No, permanecer y transcurrir
no siempre quiere sugerir
honrar la vida
(Eladia Blázquez)
María Inés Iacometti*
Cuando empecé a multiplicarme, a darme más allá de mis hijos, a intervenir en pequeños instantes de la vida de otras personas que por una u otra circunstancia se mezclaron en el entramado de la mía, comencé a razonar y a dimensionar mínimamente, que tal vez mi presencia, mi paso por este mundo, no era tan insignificante como yo creía o como mi cómoda postura de permanencia en este plano vital, me lo pretendía hacer creer (aunque es innegable que somos menos que minúsculos a la exorbitancia del espacio-universo).
Sin embargo, lo no hecho, también cuenta. Y en este, mi empecinamiento por Honrar la vida —tal como declara nuestra admirada compositora argentina Eladia Blázquez en una de sus magníficas canciones— lo no hecho no solo cuenta, sino que se me tornó, una carga.
Entiéndase que no me siento una innovadora ni una descubridora o nada por el estilo; al contrario, admiro a los seres que lo son porque convengamos en que ser creativos, a esta altura de los acontecimientos, es una faena difícil de afrontar.
Retomando la idea que me ocupa, yo hablo de mi quietud
Hablo de lo pesada que se me estaba haciendo la vida sin hacer más que lo que por costumbre (o imposición), por estructura y/o por mi condición de mujer, de madre, de hija, de hermana mayor, de…, de…, de…, ejercí durante alrededor de cuarenta y cinco años, prolija y denodadamente.
Pero si yo nunca fui una mujer quieta (me decía en esos ensayos de viajes hacia mi interior). Si siempre estaba y estoy haciendo algo… ¿Qué parte de mi consciencia se dispuso a reclamarme en forma insistente como queriendo sacudirme el letargo?
Y sí, las herencias de fe, por supuesto, influyeron ¡cómo no! Así, jugaban en mis cavilaciones, la omisión y la desidia. (De igual modo, puedo asegurarles que mi acción, no se origina en culpas).
Volviendo a todas las actividades cumplidas y desempeñadas de la mejor manera de la que fui capaz ¿por qué seguía con esa extraña sensación de que faltaba más por hacer?
Y fue entonces que, repasando las habilidades ejercitadas hasta ese momento en forma autodidacta e instintiva, por fin, escuché mis propias voces.
Casi al mismo tiempo, llegaron sueños ajenos que vinieron a hacerse uno con los míos.
Por lo tanto, en mi recorrido hacia mí, encontré a otros
Y entre esos otros, apareció el inquieto soñador y poeta colombiano Adalin Aldana Misath. Un hombre que en una tierra lejana a la mía, también había oído sus voces interiores incitándolo a generar un espacio que sirva a otros poetas, y los reúna, y los encuentre.
Hubo reuniones virtuales y proyectos que se fueron trazando. Las quimeras se amalgamaron y el 21 de junio de 2020, surgió Arte Poética Latinoamericana.
Desde aquel día en el que solo éramos dos poetas intentando dar forma a alguna idea de servicio, de comunidad, de aprendizaje y crecimiento, pasamos a ser, en la actualidad, más de cuarenta poetas provenientes de dieciocho países de nuestra querida América, que avanzamos y practicamos el amor a la palabra hecha poesía, en paz y con libertad.
Llegados a este punto, te estarás preguntando ¿Cuál será el objetivo de mi nota?
El objetivo es invitarte a que “honres tu vida”. Sí, a vos que estás leyendo y que me acompañaste hasta este momento.
Quiero animarte a escuchar esos dulces impulsos del alma que te indican que hay algo más para hacer. Por ínfimo, invisible, inverosímil que parezca… ¡Hay que animarse!
Otros lo hicieron, lo hacen y seguirán haciendo. Pero a vos me dirijo, que no crees que tu sueño sea oportuno, ni conveniente, ni prioritario.
¡El tiempo es hoy!
Siempre hay más propósitos, más sueños, más ideas y si somos muchos trabajando con objetivos similares ¡mejor!
Tu certidumbre es que nadie lo va a hacer a tu modo ni con tus latidos. Esa es la novedad. Además, hay personas que están esperando y se inspirarán en tu acción para continuar animándose.
Yo hoy quise compartir este sueño hecho realidad para mostrarte que es posible.
GRACIAS Arte Poética Latinoamericana. ¡VAMOS POR MÁS!

