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La catástrofe no es ambiental, sino financiera

Foto: Pixabay

Lorenzo Carrasco*

Al mismo tiempo en que altos representantes del poder mundial se empeñan en convencer al planeta de un inminente apocalipsis ambiental, ofreciendo una dizque solución milagrosa para evitarlo, como las medidas de “secuestro” e impuestos sobre las emisiones de carbono (en realidad, venta de activos financieros basados en el derecho a contaminar o créditos de carbono), el sistema financiero euroatlántico ha comenzado a sonar la alarma que anuncia que sus recetas monetaristas no están operando.

Este fue el tenor de la última reunión de los jefes de los principales bancos centrales en Jackson Hole, Estados Unidos, a finales de agosto. La presidente del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, resumió el sentimiento del Olimpo financiero:

No existe un manual preexistente para la situación a la que nos enfrentamos. Así que nuestra tarea es redactar uno nuevo.

El problema básico es que el orden mundial está sustentado en las arbitrarias reglas de un poder hegemónico, que hoy por hoy se tambalea.  Y el mundo, que ha sido testigo de tres décadas de bombardeos y destrucción de naciones en obediencia a las reglas del Nuevo Orden Mundial, ha perdido el miedo a esta configuración hegemónica.     

Estrictamente hablando, las autoridades monetarias transatlánticas no saben qué hacer

Para lograr aterrizar a un barco colosal que ha sido elevado a las alturas por la llamada “facilitación cuantitativa”, -la emisión incontrolada de crédito, bajo tasas de interés negativas; y, ahora se enfrentan a una economía dopada con esta “sobredosis” especulativa. El echar mano de la vieja receta de subir las tasas de interés para tratar de contener una inflación creciente e impredecible, puede precipitar una ola de quiebras, a ejemplo de lo ocurrido en el Silicon Valley Bank; lo cual desencadenará despidos masivos de la fuerza laboral, y sus evidentes y peligrosos impactos sociales. La tarea equivale a un aterrizaje forzado de un avión con fallas estructurales en medio de una tormenta implacable.

Hay varios factores que han provocado la actual tendencia inflacionaria global:

Desde la frenada económica de China, generada por una grave crisis de vivienda, hasta el proceso de desglobalización manifestado claramente durante la pandemia de Covid-19. Entonces, quedaron evidenciados   los problemas de las cadenas de suministro globales impidiendo una respuesta efectiva durante la fase más aguda de la crisis. Todo esto ha llevado a un aumento de los costos dentro de las principales economías.

Luego, están los graves problemas planteados por las sanciones occidentales contra Rusia

Sanciones diseñadas para infligir graves daños a la economía con la expectativa de que tendrían un efecto inmediato, y suficientemente fuerte para conseguir que Rusia cediera a las presiones, y mansamente aceptara el rebajamiento de su condición de potencia mundial. Se esperaba tener “una gasolinera con gas y una bomba nuclear”, según las palabras vengativas del Canciller de la Unión Europea (UE) Joseph Borrell, que inmediatamente restauraría los suministros de petróleo, gas y alimentos a sus socios occidentales a precios más bajos.

Sin embargo, se produjo un efecto boomerang. Las sanciones han socavado la credibilidad misma del sistema financiero y bancario occidental al congelar los fondos públicos y privados rusos. Muchos países han comenzado a planificar salir del sistema, buscando negociar acuerdos comerciales en sus propias monedas. Este no fue solo el caso de China con Rusia, sino también de India y, más recientemente, Arabia Saudita, por nombrar solo los más importantes.

El perfil de las reservas ha cambiado, con énfasis en la compra de oro

En lo que era solo una tendencia incipiente, el dólar ha comenzado, aunque lentamente, a dejar de ser una moneda de reserva confiable y el petrodólar tiene sus días contados. Se espera que esta tendencia, observada en la reciente reunión de BRICS en Sudáfrica, se amplie en el futuro inmediato. Y aún más grave, todo este movimiento geopolítico ha afectado la credibilidad de los “bonos del Tesoro”, que dejan de ser un refugio seguro.

Por otro lado, Europa occidental se ha convertido en el gran perdedor de la guerra en Ucrania, experimentando, entre otros efectos, un aumento drástico de los precios de la energía y los alimentos, lo que ha dejado una recesión y sus consabidas consecuencias económicas y sociales en todas las naciones. Alemania, el motor industrial de Europa, irónicamente, perdió para Rusia su posición de la quinta economía mundial en paridad de poder adquisitivo.

La reunión de Jackson Hole fue una demostración de que el conflicto en Ucrania se ha convertido en un golpe hipersónico a la credibilidad de las instituciones monetarias. El Olimpo debería pensar realistamente en su fondo de pensiones.

*MSIA Informa

Fotos: Pixabay/WikiImages
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