1 millones de personas, cerca del 60% de la población adulta del Reino Unido, consideran una “pesada carga” o “un poco cargada”, la simple tarea de pagar sus cuentas mensuales. Son 6 millones de personas más con respecto a una investigación realizada en 2020.
En síntesis, RIP “Global Britain”.
