El 12 de mayo, el presidente Vladimir Putin, comandante supremo de las Fuerzas Armadas de la Federación Rusa, recibió un informe del comandante de las Fuerzas Estratégicas, Sergei Karakayev, sobre el exitoso ensayo del misil intercontinental Sarmat.
Elisabeth Hellenbroich, de Wiesbaden (Alemania)
Según el informe: “…Los resultados satisfactorios del lanzamiento permitirán que el primer regimiento de misiles equipado con el sistema Sarmat entre en servicio de combate… a finales de año. La implementación de los sistemas de lanzamiento Sarmat aumentará significativamente las capacidades de combate del programa nuclear estratégico de las fuerzas terrestres rusas, mejorando su capacidad para alcanzar objetivos y cumplir con los objetivos de disuasión estratégica”.
Putin felicitó al comandante y comentó que, desde que Estados Unidos “se retiró del Tratado sobre Misiles Antibalísticos en 2002, nos hemos visto obligados —y quiero enfatizar esto— a reevaluar cómo garantizar nuestra seguridad estratégica en las nuevas condiciones y mantener el equilibrio y la paridad estratégicos. Es precisamente por eso —permítanme enfatizarlo una vez más— que Rusia comenzó a desarrollar sistemas avanzados que no tienen equivalentes en el mundo y están diseñados para penetrar los sistemas de defensa antimisiles actuales y futuros”.
A continuación, enumeró los avances rusos de los últimos 20 años, destacando que el trabajo en el sistema de misiles intercontinentales Avangard comenzó en 2004 y está en servicio de combate desde 2019. Posteriormente, introdujimos el misil hipersónico de medio alcance Kinzhal, lanzado desde el aire, que está en servicio de combate desde 2017. Ya se está empleando en operaciones militares especiales, mientras continúan los esfuerzos para mejorarlo aún más, incluyendo el aumento de la precisión de sus ojivas convencionales. En cuanto al sistema de misiles de medio alcance Oreshnik, que también es capaz de transportar ojivas nucleares, está en servicio operativo desde 2025.
También está a punto de concluir el desarrollo de dos sistemas con unidades nucleares en miniatura para la propulsión: El exclusivo vehículo submarino no tripulado Poseidón y el exclusivo misil de crucero de alcance global Burevestnik”.
Putin describió el Sarmat como el sistema de misiles más potente del mundo, comparable en potencia al sistema Voyevoda que estuvo en servicio durante la era soviética.
El poder de destrucción combinado de la carga útil es más de cuatro veces mayor que el de cualquier equivalente occidental existente. En segundo lugar, y lo más importante, el misil es capaz de viajar no solo en trayectoria balística, sino también en trayectoria suborbital. En tercer lugar, amplía su alcance operativo a más de 35 mil kilómetros, al tiempo que duplica la precisión.
Por último, hace que el misil sea capaz de penetrar cualquier sistema de defensa antimisiles que esté actualmente en servicio o en desarrollo. El Sarmat entrará en servicio de combate a finales de este año.
Peligro de un enfrentamiento nuclear: Alerta de John Mearsheimer
En un debate celebrado en el canal del teniente coronel Daniel Davis, a mediados de mayo, el politólogo John Mearsheimer (conocido como “realista” en el pensamiento estratégico actual de EE. UU.) destacó la enorme importancia de la entrevista concedida días antes por el profesor Sergei Karaganov al podcast Greater Eurasia, moderado por el profesor Glenn Diesen, un reconocido experto en asuntos rusos.
Según Mearsheimer, el giro en la guerra de Ucrania, marcado por la invasión ucraniana de Kursk, en territorio ruso, instigada por los británicos y otros aliados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en agosto de 2024, junto con el ataque ucraniano, igualmente respaldado por los británicos, contra el sistema de alerta nuclear temprana en Siberia (junio de 2025).
Y, no menos importante, las oleadas masivas de ataques con drones desde Ucrania contra Moscú durante el mes de mayo —de nuevo, apoyados por el Reino Unido, Alemania y Francia—, señalan el inicio de una nueva escalada de la guerra contra Rusia, que podría derivar en una fase de intercambio nuclear.
Mearsheimer señaló, acertadamente, que, incluso durante la Guerra fría, con una doctrina de disuasión nuclear vigente entre EE. UU. y la URSS, tales provocaciones flagrantes por parte de una Ucrania desesperada y respaldada por Occidente habrían sido totalmente “impensables”. Y esto confirma aún más la validez del análisis de Karaganov, quien aboga por una actualización de la doctrina de disuasión nuclear rusa.
Cabe añadir que, antes de la reunión de los ministros de Relaciones Exteriores de la OTAN celebrada en Helsingborg, Suecia, el 21 de mayo, los líderes militares de la Alianza se reunieron en Bruselas para preparar la cumbre de la organización en Ankara, el 7 de julio.
En la rueda de prensa posterior a la reunión, el 19 de mayo, quedó de manifiesto la ceguera de los comandantes de la OTAN, en especial de los europeos. La narrativa que, desde el desfile militar del Día de la Victoria (9 de mayo) en Moscú, se ha estado repitiendo a diario en la prensa europea, especialmente en la alemana, es que los recientes y masivos ataques con drones ucranianos contra Moscú y otras ciudades rusas estarían demostrando que Ucrania está tomando ventaja en la guerra contra Rusia e incluso podría ganarla.
Los líderes militares de la OTAN insistieron en la necesidad de una cooperación más estrecha con Kiev y de “¡aprender!” de los ucranianos, dada la increíble “superioridad” demostrada en el campo de batalla con el uso de drones guiados por inteligencia artificial y equipados con misiles, capaces de eliminar objetivos —infraestructura, civiles, etc.— en pocos minutos. Elogiaron la guerra de drones basada en IA como un arma singular que está revolucionando las nociones de tiempo y espacio.
Karaganov, lanza una provocación: ¿Cómo ganará Rusia la nueva guerra mundial?
El 10 de mayo, el influyente experto en política exterior y exasesor de líderes soviéticos y rusos, el profesor Sergei Karaganov, analizó la posición de Rusia en una “nueva guerra mundial”. Planteó una propuesta bastante “provocadora” y controvertida para que Rusia restablezca la disuasión mediante la escalada de su doctrina nuclear, incluyendo la posibilidad de ataques “correctivos contra las élites europeas”. Su análisis se desarrolló con mayor profundidad en un artículo posterior en la revista “Russia in Global Affairs”, titulado “Una nueva guerra mundial: el camino hacia la victoria”.
Tanto la entrevista como el artículo ofrecen una visión poco común del pensamiento geopolítico de línea dura que actualmente conforma la política exterior rusa y su respuesta a la presencia de la OTAN en la región.
Cuando Glenn Diesen le preguntó cómo evalúa el Kremlin ciertos acontecimientos ocurridos durante la guerra en Ucrania —que eran “impensables durante la Guerra Fría”—, por ejemplo, incursión en Kursk, respaldada por los países de la OTAN, y el gran ataque ucraniano contra la tríada nuclear rusa, con la ayuda de los servicios de inteligencia occidentales, Karaganov respondió: “He criticado a mis colegas del gobierno por tolerar la agresión occidental durante demasiado tiempo, con la esperanza de que pudiéramos encontrar una solución”.
Destacó que se “está regresando a lo que he propuesto desde 2023-2024, y esta vez espero que mi sugerencia se materialice, aunque no del todo.
Tenemos que intensificar el conflicto y, esta vez, castigar a nuestros enemigos europeos por llevar a cabo una guerra total contra Rusia… El problema no está exactamente en los campos de batalla de Ucrania. El problema es que, en general, el cambio sistémico del sistema mundial está provocando algo parecido a una Segunda guerra mundial.
De hecho, todo comenzó en Ucrania, cuando los estadounidenses desencadenaron la guerra para debilitar a Rusia y, entonces, los europeos, codiciosos, se lanzaron al abismo. Pero ahora también en el Medio Oriente, el Sudeste Asiático y el Sur de Asia, vemos que esta es una Tercera guerra mundial.
Diesen le pidió a Karaganov que expusiera los argumentos citados en el artículo, cómo ve la posición de Rusia en esta nueva guerra mundial y cómo Rusia puede ganarla. Karaganov respondió: “El problema es que tenemos que ganar, y tenemos que ganar por dos razones. Una de ellas es para poner fin a la sangrienta guerra en Ucrania, que no lleva a ninguna parte, salvo a un número cada vez mayor de víctimas de nuestro lado, y diez veces más, cinco veces más, tres veces más del lado ucraniano.
Y es interminable, pero tarde o temprano terminará”. También advirtió sobre una “escalada horizontal” del conflicto que comenzó hace unos meses con la desestabilización del sur de Eurasia y de Oriente Medio:
No se trata de las armas nucleares iraníes. Se trata de la desestabilización de una vasta zona, que comienza en el Magreb y se extiende hasta el sudeste asiático. Y ya han comenzado a hacerlo. Y tenemos que pensar en cómo impedirlo.
El dilema de la disuasión nuclear
Según Karaganov, “el consejo que le doy a mi gobierno en este momento es que debemos detener esta guerra, al menos en Europa, intensificando la escalada. Primero, atacando con armas convencionales ciertos puntos simbólicos o logísticos en suelo europeo. No necesitamos ni un centímetro de Europa, como pueden imaginarse. Y luego, si no ceden, debemos continuar con ataques nucleares, relativamente masivos, ofreciendo, por supuesto, algún tipo de ultimátum”.
Según Karbaganov, las élites europeas “han perdido la cabeza, así como el sentido de la historia. Por eso propuse, hace tres años, que nuestra doctrina militar nuclear se centrara no solo en disuadir los ataques contra la propia Rusia, sino también en castigar a las élites europeas, incluso con municiones especiales que destruyeran sus búnkeres… Las élites europeas, que son insensatas e irresponsables, deben sufrir primero, no los pueblos europeos”. Afirmó que, aunque su opinión era minoritaria hace tres años, ahora “soy la voz de la abrumadora mayoría, tanto en las fuerzas armadas como en los círculos políticos y en la sociedad”.
En opinión de Karaganov, Europa y los EE. UU. bajo el mando de Donald Trump, “con todos sus altibajos, parecen ser una buena persona, y conducen al país, tal como se le indicó, exactamente hacia una “revancha” histórica. No lo permitiremos”. Asimismo, enfatizó que las relaciones bilaterales con Rusia en realidad no iban a ninguna parte, y que el llamado “espíritu” de Alaska era una broma”.
Karaganov no ocultó sus críticas al gobierno ruso, que no actuó adecuadamente durante la invasión de Kursk: “Esta es mi crítica a mi propio gobierno y a mi propia clase política… Los acuerdos de Minsk fueron un error y Alaska no significó nada… No confío en el espíritu de Alaska, aunque espero que, con el tiempo, estadounidenses y rusos lleguen a un acuerdo sobre algunas reglas de conducta mutua, pero los europeos no participarán en ese Juego”.
Durante la conversación, Diesen transmitió una pregunta que el profesor Mearsheimer quería hacerle a Karaganov, concretamente sobre el ataque al sistema de radar de alerta temprana de Rusia, utilizado para detectar un ataque nuclear. Diesen añadió que una fuente del FSB le había informado de que dicho ataque, había contado con la ayuda del MI-6 británico.
La necesidad de cambiar la doctrina nuclear
La respuesta de Karaganov fue contundente: Están sobrepasando los límites. El Gobierno ruso ha esperado para evitar un enfrentamiento total y creo que cometimos un error. Debemos empezar a castigar a nuestros enemigos a gran escala, preferiblemente sin desencadenar una guerra nuclear total…
Estos crímenes que han cometido, sin precedentes ni siquiera en los peores días de la Guerra fría, deben ser castigados. Y hay muchas maneras de hacerlo, y las estamos planeando. Primero, por supuesto, atacando objetivos importantes en el territorio de la propia Europa… Por lo tanto, mi consejo a mis compatriotas, y lo apoyo totalmente, es intensificar, primero atacando con armas convencionales objetivos simbólicos y también importantes, como centros logísticos o bases militares. Y luego, si no se detienen, debemos pasar a lo nuclear, con una serie de ataques limitados.
En esencia, pide un “cambio en nuestras políticas en muchos aspectos. Una de ellas, que aún no he mencionado, es, obviamente, el cambio en nuestra doctrina sobre el uso de armas nucleares. Y para ello, debemos establecer el principio de que, si somos atacados por un grupo de países que nos superan en potencial económico, tecnológico y demográfico, no solo tenemos el derecho, sino también la obligación de utilizar armas nucleares”.
Continuando, afirmó: “La segunda propuesta que presenté es que el comandante en jefe delegue parte de su poder al comandante en jefe del teatro europeo, un general que contaría con el apoyo de oficiales y generales con experiencia en el campo de batalla y que sería responsable de la posibilidad —o mejor dicho, de la necesidad— de utilizar todos los medios, incluidas las armas nucleares, contra ciertos países europeos que han desencadenado y siguen desencadenando una guerra agresiva contra Rusia. Hizo hincapié, en particular, en que, ahora, “los alemanes, los británicos, por supuesto, están jugando su juego de siempre, que es incitar a la guerra en Europa para debilitar a sus vecinos continentales. Esta ha sido su costumbre durante varios siglos”.
Aunque, según Karaganov, sin duda hay que darle una oportunidad a la diplomacia, concluyó con una visión bastante pesimista, haciendo hincapié en que esperemos que, en algún momento, podamos construir un mundo multipolar, de respeto mutuo y mucho más.
